Los protocolos ambientales fueron diseñados para que el cuidado de la escuela no dependiera solo de indicaciones generales, sino de acuerdos claros, visibles y fáciles de seguir. Estos protocolos abordan aspectos como el uso responsable del agua, el ahorro de energía, el reciclaje, el riego, la limpieza y el mantenimiento de las áreas verdes.
Una parte importante del proyecto fue adaptar estos protocolos a un lenguaje comprensible para niñas y niños, mediante guías visuales, infografías y pasos sencillos. Así, el cuidado ambiental dejó de ser una instrucción para adultos y comenzó a convertirse en una práctica cotidiana para toda la comunidad escolar.