Los pagos digitales han crecido un 18,4% en Chile. Es el dato que aprovecha el autor de esta columna para profundizar en el impacto cultural de estos números. Concluye que «la verdadera noticia no es solo que un número creció, sino la increíble complejidad y riqueza de nuestro ecosistema de pagos. La tarea para reguladores, innovadores y para nosotros, los ciudadanos, es asegurar que, en esta nueva sinfonía financiera, la música suene bien para todos y nadie se quede sin su partitura».
Créditos imagen de portada: Karl Grawe / Agencia Uno
Esta semana, la prensa nacional nos trajo unos titulares que resonaron con la fuerza de los tiempos modernos: los pagos digitales realizados por las personas en Chile han crecido un 18,4%. La cifra es impresionante, sin embargo, como en toda buena sinfonía, la melodía principal no cuenta toda la historia. Para entender la verdadera música, debemos escuchar a toda la orquesta.
El dato, extraído del último Informe de Sistemas de Pago del Banco Central, es un eco de una transformación global, pero, en este caso, con un sabor decididamente local. Se nos informa que cada persona mayor de 15 años en Chile realiza, en promedio, 374 pagos digitales al año. Este no es solo un cambio de hábito; es un cambio cultural profundo, una migración masiva desde el bolsillo hacia la nube.
Dentro de esta avalancha digital, hay un instrumento que ha pasado de ser un actor secundario a un solista virtuoso: la tarjeta de prepago. Su uso ha experimentado un crecimiento acelerado del 213% respecto al año anterior. ¿Por qué este auge tan explosivo? La respuesta es simple y poderosa: inclusión financiera.
Durante décadas, el sistema financiero tradicional erigió barreras, a menudo insalvables, para millones de personas. Las tarjetas de prepago, con más de 11,6 millones de plásticos vigentes emitidos por 14 actores distintos, han dinamitado esas barreras. No requieren un historial crediticio de película ni una cuenta corriente abultada. Son una puerta de entrada al comercio electrónico, a las plataformas de streaming y a servicios digitales para quienes antes solo tenían el efectivo como opción. Permiten, como señala el propio Banco Central, acceder a servicios adicionales como la compra de divisas o incluso criptoactivos. Son, en esencia, la democratización del dinero digital.
Pero la tecnología –y esto es algo que a menudo olvidamos en nuestras pizarras llenas de diagramas– nunca es solo tecnología; es un artefacto social que se moldea y adapta en las manos de quienes la usan. Un fascinante estudio sobre el sistema CajaVecina de BancoEstado en Chile nos recuerda de manera clara la «brecha entre el diseño y la realidad». Un ingeniero en un laboratorio diseña un terminal de punto de venta (POS) para ser un simple ejecutor de transacciones. Pero en el almacén del barrio, ese mismo terminal se convierte en un nexo de confianza. La dueña del local, la «tía» que nos conoce desde niños, no es una operadora de máquinas; es una gestora de relaciones. Confía en sus vecinos y a veces «flexibiliza» las reglas, permitiendo una transacción, aunque el sistema esté al límite, porque sabe que la confianza es un activo más valioso que el saldo instantáneo. Este fenómeno demuestra que la adopción de la tecnología financiera en el día a día es un proceso creativo, una adaptación donde los lazos sociales pesan tanto o más que los protocolos informáticos.
Con este estruendo digital, sería tentador redactar el obituario del dinero en efectivo, pero se estaría cometiendo un error. Como han enseñado las crisis recientes, incluida la pandemia de COVID-19, el efectivo sufre de una curiosa paradoja: mientras su uso para transacciones diarias disminuye (el café, el periódico), su demanda como reserva de valor aumenta en tiempos de incertidumbre. La gente usa menos monedas para pagar, pero guarda más billetes «debajo del colchón».
Con todo, el efectivo sigue siendo el único medio de pago totalmente anónimo, que funciona sin electricidad ni internet y que no deja un rastro de datos. En un mundo cada vez más digitalizado, esas características no son triviales. El Banco Central lo sabe, y por eso su informe no habla de la muerte del efectivo, sino de una evolución del ecosistema de pagos.
Aquí es donde la historia se pone aún más interesante. En otro texto relevante, «Paleo-Futures of Cashless Payments», el Dr. Bátiz-Lazo traza un paralelo audaz: compara la actual transición hacia una sociedad sin efectivo con la «acumulación primitiva» de la que hablaba originalmente Karl Marx. En el pasado, se impuso el uso del dinero en efectivo a las poblaciones para integrarlas a la fuerza en una economía de mercado. Hoy, podríamos preguntarnos si la combinación de políticas públicas (como las nuevas obligaciones tributarias mencionadas en el informe del BC Central), el cierre de sucursales bancarias y los incentivos comerciales no constituyen una forma de «empujón» hacia lo digital, una transición que no es enteramente voluntaria para todos.
