Roxana plantea un discurso estético en el que la textura se erige como la piel misma de la obra, pero en esta serie, esa piel se vuelve frágil, casi etérea, como si estuviera hecha de suspiros y memorias. En “Arkanas de Papel”, la elección del papel como soporte no es inocente: su tamaño pequeño, su ligereza y su vulnerabilidad material acentúan el carácter íntimo y meditativo de cada pieza.
La artista, fiel a su labor investigativa, continúa con su metodología, pero aquí se suma un componente que roza lo ritual: la repetición. Figuras que se repiten con ligeras variaciones, contornos que no se cierran del todo, y huellas que se desvanecen en el devenir de cada impresión.
Construyen un lenguaje visual donde lo impreciso (los contornos difusos) no resta significado, sino que lo multiplica.
En esta serie, el grabado se convierte en vehículo para lo sutil. Cada impresión parece un eco del anterior, un susurro visual que conecta con lo efímero, lo vulnerable, lo
Cada marca sobre el papel, encierra la potencia de un renacimiento. “Arkanas de Papel” no grita: susurra, acaricia, acompaña.