El Proyecto Guacamaya es laboratorio de activismo creativo— que conecte a artistas, pensadores y ciudadanos a través de fronteras. Mediante alianzas con movimientos culturales, comunitarios y cívicos desde Los Ángeles, en todo Estados Unidos, México, Venezuela, toda Latinoamérica; y con futuras colaboraciones junto a redes globales de arte, bioarte e innovación ambiental, el Proyecto Guacamaya busca transformar la belleza en participación, y la participación en transformación.
El Proyecto Guacamaya es un movimiento.
Una declaración de que la libertad y los derechos humanos tienen un sonido, un color y un alma—
y que esa alma nos pertenece a todos defender.
Ingrid Barajas Lucena,
Proyecto Guacamaya
Una carta abierta al mundo
Querido mundo,
Mira al cielo sobre Caracas.
No por las tormentas que han ido y venido. No por la política que ha dividido. No por las fronteras que han trazado los hombres.
Mira en cambio el destello de alas azules y doradas contra las montañas, el repentino estallido de color cruzando el sol de la mañana, el coro de voces llevado por el viento.
Busca a las guacamayas.
Nunca debieron estar allí.
No al principio.
Llegaron como tantos otros a lo largo de la historia—arrebatados de otro lugar, llevados por manos humanas, confinados en jaulas, su libertad cambiada por posesión. Algunas escaparon.
Algunas fueron liberadas. Algunas simplemente encontraron la puerta abierta.
Lo que ocurrió después es una historia mucho mayor que éstos pájaros.
Es una historia sobre la libertad.
Las guacamayas heredaron una ciudad que no era suya. No conocían ni sus ritmos ni sus peligros. Los árboles le resultaban desconocidos. Las calles eran extranjeras. La lengua de la gente de abajo no era la lengua de los bosques de donde provenían sus antepasados.
Sin embargo, se adaptaron.
No conquistando. No reemplazando. No exigiendo algo.
Pero aprendiendo.
Aprendieron las corrientes de los vientos del valle. Aprendieron dónde se alzaban más las palmeras. Aprendieron dónde se podía encontrar comida y dónde se podía compartir la seguridad. Y con el tiempo, la gente también los aprendió.
Surgió un pacto extraordinario.
Los Caraqueños (ciudadanos de Caracas) miraron hacia arriba y encontraron asombro.
Las guacamayas miraron hacia abajo y encontraron confianza.La gente dejaba fruta en balcones y azoteas. Las aves regresaban cada día. Los niños crecían esperando el sonido de las alas. Los visitantes viajaban desde tierras lejanas para presenciar lo
que parecía imposible: una criatura salvaje que elegía la proximidad sobre el miedo, la
coexistencia antes que el conflicto. Las guacamayas daban belleza libremente. La gente ofrecía atención a cambio.
Juntos crearon algo raro en nuestro mundo:
Una relación construida no sobre la propiedad, sino sobre el beneficio mutuo.
No por cautividad, sino por elección.
No sobre la dominancia, sino sobre la convivencia.
Luego llegó otra migración.
A medida que las dificultades económicas, la inestabilidad y la incertidumbre se extendían por Venezuela, millones de personas se marcharon en busca de seguridad, oportunidad y refugio. Las familias llevaban consigo recuerdos de casa. Cruzaron fronteras. Aprendieron nuevos idiomas.
Construyeron vidas en lugares desconocidos mientras llevaban sus raíces dentro de ellos.
Y por encima de la ciudad que dejaron atrás, las guacamayas permanecieron.
Una metáfora viva.
Un recordatorio.
Las aves que antes llegaban como forasteras se habían convertido en símbolos de la propia Caracas.
Las criaturas que no eran nativas se habían vuelto queridas.
Los extraños se habían convertido en vecinos.
Los recién llegados se habían convertido en parte de la historia.
Qué extraordinario.
Qué humano.
Las guacamayas nos enseñan algo que a menudo olvidamos.
La libertad no es simplemente la ausencia de una jaula.
La libertad es la capacidad de pertenecer sin renunciar a quién eres.
Es la oportunidad de aportar tus dones mientras preservas tu identidad.
Es el derecho a desplegar las alas sin miedo a que tus diferencias sean usadas en tu contra.
Las guacamayas no perdieron sus colores para caber en Caracas.
Su brillantez se convirtió en parte de lo que hacía hermosa a Caracas.Su presencia no disminuyó la ciudad.
La enriqueció.
Su libertad no amenazaba al pueblo.
Les inspiró.
Y así, cuando hablamos de migración, de refugio, de recién llegados que buscan un lugar donde desembarcar, quizá deberíamos recordar los cielos sobre Venezuela.
Quizá deberíamos recordar que algunos de los miembros más valiosos de una comunidad fueron considerados en su día forasteros.
Quizá deberíamos recordar que lo que comienza como desplazamiento puede convertirse en pertenencia.
Que lo que llega como desconocido puede convertirse en amado.
Que lo que se libera del cautiverio puede enseñar al mundo el significado de la gracia.
Hoy en día, las guacamayas vuelan donde quieren.
Sin cadenas.
No hay jaulas.
Sin opresores.
Solo alas.
Y sin embargo, regresan, día tras día, a las personas que les recibieron.
No porque tengan que hacerlo.
Porque ellas deciden hacerlo.
Hay una lección en eso.
Los lazos más fuertes nunca se forjan por la fuerza.
Se construyen a través de la confianza.
Las comunidades más bonitas no son aquellas donde todo el mundo es igual.
Son aquellos en los que las diferencias se convierten en fortalezas.
Y la mayor medida de libertad no es lo fuerte que podemos sujetar algo, sino si permanece cuando es libre para irse.
Las guacamayas de Caracas son más que aves. Son la prueba viviente de que la convivencia es posible.
Esa belleza puede surgir del desplazamiento.
Esa resiliencia puede crecer a partir de la incertidumbre.
Que la libertad y el sentido de pertenencia no son ideas opuestas, sino compañeras.
Que aprendamos de su vuelo.
Que honremos a quienes buscan refugio.
Recordemos que cada comunidad se enriquece con los dones que traen quienes llegan de otros lugares.
Y que nunca perdamos de vista la verdad escrita cada día en el cielo venezolano:
Esa libertad, cuando se comparte, se multiplica.
Y que las alas más magníficas son las que permanecen libres.
Al pueblo de Caracas.
A todos los venezolanos dispersos por el mundo.
A cada persona que busca un lugar al que pertenecer.
Las guacamayas siguen volando.
Y tú también.
Con esperanza,
Kimberly Diemert
Una amiga de la libertad
Escrito para el Proyecto Guacamaya – Preludio al Proyecto Foco de la Copa del Mundo
(Project World Cup Spotlight)
8 de junio de 2026.
Escrito original en idioma inglés, traducido al castellano.
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