El propio Banco Central advierte que «es importante estar atentos al desarrollo de nuevos modelos de negocio que pueden estar incorporando riesgos no contemplados en la regulación vigente». Es el reconocimiento de que esta carrera digital, si bien emocionante, no está exenta de peligros y puede dejar a algunos atrás.
El aumento del 18,4% en los pagos digitales no es el sonido de un instrumento venciendo a otro. Es el sonido de una orquesta que se reconfigura. La tarjeta de débito sigue siendo el violonchelo robusto que marca el ritmo. Las transferencias electrónicas son los violines, rápidos y cada vez más numerosos. Las tarjetas de prepago son la flauta traversa, que ha irrumpido con un solo brillante e inesperado. Y el efectivo, lejos de estar silente, es el contrabajo. En ello, el contrabajo es más sentido que oído, proveyendo así de una base de seguridad y resiliencia a todo el sistema.
La verdadera noticia no es solo que un número creció, sino la increíble complejidad y riqueza de nuestro ecosistema de pagos. La tarea para reguladores, innovadores y para nosotros, los ciudadanos, es asegurar que, en esta nueva sinfonía financiera, la música suene bien para todos y nadie se quede sin su partitura.
Un nuevo estudio publicado en el prestigioso International Entrepreneurship and Management Journal (Q1 en el Social Sciences Citation Index del WoS) revela la importancia de la orientación empresarial ecológica para el éxito empresarial, especialmente en los sectores de manufactura y servicios de las economías emergentes. El estudio, en el que participó el profesor asociado de la Universidad Técnica Federico Santa María, Dr. Juan Felipe Espinosa del Departamento de Ingeniería Comercial, examina cómo la capacidad de innovación ecológica media en la relación entre la orientación empresarial ecológica y el éxito empresarial en China.
“Nuestros hallazgos demuestran que la orientación empresarial ecológica tiene un impacto positivo significativo en la capacidad de innovación ecológica y en el éxito empresarial”, señala el Dr. Espinosa. “Esto significa que las empresas que adoptan un enfoque proactivo hacia la sostenibilidad ambiental tienen más probabilidades de desarrollar innovaciones ecológicas que impulsen su éxito”, agregó.
El estudio se basa en una muestra de 300 trabajadores de los sectores de manufactura y servicios en China. Los resultados indican que la capacidad de innovación ecológica es un factor clave para el éxito empresarial en las economías emergentes. Las empresas que invierten en tecnologías ecológicas, procesos eficientes en el uso de la energía y la gestión adecuada de residuos y contaminantes tienen más probabilidades de lograr un crecimiento sostenible y una mayor rentabilidad.
“Este estudio tiene implicaciones prácticas importantes para los gerentes y responsables políticos”, agrega el Dr. Espinosa. “Es fundamental fomentar una cultura de innovación ecológica en las empresas y promover políticas que incentiven la inversión en tecnologías sostenibles. Esto no solo beneficia al medio ambiente, sino que también impulsa el éxito empresarial a largo plazo”.
El International Entrepreneurship and Management Journal es una publicación académica de alto impacto que difunde investigaciones originales y de vanguardia en el campo del emprendimiento y la gestión.
El paper se puede conseguir en este link: https://link.springer.com/article/10.1007/s11365-024-01059-0
Nota: Este post fué publicado en: https://comercial.usm.cl/noticias/estudio-del-profesor-juan-felipe-espinosa-fue-publicado-en-journal-de-alto-impacto-en-el-area-de-los-negocios/
Derivados financieros e inversión pasiva desestabilizan los mercados de alimentos básicos como el maíz
Un nuevo estudio publicado en el International Journal of Financial Studies revela cómo la creciente financiarización de los productos agrícolas está intensificando la volatilidad de los precios de los alimentos y, con ello, amenazando la seguridad alimentaria mundial y la estabilidad económica, especialmente en países emergentes. Esto lo develó el estudio realizado por un grupo de investigadores conformado por el Dr. Jorge Feregrino y la Dra. María del Rosario Veneras; ambos de la UNAM de México, además del Dr. Nelson Lay de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y el Dr. Juan Felipe Espinosa Cristia del Departamento de Ingeniería Comercial de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) de Chile. La investigación analiza cómo los derivados financieros y los fondos indexados impactan la volatilidad de los mercados agroalimentarios, particularmente del maíz.
