Roland Doe, nombre ficticio usado para proteger su identidad, nació aproximadamente en 1935 o 1936 en Maryland, Estados Unidos. Su infancia parecía tranquila y normal; creció en una familia luterana, con valores religiosos y costumbres típicas de la época. Era un niño inteligente y reservado, que disfrutaba de actividades cotidianas y tenía relaciones familiares relativamente estables.
Todo cambió tras la muerte de su tía cercana, quien practicaba espiritismo. Su relación con ella había sido estrecha, y su fallecimiento coincidió con el inicio de fenómenos extraños en la vida del niño. Su familia comenzó a notar comportamientos inusuales que jamás habían visto antes: ruidos inexplicables en la casa, muebles que se movían solos y la aparición de marcas misteriosas en las paredes y en su cuerpo.
Roland también empezó a mostrar cambios en su personalidad. Pasó de ser un niño callado y reservado a uno que experimentaba arrebatos de violencia o miedo extremo. Se aislaba en su habitación durante largas horas y, a veces, parecía reaccionar a estímulos invisibles, gritando o hablando solo. Su comportamiento generó preocupación tanto en su familia como en sus vecinos, y fue el inicio de un misterio que desafiaría la comprensión de la época.
Aunque era un niño normal en muchos aspectos, el entorno religioso en el que creció y las creencias familiares jugaron un papel importante en la interpretación de sus síntomas. En un contexto donde los fenómenos sobrenaturales eran tomados con seriedad, los eventos que rodeaban a Roland comenzaron a ser percibidos como señales de posesión demoníaca, preparando el terreno para la intervención de sacerdotes y exorcismos posteriores.