Dios ha creado al hombre sabiendo que el hombre iba a desviarse del bien, así que Dios sigue siendo el responsable último del mal. Ha de existir una buena razón por la que Dios permita que suceda esto y aun así se lo pueda considerar benévolo.
No siempre hay una explicación para entender el origen del mal. A veces el origen radica en una enfermedad, en la frustración, o en causas externas como el sufrimiento, la falta de un modelo válido o la imitación de un modelo tóxico. Las motivaciones para provocar dolor son variadas.