Metodológicamente el estudio utiliza un modelo econométrico (DCC-GARCH) para examinar los efectos de contagio entre los precios del maíz y activos financieros relacionados, como fondos cotizados en bolsa (ETFs), el índice S&P 500 y acciones de empresas agroindustriales. Los resultados indican que la especulación financiera, especialmente a través de inversiones pasivas como los ETFs, ha incrementado la volatilidad en los mercados de futuros de maíz, generando un mayor riesgo sistémico en el sector.
“La financiarización ha transformado el maíz y otros productos agrícolas en activos financieros, sujetos a las mismas fuerzas del mercado que las acciones y bonos”, explica el Dr. Espinosa Cristia. “Esto los hace más vulnerables a la especulación, desconectando sus precios de la oferta y demanda real, lo que impacta directamente la seguridad alimentaria, sobre todo en los países en desarrollo que dependen de la importación de estos alimentos básicos”, agregó.
El estudio proporciona evidencia empírica de la creciente integración entre el sector agroalimentario y los mercados financieros, enfatizando la necesidad de implementar políticas públicas para mitigar estos riesgos. Entre las recomendaciones se incluyen:
Mayor regulación de la especulación: Establecer límites al apalancamiento en los mercados de futuros y una mayor supervisión de los fondos indexados que invierten en materias primas agrícolas.
Políticas agrícolas que promuevan la estabilidad: Invertir en infraestructura agrícola, apoyar a los pequeños agricultores y fomentar la diversificación de cultivos para reducir la dependencia de las importaciones.
Redes de seguridad social: Implementar programas de ayuda alimentaria y transferencias de efectivo para proteger a las poblaciones vulnerables de las fluctuaciones de precios.
“Estos resultados tienen implicaciones cruciales para las políticas públicas”, añade el Dr. Espinosa Cristia. “Es necesario que los gobiernos actúen proactivamente para regular la especulación financiera y fortalecer la resiliencia de los sistemas alimentarios. La seguridad alimentaria no puede quedar a merced de la volatilidad de los mercados financieros.”
El estudio hace un llamado urgente a los gobiernos y organismos internacionales para que adopten medidas que protejan la seguridad alimentaria y la estabilidad económica frente a la creciente influencia de la especulación financiera en los mercados de alimentos.
Puede leer y descargar el citado estudio en el siguiente link: https://www.mdpi.com/2227-7072/12/4/121
Visitando la UCSD...Visitándome
"Even if we do not agree with the details of this book, or if we find it slightly uncomfortable or even painful in places, the present work seems to me to be a step in the right direction toward dissipating the mystery that is believed to surround our activity. I feel certain that in the future many institutes and laboratories may well include a kind of in-house philosopher or sociologist. For myself, it was interesting to have Bruno Latour in our institute, which allowed him to carry out the first investigation of this kind of which I am aware and, most interestingly, to have observed the way in which he, and his approach, was transformed by the experience. It would be very useful for this critique itself to be criticized. This would both help the authors (and other scholars with similar interests and background) to assist scientists to understand themselves through the mirror provided, and help a wider public understand the scientific pursuit from a new and different and rather refreshing point of view."
—Jonas Salk, M.D. (From the Introduction of Latour and Woolgar’s Laboratory Life (1979). La Jolla, California, February 1979
Cuando la necesidad de un respiro académico se volvió imperante, me pregunté si no sería mi "Olguita Marina" interna clamando por escapar. Agobiado por los desafíos de 2021, 2022 y 2023 —experiencias que detallo en otro escrito de próxima publicación— la pregunta resonaba: ¿adónde ir? La respuesta, sin embargo, debía considerar no solo un cambio de aires, sino también la posibilidad de seguir produciendo (¿produciéndome?). Incluso en la búsqueda de un escape, la productividad, esa necesidad imperiosa de publicar, se imponía como condición. No era solo mi "Olguita Marina" anhelando libertad, sino también la búsqueda de un espacio que, desde una materialidad diferente, me permitiera seguir creando.
