Llámanos: +34 659316728 - Lun a Vie de 9:00 am a 18:00 pm
LA VUELTA OLÍMPICA.
UNA CREACIÓN URUGUAYA QUE VA A CUMLPIR 100 AÑOS
El origen de este tradicional festejo se produce en los Juegos Olímpicos de París en 1924, el 9 de junio del mismo año, ante 40.000 aficionados en Colombes, a 11 kilómetros de Paris se volvieron a romper récord de espectadores y recaudación; la Selección Nacional Uruguaya participa por primera vez de una competición intercontinental, juega la final de los Juegos Olímpicos ante Suiza que eran una novedad para los espectadores europeos, que en un principio se burlaban de los desconocidos sudamericanos y terminan goleando por 3 a 0 a la Selección de Suiza. De esta forma la celeste se lleva la medalla de oro. Previo al comienzo del partido, un pequeño grupo de uruguayos que vivía entonces en París, mando confeccionar miles de banderitas de Uruguay y las repartió entre el público antes del encuentro final. Los franceses habían agotado las entradas con mucha anticipación y la selección uruguaya era todo lo que quería ver. Nunca habían visto un fútbol de esas características en Europa. Ni siquiera la afamada Inglaterra, que se negó a disputar el certamen, los había asombrado tanto. Sobre el final del partido, el público entonces empezó a seguir al equipo uruguayo con entusiasmo por la demostración del gran fútbol desplegado por el nuevo campeón, ovacionando al seleccionado charrúa. Al término del partido frente a la Selección de Suiza, el combinado celeste, ante la algarabía del público, el apoyo de la afición francesa que los aclamaban, momento en que los jugadores uruguayos, encabezados por su capitán José Nasazzi y por José Leandro Andrade "La Maravilla Negra", dan la primera Vuelta Olímpica de la Historia para saludar a los espectadores que los aplaudían constantemente mientras a su paso les tiran sus sombreros y flores en el campo de juego. Desde entonces, esta ceremonia de celebración de dar una vuelta por el terreno de juego se hizo costumbre en cada campeonato de fútbol disputado en Sudamérica, y esta costumbre, también se ha trasladado a otros deportes. Uruguay fue vanguardista en aquella época, dicho certamen que conquisto Uruguay lo ubicó en el mapa del mundo y lo señaló como una potencia del fútbol a nivel mundial, dando comienzo a su dinastía en el balompié. Era la primera selección sudamericana en arriesgarse en los Juegos Olímpicos y se enfrentaron a los europeos, que eran considerados los grandes en el fútbol. Sin embargo, dentro de campo, La Celeste mostró que tenía la mejor técnica de la época. Luego de eso, y hasta la consagración en el primer Mundial, la celeste conformó un idilio con los habitantes de la nación. En la actualidad para conmemorar este triunfo, la Confederación Sudamericana d Fútbol (Conmebol) decidió en 1941 que el 9 de junio pasaría a ser el “Día del fútbol sudamericano”.
LA PARTIDA DE LA CELESTE.
ARROPADOS POR TODO UN PUEBLO EN EL PUERTO.
Esta foto fue tomada en la azotea de una casa de la ciudad vieja días antes de la partida del combinado de la celeste rumbo a Francia. A fines del siglo XIX los uruguayos aún intentaban afirmarse como nación y generar una identidad propia. El quiebre en esta identificación entre el pueblo y la selección ocurrió en 1924, cuando llegó la invitación para competir en las Juegos Olímpicos de París. Durante ese período el fútbol se instaló como una pasión en todos los sectores de la sociedad. En este contexto, la selección nacional se volvió muy relevante a nivel social. Uruguay tuvo que formar una selección de emergencia con jóvenes desconocidos: todos obreros que habían logrado destacarse jugando para sus clubes. José Nasazzi, trabajaba en los talleres de marmolistas que se dedicaban a la construcción del Palacio Legislativo de Montevideo. Pedro Arispe, trabajaba en el Frigorífico de Montevideo del Cerro, en el Mercado Agrícola donde se fajaba Perucho Petrone, en la Cervecería Uruguaya donde era repartidor de hielo el Vasco Cea, en la UTE donde trabajaba el Loco Romano y José Leandro Andrade que era lustrabotas. Las palabras que había pronunciado el Capitán José Nasazzi antes de zarpar, albergaban aún más ilusión: “Tengo plena noción de la elevada trascendencia de nuestro cometido. Sé que llevamos la representación del deporte predilecto en el país, representación que si no es la más técnica, por lo menos ha sido la más entusiasta y ostenta el glorioso jalón de haberse clasificado campeones de América en el último certamen disputado en Montevideo” (reproducidas por el diario El Plata). El 16 de marzo de 1924, a bordo del buque “Decirade”, ante una multitud esperanzada partió hacía el viejo continente el plantel del seleccionado nacional uruguayo Estaba integrado con los siguientes futbolistas: Andrés Mazzali y Pedro Casela, como arqueros; José Nasazzi, Humberto Tomassina, Fermín Uriarte, José Leandro Andrade, Pedro Arispe, José Vidal, Alfredo Zibecchi, Pedro Zingone y Alfredo Ghierra, como defensas y de mediocampo; los delanteros José Naya, Pascual Somma, Héctor Scarone, Pedro Petrone, Pedro Cea, Pedro Etchegoyen, Santos Urdinarán, Zoilo Saldombide y Ángel Romano. Además, acompañaba la delegación el masajista Ernesto “Matucho” Figoli, el árbitro Ángel Atilio Minoli y como delegado de la AUF, Sr. Asdrubal Casas, luego en España se uniría el Sr. Martínez Laguarda y en París el Dr. Enrique Buero. Por otra parte, también acompañaban esta delegación, dos periodistas enviados, uno del periódico “El Día” de Montevideo, el Sr. Lorenzo Batlle y Carlos Quijano de la revista “Actualidad”, ellos informaron del viaje a Europa, teniendo ese privilegio, de comentar para sus respectivos medios, la gira del primer equipo de fútbol sudamericano a ese continente. Hasta ese momento, Uruguay no contaba con una identidad nacional plenamente desarrollada, que se consolidó por esos tiempos gracias al fútbol, entre otros factores, y que además confirmó al balompié como el deporte más popular y masivo de estas tierras de forma definitiva. En el torneo de fútbol de París 24 participaron 22 Selecciones, 19 de Europa más Estados Unidos, Egipto y Uruguay. El primer título fue inesperado, porque Uruguay era un país desconocido en el concierto internacional, sus jugadores eran un puñado de jóvenes amateurs que además de practicar el deporte tenían trabajos cotidianos, y el viaje a Colombes se realizó de forma inesperada incluso para las autoridades locales. Luego de eso, y hasta la consagración en el primer Mundial, la celeste se fue convirtiendo en una potencia del deporte, conformó un idilio con los habitantes de la nación, y asombró al mundo con su juego. Mientras la delegación se encontraba en viaje, en Montevideo la Asociación y el Comité Olímpico Uruguayo, recibían la confirmación de parte del Comité Olímpico Internacional, la inscripción formal para disputar los Juegos Olímpicos de París. Los dirigentes, por telegrama, envían a la delegación la inscripción, estos se encontraban en la ciudad de Dakar, capital de Senegal, escala previa al continente europeo, la noticia fue recibida con total algarabía por parte de jugadores y delegados. Uruguay desembarcó en Vigo, España, el 7 de abril de 1924 para iniciar su gira. A mediados de mayo de 1924 la "celeste" llegó a París en el más absoluto anonimato. Nadie los conocía. El Presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, el Dr. Atilio Narancio, considerado el padre de la victoria de 1924, ante un nuevo desafío por la disputa de la Copa América a realizarse en Montevideo en 1923, hizo una promesa al plantel celeste. Si obtenían dicha copa, al año siguiente viajarían a las Olimpiadas de París. Uruguay ganó aquel torneo y la promesa fue cumplida. Llegada la fecha de viajar a Francia hubo que sortear dos dificultades: primero, conseguir las finanzas para los gastos de pasajes y estadía en el viejo continente; segundo, la confirmación para el Comité Olímpico Uruguayo de su participación en las Olimpíadas de París. El Dr. Narancio, hipotecó una de sus propiedades para terminar de financiar el viaje. La otra dificultad era más engorrosa, el fútbol uruguayo se encontraba en un ambiente tumultuosos y dividido en dos entes desde 1922, ya que se produjo los que se dio a llamar “el cisma”, que dejo a los dos equipos más populares, Nacional y Peñarol en distintas asociaciones; cuando los clubes Peñarol y Central disputaron encuentros en la ciudad de Buenos Aires frente a clubes de la liga disidente (Asociación Amateur de Fútbol), los estatutos de la AUF no autorizaban a los clubes a jugar partidos ante equipos que integraban la AAF, ante ello, descalificó a ambos clubes. La crisis se profundizó, los dos equipos conjuntamente con otros clubes decidieron formar otra liga de fútbol paralela, llamada Federación Uruguaya de Fútbol, recién en 1925 se reunificarían ambas entidades. La Asociación Uruguaya de Fútbol, en 1923 se afilió a FIFA, de esa forma la Federación no era reconocida por la organización mayor del fútbol mundial. La oficial estaba vinculada con la Asociación Argentina y ésta a su vez con la inglesa, eso le daba su respaldo en la FIFA. Ante la proximidad del viaje, la AUF, a través del Comité de selección, se decidió nominar el plantel que viajaría a las olimpiadas. La AUF siguió representando a Uruguay a nivel internacional, participando en el Sudamericano de 1923, con jugadores de Nacional, Lito, Bella Vista, Belgrano, Liverpool, Montevideo Wanderers, Charley y Universal.
MARCÓ UN ANTES Y UN DESPÚES.
ES EL "PADRE DE LA VICTORIA CELESTE".
