Las puertas del ascensor del primer nivel se abrieron con un siseo mecánico y un grupo de moradores salió en silencio, sus rostros marcados por una mezcla de determinación y desconfianza. Danny, el profesor de Valores, encabezaba el grupo, su mirada fija en el camino, como si cada paso fuera una elección moral en sí mismo. Junto a él, Luna caminaba con cautela, todavía sacudida por lo que había presenciado en la primera reunión. M parecía sumida en sus propios pensamientos, repasando una y otra vez las extrañas emisiones de radio que habían recibido hacía semanas. Ron, técnico de reparaciones, ajustaba las herramientas en su cinturón, sintiéndose fuera de lugar en un encuentro como aquel. Elisabeth, la periodista del Periódico del Pueblo, avanzaba con su libreta oculta bajo el uniforme. Sabía que lo que estaba a punto de presenciar podía cambiar la historia del Refugio.
Desde el segundo nivel, Ken Flores reapareció con una expresión endurecida. En la reunión anterior, había tratado de mantener una postura neutral, pero ahora sentía que todo había cambiado. Sally Montana, encargada del almacenaje de excedentes, caminaba con pasos cortos y firmes. Tras ellos, Bicinia, la técnica de suministro lumínico, y Domiciano, técnico de reparaciones, asistían a esta reunión por primera vez. Ambos se mantenían en alerta.
Por último, desde el tercer nivel, las puertas del ascensor se abrieron dejando paso al resto de asistentes a la reunión. Max se adelantó con una postura rígida, como si su sola presencia fuera suficiente para imponer orden. Helen Kaplan mantenía el mentón alzado, escrutando a todos los allí presentes. Terry, echó una mirada recelosa a los nuevos representantes de los otros niveles, mientras Alex Fiore tenía los labios apretados en una mueca de preocupación apenas contenida.
Se encontraron en la gran sala común, la misma donde, en la reunión anterior, habían compartido información y descubierto la perturbadora transmisión de radio del exterior. Pero algo era diferente. El ambiente estaba más pesado. Faltaban personas. Faltaban asistentes de la primera reunión. No estaban todos allí.
Las primeras palabras fueron cautelosas. Ken rompió el silencio con una pregunta simple pero cargada de significado:
- ¿Qué dijeron en vuestros niveles sobre la reunión anterior?
Las respuestas fueron inquietantemente similares. Cada nivel había recibido una versión diferente de lo sucedido. En el primer nivel, la Asamblea del Pueblo había afirmado que la reunión no había llevado a ningún acuerdo y que los otros niveles se habían negado a colaborar. En el segundo nivel, la presidenta había asegurado que se había tratado de un ejercicio de diplomacia sin resultados concretos y culpaba a los negociadores de los demás niveles. Y en el tercer nivel… bueno, la versión de Max confirmó lo que todos intuían, culpando a los niveles 1 y 2 de la situación y de negarse a colaborar.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire, como una sombra que se extendía sobre todos ellos. Elisabeth tomó su libreta y empezó a anotar frenéticamente. Esto era más que una diferencia de narrativas. Era un control deliberado de la información.
- Nos están manipulando. Soltó M en voz baja, pero con firmeza.
El resto la miró. Apenas había hablado hasta ese momento. Aquella joven continuo mientras alzaba la vista hacia los demás.
- Nos han contado historias diferentes para mantenernos divididos. Porque si descubrimos la verdad, si realmente trabajamos juntos, el Refugio tal y como lo conocen dejaría de existir.
El silencio se volvió pesado. Entonces, las luces se apagaron, fue un parpadeo de segundos, una oscilación en la energía que hizo que las luces chisporrotearan y la sala se sumiera en penumbra. Solo los generadores de emergencia mantuvieron un tenue resplandor parpadeante en los bordes del pasillo.
Alex y Terry reaccionaron de inmediato.
- Esto no es uno fallo normal. Gruñó Alex, sacando su linterna.
- No lo es. Alguien lo ha provocado. Confirmó Terry.
Ron y Domiciano se movieron rápido, revisando los sistemas. Unos segundos después, el zumbido de la energía volvió y las luces regresaron con un destello repentino, cegando momentáneamente a todos.
Pero lo peor no era la oscuridad. Era lo que había ocurrido en ella. Porque en uno de los techos, vieron las cámaras ocultas que los vigilaban. Hubo un segundo de parálisis total. Nadie se movió. Nadie respiró. Hasta que Elisabeth murmuró:
- Estamos siendo observados.
Como si sus palabras hubieran despertado algo en el grupo, se movieron para tratar de evitar ser observados. Las mentiras de los dirigentes del Refugio estaban quedando al descubierto. La idea de escapar, que en la primera reunión había sido un pensamiento lejano y abstracto, ahora era la única opción viable. Pero ¿cómo?
¿Cómo se huye de un Refugio diseñado para no ser abandonado?
Las miradas se cruzaron entre los presentes. En aquel instante, ya no eran moradores de diferentes niveles. No eran adversarios ni competidores. Eran compañeros en la única misión que realmente importaba ahora. Sobrevivir.