La experiencia me ha enseñado que cada lugar propicia reflexiones únicas, influenciadas por las circunstancias que lo definen. Como ahora, escribiendo desde el séptimo piso de la biblioteca de la UCSD. En la búsqueda de alternativas, surgió una oportunidad: una invitación como ‘Visiting Scholar’ a la Escuela de Ciencias Sociales de la UCSD, específicamente a su Centro de Estudios Latinoamericanos. Acepté sin saber cómo financiaría tal aventura, pero un eco de mis estudios de administración de empresas (ingeniería comercial, en mi país) me recordó que las decisiones de inversión debían analizarse independientemente de su financiamiento. Con esa premisa en mente, busqué recursos y finalmente, gracias al apoyo de colegas, mi departamento, algunos ahorros y la generosidad de la UCSD —que no me cobraría por el espacio de trabajo ni la infraestructura—, la posibilidad se materializó.
Curiosamente, acepté sin considerar rankings ni métricas. Solo después comprendí que la UCSD siempre había estado presente en mi subconsciente. Fue aquí donde Latour realizó su primer estudio de laboratorio, plasmado en su clasico "Laboratory Life: The Construction of Scientific Facts", escrito junto a Steve Woolgar en 1979. A solo dos cuadras de donde he trabajado estos dos meses. Aquí también, Michael Cole, figura central en la recuperación de la teoría histórico-cultural de la actividad, llevó a cabo sus investigaciones sobre interacción y aprendizaje. Desde 1978, la UCSD se ha destacado por su énfasis en la psicología cultural y la antropología cognitiva, con figuras como Cole, Edwin Hutchins y, más recientemente, Jens Beckert, uno de los sociólogos económicos más relevantes (Ordóñez, 2013). No es de extrañar, entonces, que este lugar resonara con mi propia trayectoria academica.
Y para reafirmar esta conexión, mi anfitrión aquí fue Juan Pablo Pardo-Guerra, referente en la sociología de la infraestructura de la investigación y la educación superior, mi campo actual. No lo busqué, pero las piezas encajaron. Mi decisión, en retrospectiva, no fue azarosa sino que se fundamentó en mi propia historia. Como diría algún filósofo, cargamos con nuestras vivencias y circumstancias. Esta experiencia, próxima a concluir, se nutre de mi historia académica y marca el cierre de una etapa.
Todo comenzó hace más de dos décadas, al transitar del mundo corporativo al de la educación superior. Fue entonces cuando me interesé por las teorías del aprendizaje y la cognición, especialmente las provenientes de la psicología cultural. Si bien la educación superior puede ser considerada una empresa, mi cambio implicó una transformación cultural profunda. Sin embargo, esta transición no fue tan planificada como la de un administrador acostumbrado a la estrategia y al control. Y es ahora, después de 20 años, que empiezo a vislumbrar con mayor claridad el camino recorrido. El inicio de mis exploraciones, que me condujeron a mis intereses actuales, se cruzó con la teoría histórico-cultural recuperada por Michael Cole a partir de los trabajos de Lev Vygotsky y Alekséi Leóntiev (Preiss, 2019).
A finales de los 90, participé en el grupo de estudio en línea de Cole, administrado desde la UCSD. Estos culturalistas se enfocaban en la actividad humana. En una ocasión, una discusión en el foro electrónico sobre un punto mencionado en "Mind, Culture, and Activity" me llevó a la obra de Bruno Latour sobre la interobjetividad (Latour, 1996). Ese encuentro, sumado al trabajo de Hutchins sobre la cognición distribuida "in the wild" (1995), y la teoría Actor-Red, me impulsaron a centrarme en el estudio de la organización y el trabajo en laboratorios, y en general, en la ciencia y la tecnología. Así, me sumergí en los "Labs Studies".
Este nuevo enfoque me llevó a los métodos cualitativos, un mundo totalmente nuevo para mí, formado en la estadística inferencial. Tuve la fortuna de estudiar un posítulo en ciencias sociales en la Universidad de Chile, donde recibí un gran apoyo para realizar un estudio de laboratorio en mi propia institución, la Universidad Santo Tomás. El laboratorio en cuestión era un híbrido entre el mundo privado y el universitario. Ese fue mi primer estudio etnográfico y mi primer encuentro con la intersección entre la universidad y la ciencia y tecnología del sector privado. Resulta curioso cómo mi pregunta actual sobre la relación entre estos dos mundos ya estaba presente hace 20 años.
A esos estudios en ciencias sociales les debo también el haber redescubierto mi pasión por la investigación. Fue explorando las teorías culturales de la actividad que encontré a mi futuro director de doctorado, Steve Brown, quien había trabajado con Steve Woolgar y realizado una crítica profunda a la teoría actor-red de Latour. Brown también aplicaba la teoría histórico-cultural de la actividad al ámbito educativo, para analizar las agencias y la mediación en el aprendizaje. ¿Coincidencias? Aunque a veces veamos conexiones, al analizar la línea temporal, nuestra intencionalidad se vuelve evidente. La "sincronicidad" solo se percibe desde el presente, pero al mirar hacia atrás, nuestras decisiones revelan su significado.