Compromiso y Visión. El presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, el Dr. Atilio Narancio, nació en Montevideo el 3 de julio de 1883 – fallece el 22 de febrero de 1952. Hijo de Manuel Narancio y María Bozzano. Fue un pediatra, político y dirigente del fútbol uruguayo vinculado al Club Nacional de Football. El Dr. Atilio Narancio por el solo hecho de ser uno de los jóvenes que fundaron el Club Nacional de Football, tiene un bien ganado sitial en la historia de nuestro principal deporte. Fue activo participante de la asamblea de 1911, que fijó el rumbo democrático del Club Nacional de Football. Presidente de Nacional en los años 1934, 1935 y 1939, vocal de los años 1936, 1938 y 1940, secretario General en los años 1948 y 1949, delegado en diversas oportunidades ante la Asociación Uruguaya de Fútbol y presidente de AUF entre 1923 y 1925. En 1930 fue miembro de la Comisión de Selección de Uruguay, que terminó con la selección uruguaya ganando por primera vez el Campeonato Mundial de Fútbol. En el ámbito deportivo, Narancio también fue presidente de los clubes Reformers Football Club en el año 1917, del Club Atlético Atenas, del Montevideo Rowing Club y de la Federación Uruguaya de Remo. El Dr. Narancio, los hechos lo demuestran, fue un visionario y además un motivador. De su trayectoria surge con contundencia incontrovertible que Narancio fue un profundo conocedor del fútbol. Por eso tenía la seguridad que Uruguay poseía en su fútbol la capacidad y el potencial suficiente para lanzarse al continente europeo en busca de lauros aún desconocidos en el deporte en tierras de América. Considerado el “Padre de la Victoria de 1924”, ante un nuevo desafío por la disputa de la Copa América a realizarse en Montevideo en 1923, hizo una promesa al plantel celeste. Si obtenían dicha copa, al año siguiente viajarían a las Olimpiadas de París. El 2 de diciembre sus muchachos derrotaron 2 a 0 a Argentina, consagrándose campeones. En el vestuario los jugadores le recordaron muy en serio su promesa. Uruguay ganó aquel torneo y la promesa fue cumplida. El camino por recorrer no fue fácil para el presidente de la AUF. Trámites y más trámites complicaron la cuestión, el pesimismo de los de adentro, la burla de los de afuera, conseguir el dinero para los pasajes. Llegada la fecha de viajar a Francia hubo que sortear dos dificultades: primero, conseguir las finanzas para los gastos de pasajes y estadía en el viejo continente; segundo, la confirmación para el Comité Olímpico Uruguayo de su participación en las Olimpíadas de París. El Dr. Narancio, hipotecó una de sus propiedades para terminar de financiar el viaje.
La otra dificultad era más engorrosa, el fútbol uruguayo se encontraba en un ambiente tumultuosos y dividido en dos entes desde 1922, ya que se produjo los que se dio a llamar “el cisma”, que dejo a los dos equipos más populares, Nacional y Peñarol en distintas asociaciones; cuando los clubes Peñarol y Central disputaron encuentros en la ciudad de Buenos Aires frente a clubes de la liga disidente (Asociación Amateur de Fútbol), los estatutos de la AUF no autorizaban a los clubes a jugar partidos ante equipos que integraban la AAF, ante ello, descalificó a ambos clubes. La crisis se profundizó, los dos equipos conjuntamente con otros clubes decidieron formar otra liga de fútbol paralela, llamada Federación Uruguaya de Fútbol, recién en 1925 se reunificarían ambas entidades. La Asociación Uruguaya de Fútbol, en 1923 se afilió a FIFA, de esa forma la Federación no era reconocida por la organización mayor del fútbol mundial. La oficial estaba vinculada con la Asociación Argentina y ésta a su vez con la inglesa, eso le daba su respaldo en la FIFA. Ante la proximidad del viaje, la AUF, a través del Comité de selección, se decidió nominar el plantel que viajaría a las olimpiadas. La AUF siguió representando a Uruguay a nivel internacional, participando en el Sudamericano de 1923, con jugadores de Nacional, Lito, Bella Vista, Belgrano, Liverpool, Montevideo Wanderers, Charley y Universal. En 1923, bajo la presidencia del Dr. Atilio Narancio, la AUF organizó la VII Copa América en 1923 que se jugó íntegramente en el Parque Central. Durante el Congreso de la Confederación Sudamericana realizado el 17 de octubre de 1923 previo al inicio del campeonato, el Dr. Narancio reveló la afiliación de la AUF a la FIFA gestionada por el Dr. Enrique Buero por intervención del Ministro de Relaciones Exteriores de la época -Pedro Manini Ríos-, en el congreso reunido en mayo en Ginebra, y la seguridad de concurrir a "las Olimpiadas mundiales" en París de 1924, propuesta efectuada al Ministerio referido y trasladada a la AUF, en extensa carta del Dr. Buero remitida después de asistir al congreso de la FIFA citado, en el cual trabó amistad con Jules Rimet que por primera vez desde la presidencia del organismo dirigía la reunión. Así, antes del comienzo del Torneo, el 25 de octubre, el Dr. Atilio Narancio les formuló una promesa a los jugadores. Los uruguayos salieron campeones de América, y Atilio Narancio hipotecó su casa para pagar el viaje a los Juegos Olímpicos de París que finalizó con el equipo se obtuviera la medalla de oro en un torneo que era considerado como el campeonato mundial. Pero evidentemente la plata no dio con lo de la hipoteca, y va en busca de la única puerta que podía golpear en esos momentos, que era la del presidente de Nacional, Numa Pesquera. Porque Nacional era el principal club que en ese momento estaba en la AUF, ya que Peñarol no estaba, y el sostén de la AUF era Nacional. Entonces se entrevista con Numa Pesquera, quien le saca un cheque en blanco le dice: “llénalo con lo que falte…”. Ahí quedó sorteado el tema económico para viajar. Aparte y al mismo momento para solventar los gastos en Europa, Narancio se manda una jugada brillante, con una gran visión: decide mandar un delegado a Europa, y manda a Casto Martínez Laguarda, que en ese momento era un exdiputado, y era un dirigente de la AUF La misión de Casto en Europa era concretar una gira previa, con algunos partidos en España, para solventar la estadía. Pero los problemas no terminan ahí. El Comité Olímpico Uruguayo no aprueba la afiliación de la AUF, argumentando que no había poderío económico ni deportivo. Narancio ante esta situación se comunica con Casto Martínez Laguarda que estaba en España y le dice que se traslade a París, donde estaba Jules Rimet, presidente de la FIFA. Cuando se llega a esa entrevista, el tema ya se había solucionado. Colombes fue el escenario en donde se dio a conocer el fútbol sudamericano al mundo. La primera vez que un equipo sudamericano juega en Europa es en ese año 1924 en la gira previa, es Uruguay el primero que juega al fútbol en Europa. Y algo mucho más importante para Uruguay: dio a conocer a Uruguay al mundo. El nombre de Uruguay no existía. Pongámonos en contexto, en aquella época, Uruguay se conoce gracias al fútbol, y en gran medida gracias a Colombes. Fue el gran embajador de nuestra patria en el mundo, aquellos jugadores y aquella delegación. A partir de ahí el mundo conoció a Uruguay, no solo como fútbol sino como país. En febrero de 1954 la Comisión de Honor del Gran Homenaje Nacional al Dr. Atilio Narancio, presidida por José María Delgado, colocaron un monumento en su honor ubicado en las afueras del Estadio Centenario. La obra fue esculpida por Stelio Belloni y fue inaugurada el 14 de junio de 1959. Debajo de la escultura se encuentra la siguiente inscripción. Uruguay demostró contundentemente que Narancio tenía razón, no solo por aquella consagración, sino que también promovió el interés europeo por concertar giras de equipos sudamericanos.
