No sé exactamente dónde o por qué comenzó mi encanto por el idioma español, pero desde que era una niña, siempre he querido aprender español. Me imagino que era, en parte, porque soy mitad mexicana y mi madre habla español casi perfectamente. Nunca he tenido la oportunidad de visitar México, pero cuando mi mamá era niña, ella y su familia vivían en Guadalajara. Ella siempre habla con cariño de su tiempo allí. Siempre me dijo que saber español era una herramienta inestimable y que quería que yo lo aprendiera. Además, crecí en Los Angeles, California donde mucha gente habla español. Era evidente para mí que la oportunidad de conectar con gente nueva y diferente era mucho mayor para las personas que hablaban español.
Cuando finalmente se ofreció la clase de español en el octavo grado, aproveché la oportunidad. Del octavo grado a mi último año en la escuela secundaria, el español era mi clase favorita. Hay algo en una clase de español que une a la gente. En la escuela secundaria, y ahora también en la universidad, el ambiente en una clase de español siempre es distinto al de otras clases. Siempre he sentido que en las clases de español los estudiantes comparten un sentido único de camaradería y compañerismo. Casi siempre, una clase de español es interactiva y divertida. He tenido la misma experiencia con las clases de español aquí en Amherst College. Mis raíces hispanas despertaron mi interés por el idioma, pero el amor que encontré en las clases de español es lo que me mantuvo en marcha. Me gradué de la escuela secundaria después de haber tomado español 5 o “Advanced Placement Spanish (AP)”. Estaba orgullosa del progreso que había hecho y sentí que había construido una fundación sólida del idioma.
Cuando vine a Amherst College, tenía ganas de continuar mi educación en español. Tomé la prueba de colocación y me pusieron en español 2. Durante mi primer semestre de español en la universidad, conocí a la profesora Carmen Granda y a muchos otros estudiantes con los que sigo teniendo clases de español hoy en día. La clase de español 2 con la profesora Carmen fomentó el mismo entorno inclusivo e interactivo que había apreciado en mis cursos de español en el pasado. La clase de español 2 reiteró que aprender un nuevo idioma, aunque sea difícil, podía ser divertido y valer la pena. Después de tomar español 2, continué con español 3 el siguiente semestre, y español 4 un semestre después. Estos cursos tuvieron mucho en común. Eran clases bien enseñadas y directas que me enseñaban los fundamentos de la lengua española. Además, me enseñaron la importancia de cometer errores. El ambiente positivo fomentado en estas clases me permitió sentirme cómoda hablando y escribiendo español incluso cuando sabía que no lo estaba haciendo perfectamente. Creo que esta fue una lección importantísima.
Durante mi cuarto semestre de español en Amherst, pasé de los cursos introductorios y tomé “Spanish Writing Workshop”. Este curso generó mi primer reto real en el departamento de Español. "Spanish Writing Workshop" fue diferente a los otros cursos porque fue mucho más serio e intenso. En esta clase, no solamente estábamos escribiendo en español, sino que estábamos escribiendo en español sobre temas reales e importantes. Lo que estaba en juego era mucho más alto. No obstante, el trabajo que produje en esa clase fue, por lejos, el mejor trabajo en español que había escrito hasta ese momento de mi carrera. Todavía, cuando miro hacia atrás en las obras que escribí en "Spanish Writing Workshop", estoy orgullosa de lo que produje. Incluido en mi portafolio, se puede leer un ensayo argumentativo que escribí sobre el aborto. En ese momento, este ensayo era el ensayo más largo que había escrito en español.
En el otoño de mi penúltimo año en Amherst, tomé “Introduction to Hispanic Literature”. De la misma manera que “Spanish Writing Workshop” me desafío a escribir a un nivel más alto, en esta clase tuve que leer y comprender obras más complejas que nunca antes. La verdad es que me gustó mucho el reto. Para mí, fue una oportunidad nueva para explorar textos de la literatura española que no había visto antes. Leímos una amplia gama de literatura, incluyendo poemas cortos y libros completos.
En la primavera de mi penúltimo año en Amherst, estudié en el extranjero en Madrid en un programa de Hamilton College. Este semestre en Madrid fue la mejor experiencia que podría haber pedido. Me enamoré de la ciudad de Madrid. Fue increíble. Nunca había vivido en una cuidad grande. Me enamoré de la gente, los parques, los museos, y más. Nunca me aburrí—a pesar de que, había algo muy relajado y tranquilo en la cuidad. Por supuesto, sólo estuve allí unos meses, así que estoy segura de que todavía mi percepción es limitada, pero igual, la ciudad es perfecta. Además, los profesores en mi programa eran excepcionales y me encantaron todos mis cursos. Mis habilidades españoles mejoraron en el aula y también en las calles. Cada día, me sentía más cómoda hablando con hablantes nativos. Por encima de todo, sentí que mi acento y mi capacidad para entender los acentos de los hablantes nativos mejoraron mucho durante mi tiempo en Madrid. Mi experiencia en Madrid fue el complemento perfecto a lo que había aprendido en Amherst. En Madrid, tuve la oportunidad de poner en práctica todo de lo que había aprendido en las clases de español en Amherst.
Regreso a Amherst este semestre con más energía y motivación para aprender que nunca antes. Mi tiempo en Madrid me dio confianza en mi capacidad de comunicar, pero también me mostró que todavía tenía mucho que aprender. Este semestre, tengo ganas de seguir trabajando en mejorar mi español y seguir desarrollando y explorando mi relación con la lengua española. La verdad es que en el camino, mi experiencia aprendiendo español me ha enseñado mucho sobre mí misma. Ha habido muchos momentos en los que he querido rendirme, muchas veces me he convencido de que llegar a ser completamente bilingüe era imposible. No obstante, he perserverado. ¿Por qué? Me he negado a renunciar al español porque al mismo tiempo que puede traer tanta frustración, puede traer tanta luz también. Aprender español me ha enseñado a apreciar y admirar a otros que hablan un segundo o tercer (¡o cuarto!) idioma. La primera semana de mi programa en Madrid, un programa en el que sólo podíamos hablar español, era la más sola que me he sentido en mi vida. Era tan difícil hacer nuevos amigos en un idioma que no hablaba ni entendía completamente. Me sentí tan aislada y desconectada. Esta experiencia me hizo consciente de lo difícil que debe ser para las personas que vienen a los Estados Unidos y se ven obligadas a reconciliar el hecho de que los estadounidenses no hablan otro idioma que el propio suyo. De maneras como estas, el español sigue desafiándome y sacándome de mi elemento. La lengua española sigue haciéndome repensar lo que creo que ya sé y sigue haciéndome ver las cosas en una luz nueva. Por ello, estoy muy agradecida, y considero que mi educación española es invaluable.