Al finalizar mi estancia en la UCSD, comprendo que esta experiencia no solo enriquece mi historia personal, sino que también tendrá un impacto duradero en mi futuro. No en vano, mi última actividad aquí será un seminario en el Instituto Salk sobre neurociencia e inteligencia artificial. Todo converge porque hay una intencionalidad. Llevo cinco años siguiendo de cerca el trabajo de neurocientíficos computacionales y experimentales. Hoy en día, la línea que los separa se difumina, al igual que la división entre lo micro y lo macro. Después de todo, Latour tenía algo de razón.
La inteligencia artificial, tema de moda, se ha vuelto central en los estudios de la ciencia. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. El grupo de Estudios de la Ciencia de la UCSD, aunque fascinante, se encuentra distante de las problemáticas latinoamericanas. Nuestras prioridades siguen siendo la institucionalidad científica, la financiación y la organización. Quizás, si queda tiempo, podemos pensar en la ontología y la epistemología. Un momento, ¿acaso no habíamos superado ya el giro ontológico en los estudios de la ciencia? ¿O será que la organización y la política científica no están tan alejadas de los problemas que enfrentan quienes hacen ciencia, transferencia y desarrollo tecnológico en centros de investigación y universidades?
Cierro mi trabajo aquí asistiendo a un seminario sobre la "mente generativa", término que alude a los modelos de lenguaje generativos. La mente generativa, no solo la IA, es el punto de convergencia. Esta visita me ha permitido comprender de manera tangible que nuestras acciones y decisiones definen nuestros caminos y generan "dependencia de la senda", como dirían los economistas y los evolucionistas. Debemos ser conscientes de lo que pensamos y elegimos hacer, porque en esas decisiones construimos nuestra historia y trazamos nuestro futuro. En mi caso, me siento afortunado de poder estudiar lo que me apasiona: estas instituciones donde trabajamos.
Vuelvo así al punto de partida: mi primer estudio de laboratorio. El laboratorio, ese espacio donde convergen las cuestiones institucionales y personales de científicos y trabajadores del conocimiento. Donde se unen fondos públicos y privados para generar nuevo conocimiento. Una realidad tan vigente en los laboratorios de San Diego como en aquellos que, como en mi caso, viajan con nosotros a través del mundo. Y es precisamente aquí, donde se gestaron las ideas que nutren mi pensamiento y mi trabajo, donde culmina esta etapa de mi viaje intelectual.
La Jolla, San Diego, California, Otubre, 2024.
Referencias
Hutchins, E. (1995). Cognition in the wild. MIT Press.
Latour, B., & Woolgar, S. (1979). Laboratory Life: The Social Construction of Scientific Facts.
Latour, B. (1996). On interobjectivity. Mind, culture, and activity, 3(4), 228-245.
Ordóñez, J. T. (2013). Documentos e indocumentados: Antropología urbana, inmigración y ciudadanía. Revista de Antropología Social, 22, 83-101.
Preiss, D. D. (2020). The psychology of schooling and cultural learning: Some thoughts about the intellectual legacy of the Laboratory of Comparative Human Cognition. Mind, Culture, and Activity, 27(2), 165-171.
El artículo “Why four scientists spent a year saying no” publicado en Nature explica la importancia de aprender a decir “no” en el mundo académico ¡y cómo cuatro científicos lo pusieron en práctica durante un año entero!.
Los investigadores, en general, estamos abrumados por las crecientes demandas a nuestro tiempo y energía. En ello, en este experimento, los investigadores decidieron rechazar cualquier solicitud que no se alineara con sus prioridades de investigación y bienestar.
Durante el año del experimento, los investigadores obtuvieron varios beneficios:
1) Mayor productividad: Al liberarse de compromisos secundarios, pudieron enfocarse en proyectos de investigación cruciales.
2) Mejora del bienestar: Al establecer límites claros, redujeron el estrés y mejoraron su equilibrio entre vida personal y laboral.
3) Mayor claridad en sus objetivos: Decir “no” les obligó a reflexionar sobre sus verdaderas prioridades y alinear sus acciones con ellas.
Como consecuencia, si bien decir “no” puede ser difícil al principio, especialmente en un entorno donde se valora la colaboración y la disponibilidad, a largo plazo, el artículo señala, resulta esencial para proteger el tiempo, la energía y la salud mental de los investigadores.