TODO FUÉ UNA FIESTA
CON UN CALUROSO RECIBIBIENTO
Ese 7 de abril, a las tres de la tarde, fondeó en puerto el Desirade que conducía "a la brillante embajada olímpica de Uruguay", camino de las Olimpiadas de Paris. La ocasión era especial, histórica incluso, y los vigueses respondieron con creces. El puerto de la ciudad se abarrotó para recibir a la selección uruguaya. Tan pronto fue avistado el vapor a la entrada, fue saludado con una salva de bombas y los vaporcitos pesqueros arribados en Bouzas hicieron sonar sus sirenas. El público empezó a acudir a los muelles y en lanchas empavesadas se trasladaron las autoridades locales al Desirade a dar la bienvenida a los campeones sudamericanos. Cumplimentaron allí a los viajeros, que venían contentísimos de arribar felizmente a Vigo, y acto seguido desembarcaron los jugadores, siendo despedidos, desde la borda, por todo el pasaje. En el muelle estaban los equipiers del Celta y desde aquel hasta el hotel Universal donde se hospedan había millares de personas que hicieron objeto a los uruguayos de un cariñoso recibimiento. Les acompañaba "el entusiasta presidente del Real Club Celta, señor conde de Torre Cedeira". La banda municipal tocó el himno nacional de Uruguay, sudamericanos y célticos, portaban aquellas banderitas españolas y estos de banderas uruguayas, desfilaron por entre la multitud en medio de atronadores aplausos y vivas entusiastas al Uruguay y a los campeones sudamericanos. Su entrada en el hotel Universal fue verdaderamente difícil pues el público queriéndoles ver de muy cerca y estrechar su mano retrasaba su marcha, rompiendo las alambradas del jardincillo frente al hotel, que quedó hecho una lástima. Como los aplausos eran
insistentes en la calle para que salieran al balcón los distinguidos huéspedes tuvieron que asomarse recibiendo una verdadera ovación de los miles de personas que se habían congregado ante el hotel y que permanecieron allí, durante un rato largo, dando hurras a los estupendos footballers americanos y personas que les acompañaban. Se mostraban todos ellos satisfechos de la acogida cariñosa que les hacia nuestro pueblo de Vigo. Los miembros del equipo permanecieron aquí una semana, jugaron dos partidos contra el Celta, ganando 3-1 y 4-1, y rindieron homenaje a Concepción Arenal colocando una placa en su monumento en el cementerio de Pereiró. Los socios del Celta canjearon su recibo en las oficinas del club por una entrada para ver el partido. Los precios de las entradas para ver los partidos entre el Real Club Celta y la Selección de Uruguay eran los siguientes: Palcos, ocho entradas, 57,60 pesetas. Silla de palco, 7,20 pesetas. Silla, 6,40 pesetas. Grada, 5,60 pesetas y General, 2,40 pesetas. Los comercios de Vigo permanecieron cerrados hata las 18:00 para que toda la ciudad pudiera disfrutar de ese día de fiesta. A las 16 horas del 10 de abril de 1924, el Celta de Vigo se enfrentaba a la selección de Uruguay en el campo de Coia. El Celta, que en ella época estaba dirigido por el inglés Francis Cuggy, que ostenta el honor de ser el primer entrenador de la historia del club olívico; formó con el siguiente once: Lilo, Juanito, Casas Pasarín, Jacobo Torres, Balbino, Gallego, Reigosa, Ramón González, Chiarroni, Ramón Polo y Luis Correa. Los charrúas deleitaron a todos los asistentes con un encuentro soberbio en el que se llevaron la victoria por 0-3, con goles de Pedro Petrone, Pedro Cea y Santos Urdinarán. Era una cita especial ya que se trataba de la primera vez en la que un combinado internacional americano jugaba un partido en Europa. En la selección uruguaya, el "Negro" Andrade, con su gorra negra calada hasta las orejas, junto a su interior Scarone, eran los de más fama en aquel equipo que, un poco más tarde, se proclamaría campeón olímpico en París. Durante su estancia tuvieron ocasión también de realizar varias excursiones. Una semana después y en el tren, salió la selección uruguaya para Bilbao, para jugar dos partidos contra el Athletic bilbaíno. Los uruguayos volverían a Vigo al acabar la Olimpiada para regresar a su país... Y jugar dos partidos más contra el Celta. Los aficionados que abarrotaban el campo, estaban llenos de ilusión pensando en una victoria del Celta, nada menos que contra la selección olímpica del Uruguay. El Celta incluso se había reforzado con dos de los jugadores que el año anterior habían desertado de sus filas: Ramón González y Chiarroni. El aplauso con el que la afición acogió a los uruguayos fue de auténtica gala, pero fue mucho más atronadora la ovación con la que se acogió la presencia de los jugadores del Celta, que alineó a Lilo; Juanito, Pasarín; Balbino, Gallego, J. Torres; Reigosa, Ramón González, Chiarroni, Polo y Correa. Tres días después vigueses y uruguayos se volvieron a enfrentar en el mismo escenario, donde el triunfo volvió a ser para la selección uruguaya, que esta vez venció por 4-1. Fueron tan contundentes las dos victorias de la selección del uruguay, conseguidas con un fútbol de altísima calidad, que el genial Handicap, en su crónica deportiva de Faro de Vigo, escribió una frase que ya quedaría para siempre en el libro de oro del Real Club Celta: "Por el campo de Coya pasó una ráfaga olímpica". Ante aquel ambiente tan sensacional, los uruguayos realizaron una gran exhibición de fútbol, que se plasmó en un 3-0 a su favor en el marcador.
UN CAMINO DE ORO
POR AQUÍ PASÓ UNA RÁFAGA OLÍMPICA.
La AUF antes de tomar parte del certamen propiamente dicho, pactó una gira preparatoria por España. Para ello la AUF envió a Europa al delegado Asdrúbal Casas, Enrique Buero y el señor Casto Martínez Laguarda, para que se encargara de realizar una gira previa a los Juegos. El objetivo era obtener más recursos para la estadía y el alojamiento de la delegación uruguaya. La confirmación de nueve partidos en España, cuyo itinerario comprendía partidos en Vigo, La Coruña, Bilbao, San Sebastián y Madrid, vino a confirmar la gira previa. El lunes 7 de abril de 1924, arribó al puerto de la ciudad de Vigo, el seleccionado uruguayo de fútbol, siendo recibidos cálidamente por autoridades locales y público en general. El primer partido se jugó en el Campo de Coia ante unos 12.000 espectadores, el 10 de abril, ante una multitud para la época, calculada en 4.000 personas, a pesar de ser un día lluvioso. El árbitro de este primer partido frente al Real Club Celta, fue el uruguayo Ángel Atilio Minoli. El equipo local, que vistió de camiseta roja, actuó reforzado con dos jugadores del Deportivo La Coruña. Por su parte el seleccionado uruguayo (camiseta celeste), formó con: Andrés Mazzali, José Nasazzi (capitán) y Fermín Uriarte; Leandro Andrade, José Vidal y Alfredo Ghierra; Santos Urdinarán, Héctor Scarone, Pedro Petrone, Pedro Cea y Pascual Somma. El resultado final, Uruguay 3 Celta 0, habiendo marcado los goles para los sudamericanos, Petrone, Cea y Urdinarán. A las 16 horas del 10 de abril de 1924, hace 99 años, el Celta de Vigo se enfrentaba a la selección de Uruguay en el campo de Coia. Era una cita especial ya que se trataba de la primera vez en la que un combinado internacional americano jugaba un partido en Europa. Los charrúas deleitaron a todos los asistentes con un encuentro soberbio en el que se llevaron la victoria por 0-3, con goles de Pedro Petrone, Pedro Cea y Santos Urdinarán. El Celta, que en ella época estaba dirigido por el inglés Francis Cuggy. El combinado charrúa ofreció un auténtico recital de fútbol: "Los uruguayos ofrecieron un verdadero espectáculo de fútbol y deportividad, consiguiendo el triunfo por 0-3. El gran Handicap tituló al día siguiente "Una Ráfaga Olímpica pasó por el campo e Coia". Un nuevo partido pautado para el 13 de abril, se llevó a cabo en Vigo, en el campo de Coia, nuevamente ante el Celta, el seleccionado uruguayo gana 4 a 1, con goles de Petrone en dos oportunidades, Zoilo Saldombide y Cea. De esta forma se despidieron del público gallego, los uruguayos, partiendo al día siguiente hacia Bilbao, donde también tenían dos partidos previstos. Los titulares de algunos periódicos decían: “Por los campos de Coya paso ayer una ráfaga olímpica…” frase del periodista Manuel de Castro, del “Faro de Vigo” que además agregó… “hemos visto jugar a los sudamericanos. ¡Y como juegan…! El equipo olímpico del Uruguay ha maravillado a la afición gallega que fue a Coia…” No fue el único comentario, el resto de la prensa de Vigo no escatimó elogios para los uruguayos. Siguiendo con la gira, el 20 y 21 de abril, juegan frente al Athletic de Bilbao. La celeste vence al “Athletic” en sus dos juegos, 2 a 1 y 2 a 0. Ambos encuentros jugados en San Mamés. El árbitro del primer encuentro fue el uruguayo Atilio Minoli, que no tuvo una buena tarde, mostrando imparcialidad, castigando a los del “Athletic” con faltas inimaginables, según comentarios de la prensa. Para el segundo encuentro, llevado a cabo al día siguiente, los bilbaínos, ante algunas bajas, solicitaron refuerzos, del Arenas de Guecho y de Racing de Santander. Por su parte el seleccionado uruguayo, también con varios cambios, formó con: Mazzali, Nasazzi (capitán) y Tomassina, Zingone, Vidal y Ghierra; Urdinarán, Petrone, Etchegoyen, Cea y Saldombide. Se destaca, lo escrito por el periodista “Castrillejos”, en “El Mundo Deportivo” luego de éste segundo partido en tierras vascas:” … a pesar de la victoria uruguaya, la impresión en Bilbao es de que el equipo sudamericano no tiene grandes probabilidades de triunfo en París, estimándose que el “Athletic” completo lo vencería. En momentos de apuro recurren los uruguayos a grandes recursos. Es admirable su entusiasmo por vencer. La impresión causada hoy por el once uruguayo es semejante a la trasmitida ayer” (en referencia al primer partido del día anterior). La “tournee” uruguaya continuó en San Sebastián. “Los uruguayos siguen haciendo victoriosas exhibiciones”, tituló de “El Pueblo Vasco”. Esto luego de ganarle a la Real Sociedad por 2 a 0, el domingo 27 de abril, en el campo de juego de Atocha, con un público numeroso, sin estar a pleno las gradas. Los goles del equipo celeste fueron marcados en el segundo tiempo por Etchegoyen y Cea. Para este partido, el seleccionado uruguayo jugó con muchos suplentes, la gira fue desgastadora y se les daba oportunidad a los suplentes. El público ovacionó a los celestes, fueron más aplaudidos que los de su propia casa al finalizar el partido. Destacado el espíritu amistoso, dejando una agradable impresión. Los celestes regresaban a Galicia, más precisamente a La