País: Perú
Organización: Amazónicos por la Amazonía (AMPA)
Territorio: San Martín y La Libertad, Ucayali
Autores: Juan Alberto Llacsahuanga Chiquicusma
Año: 2017 – 2023
La Amazonía Andina peruana es un extenso territorio de biodiversidad que respira al ritmo del compromiso y la pasión de quienes la protegen. La Red Nacional de Conservación Voluntaria y Comunal "Amazonía Que Late", es un testimonio vivo de ese esfuerzo colectivo, conformada por comunidades locales, pueblos indígenas, asociaciones de productores, rondas campesinas, familias, sociedad civil y gobiernos locales. Juntas y juntos lideran más de 180 iniciativas de conservación en el Perú, preservando el patrimonio natural y cultural, fomentando la educación ambiental y generando mayor visibilidad política y social. Gracias a su labor, el Estado peruano ahorra más de doce millones de soles al año en actividades de vigilancia y control, contribuyendo a la reducción de la deforestación y al combate de los delitos ambientales que amenazan la Amazonía Andina.
Desde lo alto de la Amazonía, la mirada se pierde en un paisaje infinito. Cada hectárea protegida es un grito de resistencia, un espacio donde la naturaleza respira en libertad. Aquí, el tiempo y el esfuerzo de miles de personas confluyen en un solo objetivo: preservar el territorio que late con vida.
En los últimos siete años, miles de mujeres y hombres han entregado su tiempo y esfuerzo, voluntariamente, para proteger cerca de dos millones de hectáreas. Su amor por la Amazonía Andina late con fuerza en cada rincón del territorio, uniendo pasado y presente y sembrando esperanza para futuras generaciones.
Conservación desde el horizonte
En estas tierras, la biodiversidad lucha por sobrevivir. Entre las ramas de los árboles, el mono Machín blanco (Cebus yuracus) busca refugio, mientras sus guardianes vigilan con dedicación su hogar, la Concesión para Conservación Áreas Inundables del Bajo Huallaga, en San Martín. Los esfuerzos de esta red humana comprometida son cruciales para el equilibrio de estos ecosistemas.
Biodiversidad para la vida
En la Comunidad Nativa de Nueva Bella, Ucayali, los líderes indígenas, como Carmelino Vázquez, sienten el suelo bajo sus pies como una extensión de su ser. Cada paso le recuerda a Carmelino los caminos que sus ancestros Ashéninkas recorrieron para cuidar los mismos árboles que hoy protege. Su lucha, preservar el territorio ancestral que es el hogar de su cultura, enfrentando amenazas que ponen en riesgo su vida, su identidad y la herencia de sus hijos.
Territorios ancestrales: una herencia viva que debemos proteger.
El vínculo entre las personas y el territorio que protegen es profundo, cada paso que dan, cada decisión que toman, reafirma su compromiso con el cuidado de este hogar que los sostiene. En la Concesión para Conservación Alto Huayabamba, Carlos Correa, guardián de este tesoro natural, contempla con orgullo este territorio, donde se preservan las fuentes de agua de la región San Martín.
El vínculo sagrado entre personas y el territorio
Resguardar el territorio no es solo una tarea ambiental, es también una misión cultural. Las comunidades no solo protegen la naturaleza, sino también sus saberes ancestrales, transmitidos de generación en generación. En Bolívar, en la zona de influencia de la Concesión para Conservación Alto Huayabamba, doña Jacoba Echevarría nos muestra el arte que ha elaborado con sus manos. Sus prendas no sólo abrigan, sino que llevan consigo la esencia de su cultura, un legado que conecta el pasado con el presente.
Identidad y territorio: preservando raíces vivas.
Las y los guardianes del bosque, además de mantener una profunda conexión espiritual con la madre tierra, se organizan para enfrentar las amenazas externas que la ponen en riesgo. Utilizando tecnología moderna como drones, GPS y cámaras, recorren sus territorios, detectando alertas y protegiendo los rincones más remotos de sus áreas de conservación.
Preparados para defender lo que es suyo.
Las nuevas generaciones no se quedan al margen. Jóvenes llenos de energía e ímpetu se unen a la causa, aprenden de sus ancestros, manejan tecnología, toman fotografías y asumen la responsabilidad de proteger su legado. Rodolfo Calamba, líder de su comunidad, comparte con su nieto Dickerson sus conocimientos en tecnología para salvaguardar el bosque que tanto aman.
La misión de proteger como herencia.
En esta lucha, las mujeres han asumido roles fundamentales, rompiendo barreras y liderando la conservación de la Amazonía Andina. Su participación es clave para cerrar brechas y avanzar en sus proyectos de vida, mientras protegen sus territorios. Melita y Juanita, guardianas del bosque, disfrutan del monitoreo, conscientes de que son un ejemplo constante para inspirar a más mujeres a proteger la flora y la fauna.
Mujeres liderando y superando barreras.
Todo este esfuerzo no sería posible sin la fuerza de la unidad. La gobernanza de la Amazonía no depende de un solo actor, sino del trabajo colectivo entre comunidades, líderes y aliados que suman sus voces y acciones para proteger estas iniciativas de conservación. La verdadera fortaleza de esta red radica en su capacidad para trabajar juntas y juntos, resguardando la vida que late en la Amazonía.
Fortaleza en la unidad para resguardar el futuro.
El futuro que añoran es claro: un equilibrio donde coexistan en armonía la humanidad y la naturaleza. Lo que hoy protegen florecerá mañana. Cada acción, cada esfuerzo y cada vida dedicada a la conservación, siembra la esperanza de un futuro en el que la Amazonía continúe latiendo con fuerza.
El latido de la Amazonía Andina resuena en cada acción de las y los guardianes que la protegen. Su esfuerzo no solo preserva el territorio, sino que siembra esperanza para futuras generaciones. Esta labor, que une culturas, saberes y comunidades, es un compromiso inquebrantable con la vida y demuestra que, mientras la Amazonía siga latiendo, hay un futuro en el que la humanidad y la naturaleza podrán coexistir en armonía.