Como aspecto práctico del trabajo realizado, los autores diseñaron cinco preguntas, mismas que fueron clave y que los científicos usaron para decidir estratégicamente cuándo decir “sí” a una oportunidad durante su experimento de un año diciendo “no”:
1) ¿Esta oportunidad encaja con mi agenda de investigación e identidad? De hecho, esta pregunta obliga a evaluar si la oportunidad se alinea con sus objetivos profesionales a largo plazo y con la imagen que quieren construir como investigadores. No se trata solo de hacer cualquier investigación, sino de construir una carrera coherente y significativa.
2) ¿Esto ‘despierta alegría’ (un guiño a Marie Kondo, experta en organización)? Esta pregunta se inspira en la filosofía de Kondo, introduciendo el factor de la pasión y el entusiasmo. Si una oportunidad no genera genuino interés o motivación, probablemente no valga la pena sacrificar otras cosas por ella.
3) ¿Tengo tiempo para hacer un buen trabajo sin sacrificar los compromisos existentes? Con esta pregunta los autores tratan de ser realistas con el tiempo disponible. Aceptar una tarea adicional sin evaluar su impacto en los compromisos previos puede llevar al agotamiento y a un trabajo de menor calidad.
4) ¿La oportunidad deja espacio para mi vida personal? Esta es una pregunta vital que recuerda la importancia del equilibrio entre la vida laboral y personal. Para un bienestar sostenible, es crucial proteger el tiempo dedicado a la familia, el ocio y el descanso.
5) ¿Estoy excepcionalmente calificado para cubrir esta necesidad?” Esta pregunta evita asumir responsabilidades por compromiso o culpa. Si no se poseen las habilidades o el conocimiento específico para una tarea, es mejor dejar que alguien más capacitado la asuma.
En síntesis, las preguntas que crearon los autores guían a los investigadores a tomar decisiones conscientes y estratégicas sobre su tiempo y energía, priorizando su bienestar, sus objetivos a largo plazo y la calidad de su trabajo.
A partir de los resultados de este experimento, podemos llegar a una conclusión tentativa; misma que por cierto debe ser contextualizada en nuestra comunidad científica particular; y en donde deberíamos normalizar el decir “no” mucho más seguido. Además, generar culturas y materialidades en donde quienes estamos ya en posiciones más senior, entregar a los investigadores herramientas y apoyo para establecer límites que les permitan tener una relación trabajo-vida más saludables. Esto permitiría a los científicos prosperar en sus carreras y realizar investigaciones de mayor calidad sin sacrificar su bienestar y equilibrio vida-trabajo.
Ver el artículo aquí: https://www.nature.com/articles/d41586-022-02325-3
Nota: Columna primero publicada en: https://comercial.usm.cl/noticias/la-importancia-de-decir-que-no/
Temas principales:
Ecoeficiencia regional en China: El estudio destaca una disparidad significativa en la ecoeficiencia entre las regiones oriental y occidental de China. Mientras que las regiones orientales, como Beijing y Shanghai, muestran altos niveles de ecoeficiencia debido a economías desarrolladas, regulaciones ambientales estrictas y un enfoque en el desarrollo verde, las regiones occidentales, incluyendo Qinghai, Gansu, Ningxia, Xinjiang y Liaoning, se quedan atrás con una ecoeficiencia inferior a la media nacional.
Impacto de las finanzas verdes: Contrariamente a la creencia popular, el estudio revela una relación no lineal en forma de "U" entre las finanzas verdes y la ecoeficiencia a nivel nacional, así como en las regiones central y occidental. Esto significa que, inicialmente, un aumento en las finanzas verdes no se traduce directamente en una mayor ecoeficiencia. Solo después de alcanzar un cierto umbral, las finanzas verdes comienzan a tener un impacto positivo en la ecoeficiencia.
Papel de la disponibilidad de recursos naturales: El estudio también encuentra una relación no lineal entre la abundancia de recursos naturales y la ecoeficiencia. Si bien la abundancia inicial de recursos puede impulsar el crecimiento económico y la eficiencia ambiental, una mayor acumulación de recursos puede conducir a una congestión en la industria de recursos, limitando así las mejoras en la ecoeficiencia.