Coruña, para enfrentar al Real Club Deportivo. Con mucha expectativa, se aguardaba al seleccionado celeste para los dos partidos programados (2 y 4 de mayo) frente al Deportivo La Coruña. Es por eso que el campo, Centro Deportivo Riazor, estuvo repleto de público en ambos partidos. Uruguay, gana 3 a 2 y 2 a 1. El segundo encuentro frente, al Deportivo La Coruña, tuvo como árbitro del juego al uruguayo Atilio Minoli, resultando fundamental para que el triunfo sea para sus compatriotas. Al decir de la prensa, no reparó en decisiones que favorecieran a los “celestes”. Así fue, ya que parte del público abucheó, agredió al árbitro y a los jugadores uruguayos al término del partido. “Minoli tiró abiertamente…” en favor de los uruguayos, dejándose en casa la suficiencia y la imparcialidad. El final de la gira programada fue con dos partidos en la capital española, El primero de ellos, con él Atlético de Madrid, el 11 de mayo. La prensa española de la época decía: Diario ABC: “Selección uruguaya 4 tantos; mezclilla madrileña 2 tantos”. “¡Por fin vimos jugar a los uruguayos en Madrid!”, este titular, nos dá la idea de que fue casi un seleccionado, reforzados los del Atlético por jugadores del Real Madrid y de la Real Unión de Irún, el que jugara contra Uruguay. Con bastante público, calculado en 20.000 personas, con la presencia del Rey Alfonso y además del Ministro de Uruguay, presentes en el Stadium Metropolitano. Bajo las órdenes del árbitro del encuentro, Santiago Bernabeu, la celeste gano 4 a 2. Los goles uruguayos marcados por Petrone, Cea, Scarone, cerrando el 4 a 2, nuevamente Petrone. Es interesante lo que escribió, el periodista Sr. Domingo de “La Vanguardia”, en su análisis sobre el seleccionado uruguayo: “No creemos al equipo uruguayo como cuco de la próxima Olimpiada, pues en técnica y brío es inferior al checoslovaco, al danés, al húngaro y a otros muchos. Su clase de juego es parecida al holandés, pero también consideramos al seleccionado nacional de Holanda, superior al uruguayo…” El 15 de mayo, los uruguayos jugaron su último partido de la gira por España, esta vez frente a Racing Club de Madrid, reforzado por otros jugadores españoles; solamente tres jugadores eran del Racing, el resto, jugadores de Sevilla, Real Unión C. de Irún y gran arquero español Ricardo Zamora del R.C.D. Español. Se jugó en el Stadium Metropolitano ante 18.000 espectadores. Uruguay gana 3 a 1; con goles de Petrone, en dos oportunidades y Scarone; Racing malogró un penal, siendo contenido por Mazzali. Zamora, el arquero español, se mostró molesto con los dos centrales, por errores que permitieron a los delanteros uruguayos marcar, tuvo mucho trabajo para evitar otros tantos. El Seleccionado nacional uruguayo cerró así su gira por España. “Mañana salen a París, dispuestos a disputar a los equipos europeos, la supremacía en el fútbol”, escribió el diario El Mundo Deportivo y agrega "Sin ninguna duda, estos campeones sudamericanos son los mejores futbolistas que hemos visto por aquí". El 26 de mayo de 1924, la selección uruguaya comenzó el torneo ganándole a Yugoslavia 7 a 0 en la fase preliminar. Los goles de aquel partido disputado en Colombes los convirtieron Vidal, Scarone, Petrone (2), Cea (2) y Romano. El 29 de mayo de 1924, por octavos de final, Uruguay superó 3-0 a Estados Unidos en el estadio Bergeyre de París con goles de Petrone (2) y Scarone. La victoria le posibilitó a la Celeste la clasificación a cuartos de final en donde enfrentó a Francia el 1° de junio de 1924 derrotando Uruguay a los locales en gran exhibición por 5-1 con goles de Scarone (2), Petrone (2) y Romano. En semifinales el 6 de junio de 1924, Uruguay le ganó a Holanda 2-1 luego de ir en desventaja. Los goles fueron convertidos por Cea y Scarone. En la final disputada el 9 de junio del mismo año en el estadio Olímpico, Uruguay goleó 3-0 a Suiza logrando la medalla de oro. Petrone, Cea y Romano convirtieron los goles. Petrone llegó a siete conquistas y fue el goleador del certamen.
PARÍS - FRANCIA 1924 - 2024
LA PRIMERA VILLA OLÍMPICA
Los jugadores uruguayos en su alojamiento en los juegos Olímpicos de París en 1924.
El 17 de mayo, la delegación oriental arribó a París y se instaló en la Villa Olímpica, en aquel entonces denominada “Aldea Olímpica”. El torneo de fútbol se desarrollaba en el suburbio de Colombes. En aquella edición en París acudieron 3.075 deportistas de 44 países. Recién llegados a la Villa Olímpica, el 17 de mayo, la delegación oriental arribó a París, los uruguayos viajaron en tren desde Madrid. Allí se encontraron con más sorpresas. En concreto con un centenar de madera desmontables, con techo a dos aguas, aparentemente construidas de prisa, hacinadas con un orden aproximado, en terreno reducido. Cada casilla con su subdivisión de cuatro cuartos, de dos camas y una especie de percha-ropero. Y no mucho más. Allá otras casillas más espaciosas, tipo restaurante, luego el ‘stand' de baños, sendas estrechas, etcétera". Las expectativas se desvanecieron, aun antes de entrever una idea cabal. El silencio dio paso a la desazón y el desaliento. ¡Villa Olímpica! ¡Qué distinta la imaginaron!...Ante la situación de incomodidad de la delegación uruguaya y los muchachos celeste, los delegados se movieron. El vasco Odriozola previa comunicación, contaba con la financiación necesaria luego de un par de telegramas entre el embajador uruguayo en París y el Canciller. Mientras tanto, Odriozola había consultado al dueño del hotel y éste le recomendó un sitio cercano a la Villa Olímpica llamado “Argenteuil” que era habitado por una señora conocida suya, pero el vasco fiel a su estilo prefirió averiguar en otros sitios previamente. En paralelo, otro grupo había salido a buscar alojamiento. Uno de los jugadores de la delegación era un colega arquitecto llamado Leónidas Chiappara, futbolista de River Plate que había sido anotado como jugador de reserva, acompañaba a otros dirigentes en la búsqueda de alojamiento.
EL CASTILLO ARGENTEUIL
Mudanza y nueva concentración del plantel celestes en Francia.
A continuación se encontraron con ellos en las cercanías de la última parada que tenían planificada. Todo el día vieron lugares que ofrecían cómodas instalaciones, pero la palabra “cómodo” era solo parte de su promoción. Finalmente se decidieron por el castillo de Argenteuil, propiedad de Madame Pain, que lo alquilaron a un precio conveniente, de acuerdo a como lo describió Martínez Laguarda, presidente de la delegación, en el Informe Oficial decía: “una simpática viejecita, que desde ese día tuvo para la delegación las más gentiles atenciones surgió como una verdadera hada para brindar a nuestros muchachos aquel calor afectivo que tanto debían añorar al evocar la familia, el hogar, todo lo que se había dejado lejos” Para evitar las tentaciones de vivir en París se escogió la paz del pequeño “Argenteuil”, señaló en ese entonces el entrenador de Uruguay Ernesto Figoli. Desde allí podían ir caminando al estadio de Colombes y, de paso, pasear por una ciudad que entonces era considerada la capital del mundo. En el anochecer de aquel verano de nuestra vida, los uruguayos caminaron las diez cuadras que separaban aquel majestuoso estadio de su lugar de estadía, el Castillo de Argenteuil, en sus valijitas y pequeños paquetes llevaban sus herramientas de trabajo que iban envueltas, en aquellas sudadas camisetas celestes, la gloria finita de aquel éxito y los sueños infinitos de aquella patria, este pueblo, que ha hecho del fútbol parte de su cultura y su identidad. Al llegar al castillo, Marie Pain, les tenía preparado una alfombra de pétalos de rosas en la senda por donde ingresarían a su castillo de gloria, los ya campeones en el anochecer de aquel casi veraniego 9 de junio d e1924.
EL AMIGO DETRÁS DEL JUGADOR CELESTE.
No hubo nadie igual. Ernesto “Matucho” Fígoli, fue entrenador del fútbol uruguayo. Nació el 21 de agosto de 1888. Es tan grande su legado que estuvo con todos los cracks que se puedan nombrar desde los albores del fútbol uruguayo hasta su fallecimiento el 26 de julio de 1951. Su idilio con la selección comenzó en 1920, cuando comenzaron a pavimentarse las calles en Montevideo. Como director técnico de la selección uruguaya, fue el único representante del fútbol uruguayo en ganar los cuatro títulos mundiales 1924,1928,1930 y 1950. Cuatro veces campeón del mundo y cinco de América con Uruguay. Dirigió a la selección de fútbol de Uruguay entre los años 1920 y 1922, en 1924 y en 1926. Obtuvo el Campeonato Sudamericano 1920 y el Campeonato Sudamericano 1926, ambos en Chile, y la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de París 1924. Fígoli se refirió a la forma en que Uruguay afrontó el campeonato en París 1924: «No sabían de nosotros porque nuestros roces internacionales eran muy reducidos, y habíamos competido sólo en Río de Janeiro, Viña del Mar, Buenos Aires y Montevideo. Nos veían pequeños porque cruzamos el Atlántico en camarotes de tercera clase. No sabían que en nuestro equipo era tan importante el entrenador como el doctor y el experto en condición física. Queríamos jugar a todo ritmo los 90 minutos de cada partido. Nos concentramos en el torneo. Por eso evitamos la tentación de vivir en París y escogimos la paz del pequeño Argenteuil». Cuando se mudaron de la Villa Olímpica y se alojaron por la tarde de noche en el castillo Argenteuil, ese día Matucho hizo de comer pastas con tallarines con tuco y pollo. Un plato tradicional como se hacía acá y allí. Por entonces dijo: “Ahora sí no nos gana nadie, llegaremos a la final y seremos campeones”. Estuvo allí en la primera vuelta olímpica dentro de la cancha con sus amigos cuando los celestes la inventaron en 1924. Trabajó de todo con la celeste. Matucho era confidente, cocinero, utilero, masajista, ayudante técnico y así los mandados para comprar lo que iba a cocinarle a los celestes. De oficio, peluquero, barbero y también fue quinesiólogo de las selecciones uruguayas que obtuvieron la Copa Mundial de Fútbol de 1930 en Uruguay y la Copa Mundial de Fútbol de 1950 en Brasil y en los triunfos olímpicos de 1924 y 1928. La lista de jugadores que pasaron por sus manos es interminable. Matucho era masajista de una sociedad médica y se ofreció a Peñarol en 1907. Fue aceptado y a partir de allí comenzó una historia tremenda ligada a ese club y a los títulos más importantes que ganó la selección uruguaya. Estuvo muy vinculado al Club Atlético Peñarol como simpatizante y socio activo del club durante cuatro décadas.
