La alumna Xenia Tello de 1ºBACH demuestra su visión del libro Los que se marchan de Omelas, por Úrsula K. Le Guin.
Una magnífica representación de los valores éticos llevados al límite del entendimiento humano. -¿Puede ser justa una felicidad construida sobre el sufrimiento de una persona?-
Nuestra enhorabuena a Xenia por mostrarnos su pensamiento en esta prosa.
Gran acogida de la segunda sesión del club de lectura, con Fernando Fonseca a la cabeza de este encuentro entre autores y alumnos, sentando las bases para futuros encuentros con autores del panorama nacional.
Agradecemos al autor su entrega y buena disposición.
18/02/2026
Reseña realizada por la sobre el Capítulo 2 “¿Por qué detestamos no tener razón? La teoría de la disonancia cognitiva”, perteneciente al libro “Qué es una falacia? Una guía filosófica para detectar y combatir la manipulación y la persuasión”, escrito por la filósofa e historiadora de la filosofía Ana María C. Minecan.
Paula Bachiller, alumna de 1º bachillerato de Ciencias
Introducción
A continuación voy a comentar un capítulo extraído del libro “¿Qué es una falacia”, escrito por Ana María C. Minecan. El capítulo que voy a tratar es el número 2: “¿Por qué detestamos no tener razón?” La teoría de la disonancia cognitiva.
El problema al que se enfrenta la autora es el por qué las personas tienen la necesidad de aferrarse a algo aun sabiendo que es falso o los actos que realizan están mal, además de no abrirse a nuevas opiniones, y aferrarse fuertemente a las establecidas por ellos mismos. A esto se le conoce como teoría de la disonancia cognitiva. Como tesis a este problema se plantea que no es algo que hacemos por orgullo, sino que nuestro cerebro está preparado para actuar de esta manera, por lo que es algo involuntario.
En cuanto a esta teoría, el texto defiende que, la necesidad de aferrarse a algo aun sabiendo que no es lo correcto, no es algo que hagamos porque queremos, o como dcie el texto, no es un “capricho individual”. Define la disonancia cognitiva como algo que el cerebro crea de manera involuntaria, por sí solo. Para ello, la autora se apoya en datos científicos y diferentes experimentos e investigaciones sociales. Defiende que nuestro cerebro no solo recoge información, sino que además la une y pone en común para crear la visión que tenemos cada uno de lo que es el mundo, conocer así más las cosas, y tener cada uno una percepción según lo que cada cerebro procesa, lo que vemos y lo que nos inculcan.
A todo este conjunto de pensamientos, que reúnen las creencias que cada uno tiene sobre el mundo, se le conoce como cosmovisión. En él se encuentran todos nuestros pensamientos y principios sobre cualquier cosa que podamos imaginar. Además, todas estas creencias están unidas entre ellas, y así, la mayoría de nuestros pensamientos suelen tener cosas en común y cierta relación entre ellos.
Para analizar críticamente este concepto y ver que encaja con la realidad de las personas, se puede apreciar en ellas una sensación de control sobre las cosas. Esto lo podemos ver en personas que comprenden su alrededor o son cosnecuentes con sus actos. Así, cuando los pensamientos encajan con la realidad de las personas, estas se muestran con más autoconfianza y seguridad en ellos mismos. En cambio, vemos que hay un problema, o no hay seguridad, cuando hay un acontecimiento que irrumpe en nuestras creencias para mostrarnos que no eran verdaderas. El texto, nos proporciona un ejemplo: “un diagnóstico médico que muestra años de descuido”. Cuando estos acontecimientos entran en nuestra realidad y nos muestran que aquello de lo que estábamos tan seguros no es cierto, todos nuestros pensamientos se desmoronan y cambia nuestra forma de ver y estar en el mundo.
El fenómeno de la disonancia cognitiva explicada por festinger es el estado de tensión que se produce en nuestra mente cuando ocurren pensamientos que son incompatibles entre ellos. Es una creencia que no cabe dentro de lo que nosotros creemos, porque nos desestructura todos los esquemas que teníamos. Esto se vive realmente como una sensación amarga, de malestar. La persona que lo sufre incluso siente que su autoestima ha sido dañada. A veces, las consecuencias de este fenómeno pueden ser tanto físicas (sudoraciones, taquicardia…), como mentales (irritación, vergüenza…).
