En 1978 Nélida Barreneche, José y René Paggi donaron al Museo Etnográfico "Enrique Squirru" una antigua carreta. La misma poseía la leyenda "Tras el milico y el malón, el colono". Esta carreta es símbolo de la trágica Conquista del Desierto y fue colocada en el sector popularmente conocido como "La loma".
Hacia el año 1833 las carretas eran legítimos medios de transporte entre el poblado y los reductos de la frontera. Las primeras carretas que llegaron al fuerte del Azul, trajeron, además de mercadería y pobladores, dos campanas y un órgano que fray Hipólito Castañón (primer sacerdote de Azul) utilizó en una capilla.