Es una enfermedad bacteriana que puede afectar tanto a animales como a humanos. Los síntomas en los perros incluyen fiebre, vómitos, diarrea, dolor muscular y, en casos graves, insuficiencia renal y hepática. Cuando el perro come, bebe o huele el material contaminado, las bacterias penetran las mucosas de la boca, nariz u ojos y se multiplican, invadiendo la sangre. Por este medio se distribuyen a los riñones, el hígado y otros órganos.