La elaboración del Manual de Estrategias Didácticas se orienta hacia el desarrollo de competencias, entendidas como la actuación basada en un conjunto de contenidos: factuales, conceptuales, procedimentales, actitudinales y condicionales de manera integrada, favoreciendo dar respuesta a situaciones habituales o inéditas dentro y fuera del aula. Así lo reafirma Pimienta (2012), al señalar que “la competencia emerge de la intersección entre los conocimientos factuales y declarativos (saber conocer), habilidades y destrezas (saber hacer), y actitudes y valores (saber ser)” (p. 2).
En consecuencia, resulta indispensable la puesta en práctica de estrategias, las cuales dentro del ámbito educativo se consideran como “una guía de las acciones que hay que seguir, y que, obviamente, es anterior a la elección de cualquier otro procedimiento para actuar” (Nisbet y Shucksmith, 1986; Schmeck, 1988; Nisbet, 1991 citado en Monereo, 2007, p. 23).
Asimismo lo revalida Díaz Barriga y Hernández (2010) al señalar que las estrategias “deberán ser empleadas como procedimientos flexibles, heurísticos (nunca como técnicas rígidas o prácticas estereotipadas) y adaptables según los distintos dominios de conocimiento, contextos o demandas de los episodios o secuencias de enseñanza de que se trate” (p. 118).
En consecuencia, la utilización de cada estrategia didáctica que integra el manual permitirá al docente propiciar una ayuda ajustada, consciente, intencional, adaptable y estará constituida por métodos y técnicas dirigidas a un objetivo o meta relacionado con el aprendizaje.
Considerando las citas previas se vislumbra la intencionalidad de la producción del manual desde una perspectiva de aprendizaje experiencial, situado y reflexivo. En relación al primero, Dewey (1938, citado por Díaz Barriga, 2006) señala que una enseñanza de corte experiencial yace en la promoción de una “experiencia escolarizada que se relacione más con la experiencia significativa de los estudiantes y resulte menos artificial, los estudiantes se desarrollarán más y llegarán a ser mejores ciudadanos (p. 3).
Lo anterior se refuerza al propiciar oportunidades de aprendizaje situado en el que se destaca la importancia de establecer una estrecha relación entre el currículo escolar y las situaciones del contexto en que los educandos pueden participar de manera colaborativa. Al respecto, una de las críticas que se ha hecho a las instituciones es que a los estudiantes no se les prepara para la vida, es decir, los procesos de enseñanza aprendizaje presentan tendencia hacia conocimientos arbitrarios, abstractos, descontextualizados e incomprensibles considerando lo que se afronta en la vida real (Díaz Barriga y Hernández, 2010).
Por su parte, Schön (1992) expresa su preocupación por la formación de los profesionales, considerando la transición de una enseñanza tradicional hacia una de carácter reflexivo. Además, coincide con los autores de la cognición situada en que los estudiantes, para convertirse en expertos, requieren enfrentar problemas auténticos en escenarios reales, por ende, el docente se concibe como un aprendiz permanente de su profesión, puesto que es necesario que ejerza un pensamiento reflexivo en el que se cuestione su intervención e indague posibles alternativas para desplegar una metodología de enseñanza que incida de manera significativa en el logro de aprendizajes (Díaz Barriga, 2006).
Por lo tanto, a través del análisis de teoría especializada en la perspectiva trifurcada en que se sustenta el presente manual, se reconoce que el compendio de estrategias didácticas es un esfuerzo por contribuir a la mejora de la intervención docente mediante la revisión, selección e implementación de aquellas estrategias que se consideren oportunas conforme a sus principales aspectos para promover aprendizajes significativos, es decir, generar experiencias motivadoras y con sentido para los alumnos y de relevancia para su contexto social.