Para entender este fenómeno nos remontamos a la década de 1960, cuando la teoría de Festinger impulsó un programa de investigación. El resultado mostró que la disonancia cognitiva tiene un fuerte impacto en nuestro comportamiento, de manera que nuestro cuerpo busca hacer algo mala aliviar el malestar generado. Esta respuesta puede ser muy diferente dependiendo de cada persona. La mejor manera de afrontarlo es analizar el error cometido y cambiar nuestra visión sobre esa creencia en concreto. Sin embargo, esto no suele ser el camino más habitual, e intentamos reducir la disonancia de otras formas: antes de dudar de nosotros mismos y de nuestras creencias, tenemos la tendencia de culpar a otros o inventar nuevos razonamientos que “soporten” los nuestros que hemos comprobado que no eran correctos. Las personas tienden a hacer todo lo posible para reducir el malestar mental. La manera de buscar la calma, puede resolverse de mala manera, discutiendo o dudando de los demás sin saber lo que ofrecen realmente. Las formas de calmar la disonancia cognitiva y los razonamientos que empleamos, no se miden por su argumentación, sino por su capacidad para que nuestra mente vuelva a la calma.
Más tarde se hizo otra investigación, en la que se clasificaron las maneras que tenemos las personas para calmar la disonancia. La más común fue evitar el problema que nos la produce, el texto nos pone un ejemplo: “dejar de leer un artículo que contradice nuestras posiciones”. Esta forma no es la más apoyada, porque nos puede llevar a que nuestro entorno solo nos muestre lo que nosotros queremos ver y escuchar.
Otra manera de reducirla es restarle importancia a la información nueva, reinterpretarla o añadirle más creencias para que resulten menos impactantes con las nuestras. Estas maneras demuestran de qué manera podemos llegar a actuar para que nuestra imagen no se vea muy afectada.
Cuando tenemos que tomar una decisión importante, que nos hace renunciar a otras cosas, entra en nosotros una tensión entre lo positivo y lo negativo de cada alternativa. Una de las formas para calmar esta tensión es la expansión de alternativa, que consiste en exagerar los rasgos positivos de la decisión que hemos tomado, y restarle valor a los negativos. Además, se interpreta la opción rechazada como peor de lo que parecía, aumentando los inconvenientes y disminuyendo las ventajas. Esto hace que veamos que la opción tomada es la mejor, y reduce la tensión de pensar que hemos renunciado a algo muy bueno. Los inconvenientes de esta opción son que hemos simplificado mucho las alternativas, e idealizado en exceso la opción elegida. Si analizamos los argumentos de las expansiones de alternativa, no suelen ser muy razonados ni coherentes.
El fenómeno de la disonancia cognitiva nos obliga a volver a definir en qué consiste la racionalidad humana. Lo hace justificando que no debemos encontrar la coherencia perfecta, sino que debemos ser consecuentes con nuestras acciones, y saber cómo afrontar lo que ocurre cuando nuestras creencias no coinciden con lo que hacemos. Así, la disonancia cognitiva es una herramienta para comprender cómo actuamos y reforzar nuestra moralidad.
El antídoto que presenta la autora contra la disonancia cognitiva es la educación. Las personas educadas en un ambiente respetuoso, con discusiones razonadas y revisando las creencias, ven el desacuerdo como un reto. Así la disonancia cognitiva se vive de otra manera, se siente una curiosidad e interés por descubrir realidades que aún no se conocían y se ven como nuevas posibilidades de creencias. En cambio, las personas que han sido educadas en lugares cerrados a nuevas creencias, sienten el cuestionamiento como una amenaza a su autoestima. Cualquier reflexión que no entre en sus creencias la perciben como una agresión. Como consecuencia, recurren a falacias para defender sus razonamientos o incluso llegan a distorsionar los hechos.
Paula Bachiller, alumna de 1º de Bachillerato, ha realizado esta magnífica reseña de la obra de Ana María C. Minecan ¿Qué es una falacia?
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