La cerilla en Canarias es conocida también con la palabra "Fósforo".
Decidí hacer este cuadro porque el fuego es un elemento que me imnotiza. Creo que no soy la única que cuando prende el carbón para una barboca, se queda embobada mirando el fuego.
A pesar de lo peligroso que puede llegar a ser cuando se descontrola, su belleza es indiscutible.
Espero haber captado la esencia de esa belleza en este pequeño cuadro.
En el folclore japonés, la garza simboliza la pureza, la transición, la longevidad, la buena fortuna, la paz, la elegancia... entre otras muchas cosas.
Este cuadro se ideó para representar algunas de esas cosas. En especial la pureza y la elegancia, transmitidas por el animal y la paz, representada a través de los colores de un cielo que se acerca al crepúsculo. Una hora, en mi opinión, perfecta para conectar con la espiritualidad y que, además, representa de algún modo la transición. Dando cierre a un día y la entrada a una nueva oportunidad en el nuevo día que se aproxima.
De esta manera considero que la mezcla del simbolismo de ambos elementos, dan al cuadro un significado sólido y definido.
En el lenguaje simbólico, la cala representa la pureza, la renovación y la belleza serena. Esta flor, con su elegancia natural y su forma envolvente, ha sido asociada a lo espiritual, lo sagrado y lo femenino desde tiempos antiguos.
Este cuadro pretende transmitir precisamente eso: la armonía que nace de lo simple, la pureza que no necesita artificios. A través del contraste entre el fondo neutro y los verdes profundos de las hojas, la flor resalta como un símbolo de calma y fortaleza silenciosa.
El momento representado no tiene una hora concreta del día, pero podría situarse en ese espacio tranquilo en el que todo se detiene, donde uno puede respirar y reconectar con su interior. Esa pausa necesaria en medio del caos cotidiano.
Así, el simbolismo de la cala junto a la composición pensada para dar protagonismo a su presencia, dan al cuadro un significado de introspección y equilibrio.
Si hay un momento del día y un lugar en el mundo que me aporten paz y tranquilidad, es el atardecer cerca del mar. Se que no soy la única que este espacio-tiempo le transmite estas sensaciones y por eso he querido llevarlo al lienzo.
Así consigo acercar, a la rutina, un instante que ofrece justo lo que cualquiera necesita cuando no puede ir a la costa. Invitando a la calma y la contemplación a través de las texturas del agua y el contraste con el cielo, representando así la fuerza del océano bajo un atardecer cálido y luminoso, aportando color y movimiento a cualquier espacio.
Es mi manera de conectar —y ayudar a otros a conectar— con ese momento que despeja la mente