Artista plástica uruguaya, con sólida formación académica e investigativa. Docente graduada de IPA, en Educación Visual y Plástica – Dibujo, Arte y Comunicación Visual. Con más de 30 años de trayectoria, completa su mirada artística asistiendo a distintos talleres; con Miguel Ángel Battegazzore en 1984; con Agó Páez en 2002; escultura con José Alberto Belloni tercera generación en 2009 y actualmente continúa actualizándose en talleres de artistas contemporáneos uruguayos.
Es de destacar su Investigación en la Educación donde creó “Metodología para el desarrollo del pensamiento creativo y de investigación a través del Arte. Estrategia didáctica: el Mandala o Circulo” (R.D.A. Libro 31, No. 375 de Biblioteca Nacional). Su trabajo ha sido fundamental apoyo teórico para otros artistas plásticos que han abordado la temática del Mandala en las escuelas de Uruguay.
En el 2008 después de 25 años dedicada a la docencia directa, la vida la pone frente a la mayor de sus enseñanzas, a partir de esa experiencia, empieza a dedicarse de pleno a la pintura. Es allí donde siente la necesidad de profundizar en el mundo de la emociones dedicándose a estudiar Integración Bio-Emocional diplomado correspondiente al programa de extensión universitaria de la Universidad de Ciencias Médicas de la Habana, Cuba. Esto le ha permitido desarrollarse como Artista Visual y docente especializada en Integración Bio-Emocional, Psicogenealogia Evolutiva, Terapias del Color, el Mandala como arquetipo integrador de la psique y el Arte como canal de expresión de Conflictos Emocionales. La metáfora del arte, su actual investigación, considera el arte como puentes de interacción entre el mundo interior y exterior de los personas. Para Roxana el arte no solo es una expresión estética, es además un instrumento de sanación.
"Nombrar es existir, el apellido está ligado a una metáfora de la historia familiar.
Nuestra identidad está primeramente definida por nuestros apellidos; este matrimonio de padre y madre es la gran alquimia de nuestra concepción.
Apellido se traduce literalmente, es "por allá", que da la dirección y la información de nuestra historia familiar."
(Dr. Gérard Athias, s/a:3)
Mi apellido y mi profesión han sido una proyección personal de mis necesidades y las de mi clan, reparando en el ámbito de lo educativo, la identidad creativa y la comunicación.
Como docente de Arte, la utilización del MANDALA como puerta, portal de entrada al conocimiento del sí-mismo en adolescentes, me trajo hasta aquí.
Hoy me permito afirmar que las Artes reclaman su lugar en el cuidado y la calidad de vida de los individuos.
Son una propuesta terapéutica, atienden las emociones y cumplen con objetivos de bienestar y salud emocional, ya que el arte hace visible lo invisible, saca hacia afuera la emoción y crea una obra.
A esto lo llamo yo: "conocerse a sí mismo a través del arte".
Desde mi experiencia como artista plástica, observo al arte como un gran lenguaje metafórico, y me encuentro trabajando en una nueva investigación: "La metáfora del arte", desde mi contacto con la Integración Bioemocional y la Psicogenealogía.
Este trabajo me ha permitido reflexionar y pensar de qué manera se conjuga la metodología que, como docente, investigué en el sistema público de enseñanza en Uruguay, con las técnicas de Integración Bioemocional, que —para sorpresa mía— abordan en profundidad aspectos que desde mi formación inicial me eran difíciles de concluir.
Al final, concluiré explicando cómo disciplinas aparentemente tan diversas desembocan juntas en una propuesta terapéutica-artística que actualmente desarrollo en mi atelier, llamado Espacio Artea.
A lo largo de mi investigación pictórica, aprendí a nombrar a mis obras como interacciones significativas. Cada día era un encuentro inesperado, un rumor que emergía desde lo profundo de mi memoria, como si un archivo ancestral se desplegara ante mí. Cada Arkana que creé no fue solo una obra; fue un espejo, una representación arquetípica que conectaba lo universal con lo profundamente personal. Es de destacar que, para mí, las Arkanas prometen transformación, esa sanación transgeneracional que restaura la psique femenina.
En el proceso, descubrí que cada cuerpo que aparecía en mis lienzos llevaba consigo una narrativa pictórica única. Estas historias se entretejían en un diálogo íntimo y profundo entre ellas, sus cuerpos y yo. Me permití sentir, escuchar, e incluso respirar esas historias, dejando que se filtraran en mi piel y en mi práctica. Fue así como encontré recursos que me permitieron envolver estas estructuras orgánicas, dándoles una resonancia que no solo me conectó con ellas, sino que me curó en el proceso.
Ellas transformaron mi realidad. A través de su voz y su presencia, logré reconstruirme pieza a pieza, y en esa reconstrucción encontré algo más allá de mí misma: el oro que surge cuando la vulnerabilidad se convierte en fuerza, cuando lo fragmentado se transforma en totalidad.
Roxana Portal
Artista plástica