Con la finalidad de mantener bien clara nuestra identidad, a continuación, presentamos cuatro posiciones que nos distinguen como iglesia local en lo doctrinal y ministerial. No pretendemos basar nuestra dignidad en estos distintivos, la cual solo descansa en la justicia imputada de Cristo. Por lo que esto no es una manera de proclamarnos superiores a otras congregaciones o movimientos, sino de establecer con firmeza lo que somos, según comprendemos la enseñanza bíblica:
Además de tener una línea doctrinal protestante evangélica y bautista, nos suscribimos a lo que se conoce como Teología Reformada. Esto es evidente en los siguientes puntos:
a. Promovemos un énfasis en la Supremacía de Dios en todas las cosas y su soberanía en cada acontecimiento de la historia centrado en la persona y obra de Cristo y la redención de sus escogidos por el puro afecto de su voluntad, todo para alabanza de su gloria (Rom. 11: 32-36; Dn. 4:34,35; Ef. 1:9,10; Rom. 8:28-30; Ef. 1:3-6). Aunque muchos evangélicos podrían aprobar estas declaraciones quienes proclaman la Teología Reformada no solo las aprueban, sino que las tienen como centrales en su fe, predicación y práctica, tratando de ajustar la vida personal y eclesiástica a las mismas, de manera consciente y velando siempre en ello.
b. Nos identificamos con las Doctrinas de la Gracia y las 5 Solas.
Consideramos que las llamadas Doctrinas de la Gracia, conocidas generalmente como calvinismo son el mejor resumen de lo que la Biblia enseña sobre la Salvación. Estas doctrinas son: depravación total (el hombre está completamente inhabilitado por el pecado para buscar a Dios-Rom. 3:10-12-), elección incondicional (Dios escogió a cada creyente antes de la fundación del mundo por pura gracia-Ef. 1:3-5-), expiación limitada (Cristo murió no para hacer posible la salvación de cualquiera, sino para consumar la salvación de su pueblo-Tito 2:14-), gracia irresistible (Dios llama eficazmente a los escogidos y los atrae hacia el soberanamente-Juan 6:37-), y perseverancia de los santos (Dios sostiene la fe, la vida cristiana y la salvación de los escogidos-Jer. 32:40-).
Consideramos que las cinco solas de la reforma protestante, aunque se supone, son parte de la identidad de todo evangélico, no son tomadas en serio por la
mayoría. Por lo que procuramos sobria e intencionalmente levantarlas en alto en nuestra doctrina y práctica eclesiástica. Las cinco solas son: Sola Scriptura -2Pedro 1:19-21(Solamente la Escritura), Sola Gratia- Ef. 2:8,9 -(Solamente por Gracia), Solus Christus -1Tim. 2:5-(Solo Cristo), Sola Fide –Rom. 3:28-(Solo por medio de la fe), Soli Deo gloria –Rom. 11:36-(Solo a Dios la gloria).
c. Sostenemos un alto concepto de las Escrituras y su suficiencia para el gobierno de la iglesia, la regulación de la adoración publica, la consejería y la vida personal y social (2Tim. 3:14-17; 2Ped. 1:19-21; 1Tim. 3:14,15). No creemos que solo quienes se identifican con esta Teología tienen respeto a las Escrituras, sin embargo, esta es una marca de la misma. Además de que es la Teología Reformada la que da un énfasis especial a la regulación del culto público con la Escritura como base para todo aquello que se incluye o excluye, sin que esto signifique que nos apeguemos a algún modelo rígido de liturgia pública que no tome en cuenta el contexto actual.
d. Nos apegamos al cristianismo histórico, confesional y bíblico. Procuramos estar cerca de nuestras raíces históricas y doctrinales en la Reforma Protestante y en las confesiones históricas protestantes, sin embargo, fundamentados en las Escrituras y no en el tradicionalismo como la Reforma misma enseño (2Tim. 2:2; Heb. 13:7-9; Mr. 7:13).
Sostenemos firmemente la creencia de que, aunque Dios ha dotado a su iglesia con dones para el servicio, aquellos dones que el N.T. menciona y que son de naturaleza milagrosa y de revelación de nuevas verdades, como sanidades, lenguas y profecías, cumplieron su función dentro del plan de Dios por lo que no están activos en creyentes de la iglesia de hoy. Esto es sustentado por la Biblia y por la realidad evidente en toda la historia de la iglesia, ya que está claro que lo ocurrido en la iglesia apostólica y registrado en el Nuevo Testamento no tiene ningún equivalente en toda la historia posterior, por lo que no puede hablarse de continuación de estos dones sin caer de alguna manera en la reinterpretación de los mismos para ajustarlo a las suspuestas manifestaciones pos-apostólicas. Lo anterior dicho no descarta el hecho de que en su soberanía Dios pueda obrar de forma sobrenatural y milagrosa en ciertas circunstancias sin que esto signifique una continuación de las condiciones presentes en la iglesia primitiva en cuanto a estos dones. (Heb. 2:3,4; 2Tim. 2:2; Ap. 22:18,19).
Sostenemos y promovemos la realidad bíblica de que, aunque Dios creo al hombre y a la mujer con la misma dignidad (lo cual se opone al machismo), los diseño de forma diferente para cumplir roles diferentes (lo cual se opone al feminismo). Los hombres y las mujeres son tanto iguales como diferentes, por ende, se complementan entre sí. Esta verdad tiene efectos en la forma en que gobernamos el hogar y la iglesia. Sostenemos entonces, que el liderazgo en ambos campos le corresponde al hombre y está prohibido por Dios que la mujer lo tome para sí, en vez de disfrutar de su rol como ayuda idónea (Gn. 1:27; Gn. 2:18; 1Tim. 2:8-14; Ef. 5:21-33).
Sostenemos y practicamos por las Escrituras que el liderazgo de la iglesia local no debe ser ejercido por un solo hombre a menos que las condiciones no permitan otra cosa, sino que es la voluntad de Dios que la iglesia sea gobernada por un grupo de pastores, ancianos u obispos calificados y asistidos por un equipo de diáconos. Estos pastores no solo son varios (pluralidad), sino que además poseen la misma autoridad (paridad) en el gobierno de la iglesia. No creemos en la figura del pastor principal, ya que la única figura superior al equipo pastoral en el N.T es Jesucristo, Cabeza de la iglesia y Príncipe de los pastores. Esto no elimina la diversidad en cuanto a capacidades y funciones dentro del equipo pastoral (Hch. 14:23; Hch. 20:7; Tito 1:5; Heb. 13:17; Fil. 1:1; Hch. 20:28-32; 3Jn 1:9; 1Ped. 5:4, 1Tim. 5:17).