Importancia de la IED y el desarrollo industrial: El estudio también examina el papel de la Inversión Extranjera Directa (IED) y el desarrollo industrial en la ecoeficiencia. Los resultados sugieren que un aumento de la IED puede mejorar la ecoeficiencia regional, particularmente en las regiones orientales. Sin embargo, el desarrollo industrial, especialmente en sectores intensivos en energía, tiene un impacto negativo en la ecoeficiencia en todas las regiones.
Ideas y hechos clave:
El estudio utiliza el modelo de regresión Tobit para analizar datos de diversas fuentes, incluyendo el sitio web oficial de la Oficina Nacional de Estadísticas de China y el Anuario Estadístico de China.
El estudio calcula la ecoeficiencia utilizando una variedad de indicadores de entrada y salida, que abarcan la contaminación, el consumo de energía, la utilización de recursos naturales y el desarrollo económico y social.
Los resultados del estudio tienen implicaciones significativas para las políticas, sugiriendo que las políticas para mejorar la ecoeficiencia deben considerar la etapa de desarrollo de las finanzas verdes, la gestión de la abundancia de recursos naturales y la promoción de la IED en sectores sostenibles.
Citas del artículo:
"El objetivo de la ecoeficiencia es maximizar la producción económica al tiempo que se minimiza la huella ecológica y el uso de los recursos."
"Las finanzas verdes son esenciales para una economía verde. La financiación verde es vital para la protección del medio ambiente y para evitar futuros desastres ecológicos, lo que repercute de forma significativa en el progreso económico general del país y en la eficiencia ecológica."
"Los resultados del estudio implican que los recursos naturales de la región oriental de China se gestionan mejor y han evitado la maldición de los recursos en comparación con las regiones central y occidental."
"La IED se correlacionó positivamente con la eficiencia ecológica en la zona oriental, mientras que las zonas central y occidental tienen correlaciones negativas."
"El desarrollo industrial del país repercute negativamente en la eficiencia ecológica en las regiones oriental, central y occidental."
Conclusión:
El estudio ofrece información valiosa sobre la compleja interacción entre las finanzas verdes, la abundancia de recursos naturales y la ecoeficiencia en China. Los hallazgos enfatizan la necesidad de políticas específicas de cada región que tengan en cuenta las condiciones únicas de cada región para lograr un desarrollo sostenible.
El artículo La desigualdad de género en el ámbito científico chileno, el cual lideré, presenta los siguientes temas:
Subrepresentación de las mujeres en la ciencia: A pesar del progreso en la participación de las mujeres en la educación superior, estas siguen siendo una minoría en la investigación científica, especialmente en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Redes de referencia y homofilia: El estudio analiza las redes de influencia de científicos chilenos, utilizando el concepto de "homofilia" (tendencia a asociarse con personas similares a uno mismo).
Heterofilia de género entre científicas chilenas: Los resultados indican que, si bien los hombres tienden a mencionar referentes masculinos, las mujeres tienden a mencionar tanto hombres como mujeres, lo que indica heterofilia en sus redes.
Las Ideas principales del artículo son:
En Chile, la brecha de género se amplía a medida que se avanza en la carrera científica.
La homofilia de género puede contribuir a la reproducción de desigualdades, ya que las personas en posiciones de poder tienden a favorecer a quienes son similares a ellas.
A pesar de que las mujeres están menos representadas en la ciencia chilena, exhiben una mayor tendencia a la heterofilia al elegir sus referentes.
Algunas citas:
"Este estudio proporciona un primer acercamiento al problema de la influencia de género y los referentes en la ciencia en Chile... revelando un aspecto constitutivo de la red de científicos estudiada."
"...los datos discutidos en la sección de resultados muestran claras tendencias en cómo las personas que participan en este campo evalúan la influencia de otras personas en términos de homofilia de género."
"Concluimos que es muy probable que este mecanismo heterofílico y homofílico, en el cual los científicos se relacionan con sus referentes, juegue un papel fundamental en la reproducción de las desigualdades y asimetrías constitutivas del campo científico chileno."
El artículo destaca la importancia de comprender las dinámicas sociales para abordar los desafíos contemporáneos. Se subraya la necesidad de políticas que promuevan la igualdad de género en la ciencia.
Columna de opinión de Juan Felipe Espinosa, profesor asociado del Departamento de Ingeniería Comercial.
Cuando se solicita un empleo para un puesto académico, se exige incluir una carta de presentación, un currículum vitae, documentación variada, referencias y, sobre todo, una lista de publicaciones en revistas indexadas WoS de impacto Q1, Q2, y máximo Q3. ¡Ni hablar de las Q4 o Scopus!, esas ni siquiera son consideradas por los evaluadores. Sin embargo, existen ciertas innovaciones en el reclutamiento que me han llamado la atención, particularmente una que hace alusión a una «declaración de sostenibilidad como académico».
