Lyra no atacó.
Sus manos temblaban, pero no levantó el poder. Había algo en la voz del hombre… no era amenaza. Era… cansancio.
—Hablá —dijo ella—. Ahora.
El hombre la observó en silencio durante unos segundos. Como si evaluara cuánto podía decir sin romper algo más grande.
—Ya destruiste esto una vez.
El mundo pareció inclinarse.
—No —susurró Lyra.
—Sí.
Él dio un paso adelante.
—Y cada vez que intentás arreglarlo… lo empeorás.
Lyra sintió que el fragmento en su mano latía con más fuerza.
—Mentís.
—Ojalá.
Una pausa.
—No recordás… porque tu magia consume tu pasado.
Silencio.
—Y cuanto más poderosa te volvés… menos queda de vos.