Un día una persona que fue un cañito a coger con esterilla para ir a tapar “caloche” para buscar la comida de la familia.
Entonces, él estaba esperando, para salir madrugadito por ahí a la tres de la mañana. Y resulta que quedó dormido.
Entonces cuando llego, ya había llegado un diablo. Encima del yerao. Encaramado para coger los pescados.
Entonces, donde el muchacho había dejado la trampa, ahí no entró nada.
Solo las trampas del diablo tenían peces.
Al ver todo esto, se puso bravo. Y se fue ya de noche, donde el diablo estaba sentado, con un machete, corto el árbol y el diablo quedo hundido entre el agua.
Iba de regreso para la casa. Entonces un tronco lo chocó y él se calló también. Eso fue en un lugar en otro mundo. Un caño que se llama umarí.
Allá vivían muchas personas como nosotros, hormiga, culonas, las que vuelan tempranito.
Él llegó donde esa gente
Y alcanzó a preguntar,
“Oye amigo. A mí me votó el diablo. ¿Cómo hago para regresar donde yo vivo?”
Yo tengo que regresarme, porque no me lleva para allá.
No, vamos a hacer una fiesta. A lo que ya esté listo. Cuando nosotros vamos a empezar a volar. Va con nosotros a ver si puede llegar al lugar donde usted se vino.
Empezaron a bailar, dieron vueltas. Luego formaron una fila. Y se salieron al lugar a donde él había venido. Era la casa del papá. Así es la historia del diablo.
El pescador
Había una pareja. Un día le dijo la señora al muchacho:
“Oiga viejo. ¿Usted porque no sale a pescar? Hemos aguantado bastante”.
Entonces al escuchar eso que le dijo el esposo. Se puso a arreglar escopeta, vara de pescar, lombriz y dele parriba.
Iba pescando un rato. Y encontró un pájaro que le gusta cantar a todo momento. Es un pájaro coloradito.
El canto quería decir que “usted no está bien. Su señora esta contrariada. Lo regaña”. Eso quería decir eso. El canto.
El señor que iba pescando lo regañó.
¡Comegusano! ¡Usted no sabe nada! Yo se coger pescado arto. Usted siempre vive comiendo gusano.
Por ahí venia bajando un señor. Y se acercó donde él y le preguntó
“Oiga amigo. ¿Para dónde va?”
“Voy a pescar”
“Usted porque me regaño. Porque usted me ha dicho que yo era comegusano”.
Él le dijo eso y sacó un tabaco grande.
El muchacho llevaba pescado también. Yacunda, mojarra de todo
El muchacho lo que estaba diciendo que el llevaba grillos. Sobre una tablita de canoa de él.
“Bueno. Vamos a ensayar a ver si es verdad, que usted no está comiendo gusano”
Sacó tabaco. Prendió. Sopló con ese humo. Y le hizo caer ese humo, encima de pescados que él había llevado.
Se convirtieron en gusanos, en ese momento.
Luego dijo:
“Voy a ver si yo como gusano”
Con el tabaco que estaba rezando, sopló encima de ellos. Se formó puro palometas.
Si ve. Yo como de esto. En cambio, el que come gusanos es usted.
Después le dijo:
“Cuando usted se vino de la casa. Su señora ya está con otro”.
Siguió con la pesca. El pájaro desapareció.
El siguió más arribita. Encontró un pajuil. Le tiró. Pero no dejo de pensar en la señora, y en lo que le habían contado.
Ya era por la tarde, regresó para la casa nuevamente. Con un solo pajuil. Como a las tres de la mañana llegó a la casa.
Llegó a la casa, y la señora no estaba.
Por allá en otra parte estaba tocando una fiesta. Un baile. Seguro debe estar por allá la señora.
Se fue a mirar. Asomó por allá y estaba bailando.
Y él estaba quieto, mirando que iba a hacer ella.
Al rato, salieron. Todo borracho. Lo llevó hasta la casa de él. Se quedaron en la cama de ella. Se acostaron y no se dieron cuenta, quedaron dormidos.
El muchacho tenía en la mano, tenía una barbera. Como ellos estaban borrachos, no aseguraron la puerta. Entro y alcanzo a coger las huevas de él, y se las cortó y se fue.
Entonces la señora, sintió que estaba regando como agua.
El muchacho se fue y llegó de madrugada a la casa. Al rato llego la señora.
“¡Oiga! usted ¿por qué regresó? ¿No iba a durar tres días por allá?”
“No. No quise estarme por allá. Me regresé. ¿Usted donde estaba?”
Ella dijo:
“Menos mal que usted no fue por allá. Porque estuvimos en una fiesta. Ahí se mataron entre ellos. Menos mal usted se fue a pescar”.
Ya estaba amaneciendo ya. Entonces la señora estaba haciendo una casabe ahí en su tiesto. Entonces el muchacho cogió las guebas del amante, la arregló bien en un palo. Le echó sal. Con el hígado del pajuil también lo metió ahí.
La señora se levantó tarde. Y sintió como un olor bueno.
“¡Oiga mijo! ¿Que está comiendo ahí?”
“Hígado de pajuil”
“Oiga, ¿Por qué no me regala un poquito que quiero probar también?”.
“Claro”
Y le dio las guebas del amante de ella.
“Deme otro. Está muy sabroso”
Saco y le dio otra vez.
“Esta sabroso, este pajuil”
“Como no le va a gustar, si por eso me estabas dejando a mí”.
Y poseído por los celos, la mató.