Su importancia fue tal para el fútbol uruguayo que a su velatorio, en la sede de Peñarol, concurrieron los integrantes del plantel del Club Nacional de Football a rendirle guardia de honor. No sabía más que él de todos los jugadores. De todos. No había ninguno que se peleara con Matucho o que no le comentara alguna intimidad. Cuando llego el Mundial de 1930 en Montevideo, le toco participar de la visita del Mago Carlos Gardel a la concentración del Olimpia Park (la actual sede de River Plate al lado del Saroldí), quien le canto a los futbolistas. Eduardo Gutiérrez Cortinas lo describió así: «Petiso simpático, siempre de boina oscura; gordito pero ágil, no solamente hacía valer sus manos y sus masajes esenciales, para el sistema muscular y sanguíneo, sino que conquistaba por su bonhomía, sus consejos paternales, su amistad a toda prueba. Nadie sabía tanto de la intimidad de los jugadores como Matucho.
UNA LEYENDA VIVA
SANGRE DE CAMPEÓN
Pedro Arispe, nació en Montevideo (Uruguay) el 30 de septiembre de 1900 y falleció en Montevideo (Uruguay) el 04 de mayo de 1960. Conocido popularmente por su apodo como el “Indio Arispe”, hijo entrañable de la Villa del Cerro. Vivió Arispe en una casa muy cerca del Parque Nelson y nació en el seno de una familia con excelentes condiciones futbolísticas, como lo demostraron sus hermanos Domingo y Francisco que oportunamente jugaron en Rampla y Nacional. Siendo jugador del fútbol uruguayo, vistió las casacas de la Selección Nacional Uruguaya (La Celeste) y la de Rampla Juniors con sus colores rojo y verde. Este legendario futbolista es sin duda uno de los jugadores con un glorioso pasado que haya pasado por la vida del club al haber conquistado dos oros y títulos olímpicos en 1924 - 1928 con la Selección Uruguaya y ha sido el jugador que más veces a defendido la camiseta rojiverde, habiendo participado durante 17 temporadas y disputando más de 300 partidos en Primera División. Siendo baluarte de la defensa junto al “mariscal” José Nasazzi con la Selección Uruguaya. De muy joven comenzó jugando en Belgrano Oriental, luego paso a Reformers y con un pasaje por el club Albión del Cerro, hasta que tiene la posibilidad de debutar en su querido Rampla en el año 1919, que se encontraba en la División Intermedia, haciendo pareja de backs junto a otro gran jugador como lo fue Juan Carlos Vidal (con quien jugaría hasta 1927) y poco tiempo después, más precisamente en el año 1921, obtendría el título de campeón de esta Divisional, ascendiendo a 1ª División junto a otros valores que se sumaron al Club en este momento, bajo la presidencia de Ernesto Moirano. En 1923 es Vice-Campeón Uruguayo con Rampla y en octubre de 1924 formaría parte de la selección uruguaya que obtendría el Campeonato de América disputado en Montevideo, junto al inolvidable "Mariscal" Nasazzi y también junto a otro ramplense como fue Alzugaray. En mayo de 1924 llegaría el momento cumbre para su vida, con la obtención en Colombes (Francia), de su primer título mundial, debutando en los Juegos Olímpicos de Paris 1924, en el segundo partido de la celeste frente a la Selección Nacional de Estados Unidos, ganando la titularidad donde a posteriori jugaría todos los partidos consagrándose Campeón Olímpico, escribiendo su nombre en la primera gran epopeya del fútbol celeste. La Selección Nacional Uruguaya fue el primer equipo americano que jugó en Europa. La celeste en abril de 1924 en Vigo (España) realizo un partido amistoso de preparación previo a los juegos olímpicos en Paris contra el equipo del Celta de Vigo, venciendo a este por 4 a 1.
Participó en los tres partidos de su selección en el Campeonato Sudamericano de 1924. Entre sus galardones, fue internacional con Uruguay en 19 partidos. Disputó tres campeonatos oficiales con la celeste, consagrándose campeón en las tres ocasiones. Vuelto a nuestro país, lleno de gloria, retorna el campeón olímpico a su amado Rampla, donde siguió defendiendo sus colores, hasta que en el año 1927 obtiene lo que guardaría para toda su vida como "su tesoro más apreciado". En ese año 27, siendo Arispe el capitán del equipo, Rampla obtiene el anhelado título de Campeón Uruguayo, tras disputar el campeonato uruguayo de 1ª División más largo de la historia de AUF. Capitaneaba este plantel formando con el "Pulpo" Ballestero (como arquero) y Aguirre, uno de las mejores formaciones del triángulo final que haya tenido el fútbol de nuestro País. En el 1928, seria nuevamente Vicecampeón Uruguayo con Rampla y en este año también llegaría para el "Indio" una segunda consagración mundial, ésta vez seria en Amsterdam (Holanda), donde nuevamente se consagraría Campeón Olímpico con la Selección Celeste. A su vasta carrera futbolística podemos agregar que siempre en carácter de préstamo acompañó a Nacional en su excelente "tournée" por Europa en 1925, donde enfrentó a los equipos más poderosos de Francia, España, Italia, Portugal, Suiza, Austria, Checoslovaquia, Bélgica y Holanda. Junto con Rampla, participó en las giras del año 1930, 33 y 36 por Argentina y Chile, no pudiendo, lamentablemente, participar en la gira de Rampla por Europa en el año 1929. Participó con Uruguay en el campeonato sudamericano de Buenos Aires de 1929, así como en las Copas Lipton y Newton. Se desempeñó como asistente de Alberto Suppici en la Copa Mundial de Fútbol de 1930, en la que Uruguay se coronó campeón. Pasó a ser una leyenda para él fútbol uruguayo y un referente en la historia del club Rampla. Su último partido con la camiseta celeste fue en 1929. Quince años de fútbol activo en Primera y de jornadas hazañosas, jerarquizan la gran trayectoria de Pedro “Indio” Arispe, hasta que en el año 1937 se retira de las canchas con todos sus ganados laureles logrados y sus amados Rampla y la Selección Uruguaya. En honor al histórico capitán con Rampla Juniors, campeón olímpico con Uruguay en 1924 y 1928 en la década de 1920, en el año 2019 al campo de juego donde entrena el equipo de Rampla Juniors se lo denomina «Estadio Olímpico Pedro Arispe» Su ubicación a orillas del mar, con unas inmejorables vistas hacia la bahía de Montevideo lo han convertido en uno de los estadios más llamativos del mundo y es visitado con frecuencia por periodistas, turistas y fanáticos futboleros del mundo. En el estadio cuando juega de local el equipo suena y es reproducida la canción “El Viejo Rampla” y nombra a este jugador en su letra: “…vos tuviste al Indio Arispe, indio bravo te acordás…” Una calle de la Villa del Cerro, lleva el nombre del Pedro “indio” Arispe.
El periodista Julio César Puppo del medio “El Achero”, nos legó a perpetuidad el concepto de patria que acuñó el Indio Arispe para siempre cuando conquistó el primer oro olímpico para Uruguay en Colombes 1924 (Paris): “Para mí, la patria era el lugar donde, por casualidad, nací. Era el lugar donde trabajaba y se me explotaba… ¿Para qué precisaba yo una patria? Pero fue allá, en París, en Colombes, en los Juegos Olímpicos de 1924 donde me di cuenta cómo la quería, cómo la adoraba, con qué gusto hubiese dado la vida por ella. Fue cuando vi levantar la bandera en el mástil más alto. Despacito, como a impulsos fatigosos. Como si fueran nuestros mismos brazos, vencidos por el esfuerzo, agobiados por la dicha quienes la levantaron. Despacito. Allá arriba se desplegó violenta como un latigazo y su sol nos pareció más amoroso que el de la tarde parisién. Era el sol nuestro… Abajo, las estrofas del himno que llenan el silencio imponente de muchos miles de personas sobrecogidas por la emoción. ¡Entonces sentí lo que era patria!”.
Notas y comentarios de la época dicen del Indio Arispe referente a su forma de juego que, “Cuánto más fuerte es el rival y más recia es la lucha, más se prodiga y agiganta. De estilo personal, hace llegar al adversario hasta sus posiciones, donde con enérgicos y decisivos quites le despoja de la pelota, anulando a cuanto adversario le sale al paso y es digno de desatacar que, a pesar de la energía de su juego y los años de actuación, ni la más insignificante observación le ha sido aplicada por la A.U.F.”. ¡Como jugo el “Indio” aquella tarde de diciembre!... La visión de la derrota lo agrandaba; todo el medio del campo era suyo y en la última media hora despojaba de la pelota a los grandes forwards adversarios, arrasaba con ella, con pases magníficos, con órdenes sabias, con voces de aliento, impulsaba a los suyos. Un jugador de fútbol decía en aquella época: Fui a esperarlo al vestuario. Yo sabía cómo le dolían las derrotas, yo conocía el tamaño de su corazón. Me había encontrado con el muchas veces. Fue en la cancha que nos hicimos amigos. Recuerdo un día que Rampla nos ganó tres a cero. Arispe, que siempre salía a guerrear, a dar la cara, buscar al forward, ni me dejo mover. Era mucho jugador para mí. Pero también recuerdo que, con el partido ya definido, para endulzarme, me marcaba de lejos, me veía irme y luego me decía: “bien flaco; ¡gran jugada!”...Me quería dar ánimo. ¡NO me quería inferiorizar con su gran jerarquía de jugador! Por eso lo esperé. Salimos juntos del Parque. En el boliche de Garibaldi y 8 de octubre bebimos dos cañas dobles. La dulce y tibia Habana nos confortó el corazón. Con las primeras sombras de la noche partimos; yo, para mi “Barrio Reo” y él para su Cerro... Desde la plataforma del tranvía me saludo, levantando la mano, con aquel gesto suyo de paisano bueno...