En el ámbito de las ciencias sociales y, más precisamente en los estudios de la gestión y las organizaciones, los académicos y las instituciones están lidiando con una creciente demanda de soluciones para abordar problemas importantes que enfrenta nuestra sociedad. De hecho, los outlets donde se realizan las publicaciones, las agencias de financiamiento e, incluso algunas universidades, animan a los colaboradores a priorizar aquello que se considera “importante” sobre lo “interesante”. Pero, ¿cómo puede un académico compatibilizar la educación, la ciencia, la gestión, a la vez que le da a su carrera un sentido y un significado?
Si se espera abrir nuevos caminos en la academia es fundamental romper esquemas. En lugar de centrarse en «qué» investigar, los académicos deberían priorizar el «por qué» detrás de sus investigaciones, formulando preguntas audaces e innovadoras que trasciendan la simple identificación de problemas. Se necesita entonces un cambio de enfoque, pasando de un análisis de la situación a la propuesta de soluciones con imaginación y radicalidad. Esto implica aceptar que la investigación conlleva el riesgo de avanzar lentamente o, incluso, de fracasar.
No se trata de publicar menos, sino de replantear el proceso de investigación en sí mismo, haciéndolo más colaborativo y menos enfocado en la publicación académica como único fin. Esta filosofía debería aplicarse a otros aspectos de la investigación, como las solicitudes de subvenciones. Incluso las solicitudes fallidas, con sus peculiaridades, son valiosas para el desarrollo de habilidades académicas esenciales para afrontar los desafíos complejos de los estudios de la gestión y organización de la sostenibilidad.
No es que el académico tenga que dejar de ser analítico, pero una vocación verdaderamente sostenible requiere una comprensión holística de los fenómenos cruciales. Esto implica ir más allá de la especialización en una sola teoría o metodología, y en cambio, combinar diferentes enfoques para abordar las necesidades específicas del problema en cuestión.
Así como la política orientada a misiones ha demostrado ser efectiva en el desarrollo sostenible, la investigación en este campo también se beneficia de un enfoque interdisciplinario. Es fundamental comprender las interconexiones entre los problemas y sus complejidades, trascendiendo las fronteras tradicionales y la perspectiva de actores individuales. Al igual que la pandemia del COVID-19 impulsó la colaboración entre investigadores de diversas disciplinas, un científico social comprometido con la sostenibilidad podría abarcar en su investigación desde el análisis de peticiones ciudadanas hasta el diseño de políticas públicas, desde el estudio de movimientos sociales hasta la dinámica de los fondos de inversión.
Una educación que trasciende las aulas
Los académicos tienen un impacto profundo en el futuro al educar y capacitar a las futuras generaciones. La calidad de la enseñanza sigue dependiendo en gran medida del esfuerzo individual de los profesores. ¿Qué pasaría si, en lugar de enfocarnos en la enseñanza individual los académicos colaboran para desarrollar contenidos de alta calidad, sistematizar los recursos existentes y compartirlos ampliamente? Imaginar una educación superior donde los beneficios del conocimiento académico sean accesibles a toda la sociedad, no solo a los estudiantes matriculados. Una educación superior donde exista una mayor participación de los estudiantes, en que estos no solo son receptores pasivos de información sino que participan activamente en la creación de contenidos. Buscar una educación donde exista mayor inclusión geográfica y aprendizaje permanente y en la que se priorizan los formatos de aprendizaje activo y las metodologías centradas en la resolución de problemas sociales.
Pero esta visión de una educación superior sostenible requiere un cambio de paradigma donde la colaboración, el acceso abierto y la participación activa sean pilares fundamentales. Y aquí es donde debe haber una diferencia tangible por parte de la academia. Para ser realmente relevantes, los investigadores deben ir más allá de simplemente dialogar con los profesionales y colaborar activamente con ellos. Se trata de fomentar la cocreación, donde investigadores y profesionales dedican tiempo, energía y pasión a procesos abiertos que, aunque no encajen en proyectos predefinidos, impulsan la innovación y el impacto.
Los académicos, con la capacidad de conectar diferentes «mundos», están en una posición privilegiada para actuar como intermediarios. El lugar de la universidad y los centros de investigación, sobre todo de los llamados de excelencia, es uno en donde se debe construir un espacio nuevo, uno donde confluyan los actores del entorno, los académicos, y el público en general para pensar en conjunto.