El periodista Argentino J. Navarro del Diario Argentino “Ecos Del Football”. El 5 de Julio de 1960, nos dice lo siguiente: Campeón brillante de Colombes y de Amsterdam..”Indio” que recorriste el mundo cosechando laureles, siempre modesto, sencillo y bueno... ¡Me parece que te veo haciendo adiós!.. Adiós, Indio, adiós...” El 4 de mayo último se apagó la vida de Don Pedro Arispe. Como amigo y admirador del formidable “Indio” de las selecciones orientales, le debía esta nota que escribo con intima emoción, como justiciero homenaje al zaguero internacional que formo junto con Nassazi, la mejor pareja del honroso historial futbolístico uruguayo. Hijo predilecto de la Villa del Cerro que lo vio nacer, Arispe era uno de esos hombres, que Dios pone en la tierra, para embellecer la vida y hacer más placentera y cordial la existencia de quienes tienen el privilegio de ganar su amistad. Fiel a la divisa del Club de su barrio; Campeón Olímpico y Sudamericano, conoció todos los halagos que pudo brindarle el deporte, pero en lo más recóndito de su ser, guardaba como tesoro más apreciable, la conquista del Torneo Uruguayo del 27, capitaneando a Rampla”. Se desprende de algunos comentarios del entorno cercano a ellos que: Cuando jugaban juntos, Nasazzi y Arispe tiene un simbolismo muy grande, como cuando jugaban juntos, y el capitán le pedía “¡Rompa fuego Indio!, o Arispe le indicaba “¡Cabecita Terrible!”. Algunos Ramplenses de estos tiempos dicen: vemos la historia de Arispe y sentimos orgullo de Rampla y aunque no pudimos conocerlo y alentarlo en persona, desde aquí, hoy en día solo podemos decir... gracias por hacer a Rampla grande y a Uruguay gigante.
GALERIA
EMPEZAMOS SIENDO PUNTO
TERMINAMOS SIENDO BANCA
En aquellos Juegos los europeos se burlaron en demasía de los sudamericanos. La supremacía europea en estos Juegos Olímpicos era abrumadora. De los 22 equipos participantes 18 pertenecían al viejo continente. Los ‘otros’: Egipto, Turquía, Estados Unidos y Uruguay, eran despreciados. Casi nadie conocía al pequeño país oriental. De hecho, el Diario Francés Le Temps publicó antes del certamen: "Nos apena que sean tan torpes estos jóvenes sudamericanos. Han venido desde tan lejos y tendrán que volverse después del primer partido". Radio Bío Bío recogió unas antiguas declaraciones hechas por el entrenador uruguayo de aquel entonces, Ernesto Fígoli, quien habló sobre este tema. “No sabían de nosotros porque nuestros roces internacionales eran muy reducidos, y habíamos competido sólo en Río de Janeiro, Viña del Mar, Buenos Aires y Montevideo (...) No sabían que en nuestro equipo era tan importante el entrenador como el doctor y el experto en condición física. Queríamos jugar a todo ritmo los 90 minutos de cada partido. Nos concentramos en el torneo. Por eso evitamos la tentación de vivir en París y escogimos la paz del pequeño Argenteuil”, señaló en ese entonces el entrenador de Uruguay Ernesto Figoli. De hecho su primer rival en los Juegos, Yugoslavia, mandó emisarios a espiarlos durante los entrenamientos. Pero los ‘charrúas’, inteligentes, les dieron una verdadera lección de humildad. Sabiendo que los estaban observando, fingieron dentro del campo de juego. Fallaron disparos, tropezaron en cada pase que dieron y no acertaron a ni un disparo al arco. A continuación, el reporte de los yugoslavos fue categórico. “Dan pena estos pobres muchachitos que vinieron de tan lejos…No tienen idea de lo que es el fútbol. Serán presa fácil de los nuestros y de cualquiera que se les ponga enfrente" dijo el estratega. Pero los charrúas tenían otros planes. ¿Qué fue lo que ocurrió después? Uruguay le endosó un 7-0 a sus rivales de los balcanes; el pequeño país desconocido para Europa dictó cátedra de principio a fin "con jugadas llenas de garra, gambetas, pases precisos y un toque diferente, que los yugoslavos no conocían". Tras esa presentación se ganaron el respeto de todos.
EL DEBUT
El Torneo de Fútbol de los Juegos Olímpicos se disputó entre el 25 de mayo y el 9 de junio de 1924 y tuvo la participación de 22 selecciones, con una fase preliminar y una fase final en formato de enfrentamiento directo a partir de octavos de final. La Selección Uruguaya comenzó el certamen venciendo 7-0 a Yugoslavia en la fase preliminar el día 26 de mayo. Los goles de aquel partido, disputado en Colombes, los convirtieron José Vidal, Héctor Scarone, Pedro Petrone (2), Pedro Cea (2) y Ángel Romano. La sorpresa europea al ver el sensacional rendimiento charrúa fue elocuente. “Apenas treinta minutos estuve en el field de Villa Lumiere y me bastó para traer al Comité el aviso de que los orientales juegan al football de los profesionales. Con esto, queda resumida mi opinión”, declaró un miembro del Comité Olímpico citado por el diario El País.
ESTADOS UNIDOS
El siguiente partido mediría a la Celeste con Estados Unidos. La sensación futbolística uruguaya en París seguía creciendo: de los casi 5.000 espectadores que presenciaron el duelo ante los yugoslavos, se llegaron a casi 20.000 en este juego, todos ansiosos por ver a nuestros futbolistas. El combinado superó 3-0 a su rival de turno en el estadio Bergeyre con tantos de Petrone (2) y Scarone. El enfrentamiento se redujo a la exquisita técnica oriental contra el accionar físico y aguerrido de los norteamericanos. En Francia se hablaba de un “juego jamás visto y no superado por nadie”.
FRANCIA
La victoria ante Estados Unidos le posibilitó al combinado celeste clasificar a cuartos de final. Los dirigidos por Figoli tuvieron que verse las caras con el dueño de casa, Francia. El morbo previo al encuentro creció en demasía. Más de 45 mil almas llenaron las gradas para ver aquel partido el 1° de junio en el estadio de Colombes. No hubo un solo asiento vacío: poco más de 30.000 espectadores para presenciar el, hasta ese momento, partido más importante del torneo. Se habló de “record de concurrencia”. El resultado asomaba incierto porque los galos no solo eran locales, sino que tenían un buen seleccionado, liderado por el arquero Pierre Chayrigues y el delantero Paul Nicolas. Sin embargo, el impactante 5-1, con anotaciones de Scarone (2), Petrone (2) y Romano, no dejó dudas. “Experimenté muchas emociones en mi larga vida deportiva, pero aquella, la que siguió inmediatamente al gol que provocaba la desazón a los franceses, que desilusionaba a nuestros anfitriones, que provocaba, aunque fuera un instante de desencanto al propio París que tanto nos quería, se me quedó grabada para siempre”, resumiría muchos años después Héctor Scarone en el diario Acción.
PAÍSES BAJOS
La semifinal fue el partido más difícil del certamen para los orientales a pesar de que a Países Bajos no se le asignaban demasiadas posibilidades al inicio del campeonato. En Colombes, el día 6 de junio, los neerlandeses se pusieron en ventaja en la primera mitad. El accionar rival sorprendió por completo a los uruguayos ya que, además de físico, era muy disciplinado. Si bien nunca dejó de creer en sus posibilidades, la Celeste no desplegó aquella tarde su mejor juego. A falta de poco menos de media hora, y cuando el combinado arreciaba en base a coraje y espíritu, Pedro Cea logró empatar. El viento, entonces, cambió y a falta de 9´, un penal cometido a Petrone, posibilitó que el infalible Scarone, con remate ajustado, decretara la victoria y el pasaje a la final. El diario El País habló de “lucha bravísima”, pero aclaró: “nuestro team se crece tanto más, cuanto más serio es el oponente”.
FINAL URUGUAY VS SUIZA. URUGUAY CAMPEÓN DEL MUNDO
De forma sorpresiva para la cátedra futbolística, Suiza derrotó 2-1 a Suecia en la otra semifinal y se acomodó en la definición del torneo frente a los uruguayos. El 9 de junio de 1924, en el estadio Colombes y ante 60.000 aficionados (se volvieron a romper records de espectadores y recaudación), 10.000 hincas tuvieron que quedarse afuera por falta de espacio, lo que provocó algunos incidentes en el que hubo heridos de gravedad. Uruguay se enfrentó a Suiza en la final de los JJOO. El colegiado francés Marcel Slawick, fue el encargado de dirigir el encuentro. La alineación que presentó el técnico charrúa fue la siguiente: Mazali; Nasazzi, Arispe, Andrade, Vidal, Ghierra, Urdinarán, Scarone, Petrone, Cea y Romano. Por su parte el conjunto suizo saltó al terreno de juego con la siguiente formación: Pulver; Reymond, Ramseyer, Oberhauser, Schmiedlin, Pollitz, Ehrenbolger, Pache, Dietrich, Abegglen y Fassler. Uruguay dominó de principio a fin del choque y se adelantó en el marcador en el minuto 27 de la primera mitad, el autor del citado tanto fue Petrone; tras milimétrico pase de José Vidal, y el “Vasco” Cea tras capturar un rebote del arquero luego de un disparo de Scarone el “Vasco” hizo el segundo en el minuto 18 de la segunda parte y Ángel Romano de cabeza de centro de Santos Urdinarán hizo el tercero en el 36 de segunda parte. en el complemento, marcaron los goles más importantes hasta ese momento de la historia del balompié oriental. La Celeste se impuso 3-0 y se consagró campeón mundial. Scarone decía…“Nos abrazamos al final. Más de uno lloraba. Dimos la vuelta olímpica. Pero caminando. El público quería vernos de cerca. Nos tiraban flores. Aquello fue inolvidable. Y después nos formamos para que levantaran en el mástil más alto, nuestra bandera. Por fin, allá arriba, besada por el sol de París, flameó nuestro pabellón. Ahí sí nos costó a todos contener las lágrimas”, se recordaría muchos años después. Al día siguiente la prensa decía: El Día publicó: “Ayer, los bravos footballers uruguayos se cubrieron de gloria en el Estadio de Colombes, clasificándose campeones mundiales”. El País remarcó: “Una jornada definitiva y consagratoria”. Y agregó: “Los valores de nuestro team se impusieron netamente sobre Suiza. El Uruguay es campeón mundial de football. Montevideo ha vivido ayer sus más intensas horas de emoción patriótica”. Los periódicos galos se rindieron ante el éxito uruguayo. Echo Des Sports: “Ha triunfado el mejor equipo. Una vez más los uruguayos han seducido por la elegancia, finura, agilidad y belleza de sus jugadas”. L´Auto: “Felicitemos a los vencedores, soberbios jugadores del Uruguay, que se han impuesto ante los representantes de las más grandes naciones, afirmando que la vitalidad de su raza es debida en gran parte a la fecunda labor deportiva”. Petrone, con siete goles, se consagró máximo goleador del certamen, a su vez que también fueron elevados a sitiales de brillantez futbolística por parte de prensa, aficionados y expertos Mazali, Nasazzi, Andrade, Scarone, Cea y Romano. Las recaudaciones del torneo mundial de la VIII Olimpíada contribuyeron enormemente a solventar los déficits que generaron los otros deportes.
TERRITORIO CELESTE
EL MARISCAL
José Nasazzi nació junto con el siglo, en 1901. Era el back derecho que luego se constituyó en el alma de su equipo. Fue el centro forward o centro half en Bella Vista. Es considerado uno de los mejores defensas latinoamericanos de todos los tiempos y el mejor del fútbol uruguayo. Era el capitán de Bella Vista, pero el fútbol aún era amateur y por eso los cracks del torneo charrúa debían ganarse la vida fuera de las canchas. Tenía 23 años cuando fue citado para jugar los Juegos Olímpico con la Selección Uruguaya en París y trabajaba en los talleres de marmolistas que se dedicaban a la construcción del Palacio Legislativo de Montevideo. Cuando fue convocado para viajar a Francia, enseguida le dijo a la máquina con la que trabajaba: "Nunca más te voy a agarrar en mi vida...". Y tuvo razón, porque cuando regresó del viejo continente fue contratado por los Casinos Municipales de Montevideo. La historia del capitán es sólo una metáfora de cómo le cambiaron la vida al fútbol uruguayo los títulos olímpicos de 1924 y 1928. Esas medallas marcaron la graduación de una potencia mundial. José Nasazzi, “El Mariscal”, el Gran Capitán era un excelente defensa, de gran temperamento, poseía una técnica increíble para marcar, además de utilizar esa técnica para dar juego a sus compañeros. A pesar de no tener una técnica individual distinguida, Nasazzi era un perro de presa y un seguro de vida para sus compañeros. Se caracterizó por ser un defensor fuerte, veloz, de gran recuperación, excelente ubicación, perfecto en el juego de alto y de bajo. Se destacaba por su gran personalidad, por su innata condición de mando, por su coraje, por la gran influencia sobre sus compañeros. Fue “patrón”, caudillo y conductor. Es considerado como el fundador de la garra charrúa y para la prestigiosa revista El Gráfico fue “el más famoso futbolista uruguayo de todos los tiempos” y el hombre encargado de capitanear a su país desde 1924 hasta 1935. Los celestes eran conocidos también como los líricos muchachos del “Mariscal”. Durante un pasaje del partido que disputo “El Mariscal” frente a la selección de EEUU, Nasazzi le aplicó un planchazo en la espalda al agresor de Vidal para que entendiera que no se iban a dejar pasar por arriba así nomás.
El norteamericano se levantaba la camiseta mostrando la marca de los tapones de “El Mariscal” al público. A mi entender fue una mera devolución de gentilezas. Durante los siguientes días Vidal ni se movió debido a la brutal entrada del jugador de la Selección de EEUU. Es el máximo exponente de la inigualable generación de jugadores charrúas de la década de los años veinte y treinta que consiguieron los mayores triunfos en la historia del fútbol uruguayo. El club de sus amores en el cual más tiempo permaneció fue el Club Atlético Bella Vista, la misma institución que bautizó en su memoria al Estadio José Nasazzi. Con Bella Vista realizó la denominada segunda gira internacional más extensa de un club uruguayo. Nasazzi junto a Bella Vista partió en 1930 para recorrer todo el continente americano volviendo a su país un año más tarde en 1931. José Nasazzi fue el capitán del club papal, obteniendo la gran mayoría de sus títulos internacionales en la Selección Uruguaya siendo todavía jugador del Club Atlético Bella Vista. A nivel de clubes, Nasazzi vistió la camiseta del Lito. Ante la negativa del Club Lito de darle el pase al Club Bella Vista, debe quedarse un año sin jugar en campeonatos AUF, teniendo que militar en el Roland Moor por todo 1921. El Club Atlético Bella Vista, Nasazzi no duda en pedirlo. Una vez en Bella Vista, en 1922 logra el ascenso a primera división, logrando grandes campañas en la máxima categoría, destacándose el vicecampeonato de 1924 y el campeonato de la serie B del Torneo "Laudo Serrato". En Nacional debutó oficialmente en 1933 y obtuvo los Campeonatos Uruguayos de 1933 y 1934. Además, siendo jugador de Bella Vista, participó de la gira europea realizada por Nacional en 1925, considerada la más exitosa de la historia del fútbol. El Club Bella Vista lo homenajeó dándole su nombre a su estadio y su barrio le rindió honores adjudicando su nombre a una de sus calles. Fue internacional con la selección de fútbol de Uruguay desde 1923 hasta 1936, disputando 41 encuentros. Fue capitán en las conquistas olímpicas de 1924 y 1928, así como también en la Copa Mundial de 1930. Nasazzi se retiró de la práctica activa del deporte en 1937. Entre los años 1942 y 1945 fue entrenador de la Selección de su país.
El ORIGEN DE LA GARRA CHARRUA:
Con el paso del tiempo la palabra "charrúa" ha ido adquiriendo para los uruguayos connotaciones de valor, de fuerza, de fiereza, de orgullo guerrero, de victoria bélica trasladada a la gesta deportiva, al igual que la palabra araucano para Chile, azteca para México o incaico para Perú. En el subconsciente uruguayo, la tribu indígena alejada de la complejidad y el desarrollo de otras civilizaciones precolombinas, fue tomando rasgos míticos. Esta cualidad también es llamada “garra celeste”, en referencia al típico color de la camiseta uruguaya, aunque para muchos su nombre está vinculado al pueblo charrúa: los aborígenes predominantes en la banda oriental del Rio de la Plata. Según el periodista e investigador, Luis Prats, la expresión "garra charrúa" comenzó a utilizarse a partir de un campeonato sudamericano de fútbol disputado en Lima, en 1935, ganado por Uruguay. La selección celeste llegó con un equipo de "veteranos" de las gestas olímpicas y de la Copa Mundial de Fútbol de 1930, donde venció al resto. Una vez, Jorge Valdano, (exjugador campeón del mundo con Argentina en 1986 y comentarista en España) comentó lo que hoy para nosotros los uruguayos definimos como “Garra Charrúa”, que se dio a conocer por nuestra forma de jugar en los juegos Olímpicos de 1924 y que marco un estilo de juego y un espíritu que lleva el jugador de fútbol Uruguayo, que al día de hoy los jugadores de la Celeste no han abandonado. Jorge Valdano decía: “Si van ganando sabrán defenderse; si van perdiendo atacarán con desesperación; si el partido se pone brusco trabarán con los dientes; si hay que perder tiempo lo harán con inteligencia; si juegan contra 200.000 personas las desafiarán a todas. Maravilla ver que el primer país que conoció la gloria futbolística mundial sea el último en perder la humildad. Da igual el nombre del jugador, todos reman con la misma fuerza y en la misma dirección. En eso consiste jugar a la uruguaya (Garra Celeste), los que no somos uruguayos les miramos con admiración que dura casi un siglo”.
La población en Uruguay era de un millón y medio de habitantes. Es imposible calcular qué porcentaje de ella concurrió a recibir al puerto de Montevideo a los campeones olímpicos, pero los relatos hablan de una masa humana extraordinaria que por primera vez se reunían en un propósito común. Parecía que estaban todos allí. Atrás quedaban las diferencias políticas, las clases sociales que dividían a la población y se olvidaban las discrepancias a nivel de dirigencia deportiva. No importaban si eran descendiente de charrúas, los herederos de los orientales, los hijos o los nietos de los inmigrantes. Todos se miraban como iguales. No había color de piel que los diferenciaban. Eran los uruguayos. El 31 de julio de 1924, después de varios días en barco, la selección uruguaya llegó a Montevideo, centenares de personas esperaban al equipo campeón en el puerto de Montevideo. Era la que probablemente sea una de las manifestaciones populares más importantes de la historia del país. Los jugadores, que hace ya meses no estaban en casa, no se imaginaban una acogida tan fervorosa y concurrida. En aquel momento, la población uruguaya era de 1 millón y medio de habitantes. La crónica de El Gráfico prensa (Argentina) decía que más de cien mil personas se reunieron para agasajar al equipo. El Gráfico estuvo presente en esa ocasión, y la crónica de “Un montevideano” publicada en el número 266 del 9 de agosto de 1924, es muy elocuente: “Si el anuncio del triunfo olímpico llegó a subvertir el orden de todas las actividades diarias, desbordando entonces el entusiasmo en una forma elocuentísima, lo que es la recepción –casi nos atreveríamos a decir – superó en mucho a aquellas explosiones del regocijo público”... “Montevideo, ni siquiera en sus épocas de actividades cívicas que todo lo arrastran, ha presenciado una exteriorización más precisa del sentimiento colectivo”… “Desde la víspera del arribo, el pueblo todo se identificó en un mismo sentimiento, y las voluntades se hermanaron sin clasificaciones y sin distingos. En una palabra, la democracia tuvo también su hora de imperio. Y fue precisamente esa heterogeneidad de las masas, la que dio al homenaje un sello propio inconfundible; se trataba de todas las clases del pueblo, confundidas en su ardoroso entusiasmo para consagrar un triunfo, que no es sólo uruguayo, que es de América toda”.
MÁS - VAMOS QUE VAMOS
TITULARES.
EL MUNDO COMENZABA A CONOCER A URUGUAY Y A SUS MUCHACHOS CELESTES
El vespertino El Plata así informó a sus lectores aquella tarde. "Uruguay Campeón del Mundo". El Día publicó: “Ayer, los bravos footballers uruguayos se cubrieron de gloria en el Estadio de Colombes, clasificándose campeones mundiales”. El País remarcó: “Una jornada definitiva y consagratoria”. Y agregó: “Los valores de nuestro team se impusieron netamente sobre Suiza. El Uruguay es campeón mundial de football. Montevideo ha vivido ayer sus más intensas horas de emoción patriótica”.
Los periódicos galos se rindieron ante el éxito uruguayo. Echo des sports: “Ha triunfado el mejor equipo. Una vez más los uruguayos han seducido por la elegancia, finura, agilidad y belleza de sus jugadas”. L´Auto: “Felicitemos a los vencedores, soberbios jugadores del Uruguay, que se han impuesto ante los representantes de las más grandes naciones, afirmando que la vitalidad de su raza es debida en gran parte á la fecunda labor deportiva”.
EL ORO OLÍMPICO.
Y EL REGALO DE LA ARISTOCRACIA URUGUAYA.
En la foto de la derecha. Era tradicional en aquel tiempo que las familias aristocráticas y de la alta sociedad rioplatense, viajaran cada verano a París transcurriendo allí la temporada estival. Los compatriotas pertenecientes a la misma prodigaron todo tipo de atenciones a los dirigentes y jugadores desde que llegaron a París. Al consagrarse campeones el 9 de junio y debiendo aguardar hasta el 5 de julio para intervenir en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos, “el señor Arturo Heber Jackson regaló a los jugadores unas bonitas medallas”
LA PERLA NEGRA.
GLORIA Y FAMA.
José Leandro Andrade nación en Salto, Uruguay, 22 de noviembre de 1901 y fallece en Montevideo, el 5 de octubre de 1957. De Padre uruguayo y Madre Argentina. De niño se mudó al barrio de Palermo, en Montevideo, para vivir con su tía. Él tenía una gran pasión por el carnaval que ofrece la capital, al punto que aprendió a tocar el tamboril. Fue un entusiasta del carnaval y tocaba violín y tamboril en la vida nocturna montevideana. De joven alternaba trabajos como limpiador de zapatos o vendedor de periódicos. De niño José comenzó a jugar en un baldío junto al Cementerio Central. Luego empezó en las inferiores de Peñarol para luego enrolarse a un club local llamado Misiones. Fue un futbolista uruguayo considerado el primer gran jugador negro de la historia del fútbol, ganando con la Selección de Fútbol de Uruguay dos veces los Juegos Olímpicos 1924 y 1928 reconocidos por FIFA como campeonatos mundiales, la Copa Mundial de Fútbol de 1930 y tres veces la Copa América. Cuando fue convocado para jugar en las Olimpiadas de París en 1924, empezó la leyenda. Andrade, era un tipo muy “echao p’adelante”, se encontró en París como pez en el agua. Su refinada manera de jugar el fútbol encantó a los franceses en los Juegos Olímpicos de 1924. En la capital francesa fue la sensación y le bautizaron como La Maravilla Negra. Andrade, un consumado bailarín, no desaprovechó la oportunidad de alternar todo lo que pudo y más. Se ligó a un buen número de francesas, que caían rendidas ante el exotismo y la planta del uruguayo. Incluso llegó a marcarse un comentadísimo tango con la mítica Joséphine Baker. Una anécdota fue cuando, en plena concentración de la selección en París, Andrade desapareció, provocando la preocupación de todos. El delantero Ángel Romano, que era buen amigo suyo, se ofreció para buscarle. En realidad, Romano tenía una dirección que Andrade le había dado por si ‘desaparecía’. A aquella dirección acudió Romano y se quedó extrañado al ver que era un lujoso apartamento. Llamó al timbre y una doncella le recibió. A pesar de que entre ambos no se entendían, cuando Romano dijo “Andrade”, la joven sonrió e hizo pasar al delantero. Éste se quedó de pasta de boniato. Ante él apareció su mulato amigo, vestido sólo con un batín de seda, rodeado de bellas señoritas con poca ropa y envueltas en caros perfumes. Toda una estrella. Cerebro de los equipos uruguayos campeones de los juegos olímpicos de 1924 en París, y 1928 en Ámsterdam. Jugó en la Copa Mundial de 1930 a los 29 años, lejos de su mejor forma, más bien lo suficiente para ayudar a la celeste a conquistar el título mundial. Fue en Bella Vista donde coincidió con José Nasazzi, quien se convertiría en el capitán de la Selección de Futbol de Uruguay quien lo alentó para competir a nivel internacional.
Su primer contrato profesional lo tuvo con el club Bella Vista, club de la capital uruguaya donde comenzó a desarrollarse como volante derecho. El 18 de diciembre de 1927 debuta oficialmente ante Rampla Juniors por Campeonato Uruguayo en el Parque Nelson. No pasó mucho tiempo para que Andrade destacara. Era negro, media 1.80 y contaba con un estilo de juego muy particular, flexible y acrobático con el que enamoró a la afición. Andrade fue convocado por el combinado charrúa para disputar las Olimpiadas de París en 1924. Allí fue donde comenzó la leyenda, fue la sensación en la capital francesa y lo denominaron la Maravilla Negra. Alcanzando la gloria deportiva durante los Juegos Olímpicos de 1924, José Leandro Andrade regresa convertido en un héroe nacional. Pasó de Bella Vista a Nacional, donde jugó desde 1924 hasta 1930, siendo figura descollante de la Gira europea de 1925 y la gira por Norteamérica de 1927, obteniendo el Campeonato Uruguayo de 1924. Después del Mundial de 1930 pasó a Peñarol donde jugó hasta 1935, obteniendo el primer certamen Uruguayo del Profesionalismo en 1932 y también el título de 1935. Fue famoso, además, por un recurso al marcar que se llamó tijera se lanzaba frente al atacante rival que llevaba el balón, estirando mucho la pierna izquierda, mientras que, con la derecha, le arrebataba el balón. Pues supo reunir eficacia, elegancia, inteligencia y tenacidad, casi conformando al futbolista ideal. Después de convertirse en campeón del mundo, en 1933 fue traspasado a Club Atlético Atlanta, en Argentinos Juniors y en Talleres de Remedios de Escalada, y un año más tarde ficharía por Lanús, retirándose definitivamente de la práctica deportiva jugando por el Montevideo Wanderers en 1935. Poco a poco el desgaste físico y las lesiones le pasarían factura. Desde los Juegos Olímpicos arrastraba una lesión que en el ocaso de su carrera fue finalmente la que lo retiró. En un partido altamente disputado en Ámsterdam 1928, chocó contra un poste provocando un problema de degeneración en la vista. Más allá de los baches en el camino, Andrade mantenía el talento en sus pies. Fue convocado para disputar la primera Copa del Mundo, Uruguay 1930. A pesar de que su carrera estaba en declive, fue un jugador clave para la conquista del título mundial, ganándose un lugar en el “Once Ideal” del torneo. En 1939 obtuvo un puesto de limpiador-vigilante en UTE. En 1950 lo ascendieron a portero. Algunos piensan que hubo influencias racistas dentro del declive de José Leandro. Fue hallado muerto pobre y ciego en al asilo de Piñeyro del Campo el 5 de octubre de 1957, días después de cumplir 56 años. Casi olvidado de todos. Solo poseía una cama, un armario y algunas medallas metidas en una caja de zapatos. Fue velado en la casa de su hermana Nicasia. Su sobrino, Víctor Rodríguez Andrade fue campeón mundial con Uruguay en el año 1950. Más allá de su lamentable desenlace, Andrade continúa viviendo en la mente y los corazones de la afición charrúa. Su historia permanece hasta la actualidad y sigue siendo considerado el primer gran jugador de origen africano de la historia del futbol. Prueba viviente de que, no importa de dónde vengas, sino a donde te quieras dirigir. La leyenda de la maravilla negra seguirá viviendo en lo más alto del futbol mundial.
SIGUENOS EN