Art Nova Magazine
Crítica de arte: Molood Azimpour
La obra de Pablo Montesinos opera dentro de un vocabulario crudo y altamente cargado de abstracción gestual, donde el negro se convierte no solo en un color, sino en una fuerza: un agente activo que moldea la arquitectura emocional de la composición. A través de pinceladas densas e irregulares e interrupciones abruptas del espacio blanco, el artista construye un campo visual definido por la tensión, la ruptura y el caos controlado.*
Las formas negras dominan la superficie como fragmentos comprimidos de energía. Su distribución desigual —a veces pesada u opaca, a veces fracturada y porosa— crea un ritmo dinámico que se siente tanto espontáneo como intencional. Estas marcas funcionan como improntas psicológicas que sugieren momentos de impacto, vacilación o liberación.
El trabajo de pincel de Montesinos posee una fisicidad que recuerda el legado del Expresionismo Abstracto; sin embargo, su contención y su conciencia estructural posicionan la obra firmemente dentro de una sensibilidad contemporánea. El espacio blanco circundante no es pasivo: actúa como una contra-fuerza activa. Estos vacíos introducen zonas de respiración que permiten al ojo navegar entre la densidad y el silencio.
La interacción entre la presencia (negro) y la ausencia (blanco) genera una sensación de equilibrio inestable, como si la composición estuviera negociando constantemente su propio colapso y reconstrucción. Esta dualidad entre la erupción y el vacío crea una poderosa resonancia emocional. Se invita al espectador a interpretar las formas negras como gestos de resistencia, memoria o fragmentación, mientras que las áreas blancas se convierten en lugares de borrado, pausa o posibilidad.
La pintura se convierte en última instancia en un paisaje psicológico, uno que captura la oscilación entre la agitación interna y la claridad. La obra de Montesinos se erige como un ejemplo convincente de cómo un contraste cromático mínimo puede producir una máxima profundidad expresiva. Es un estudio sobre la energía, la interrupción y la frágil arquitectura de la emoción humana, plasmado a través de un lenguaje de pura abstracción.
Molood Azimpour's critique in Art Nova Magazine:
Pablo Montesinos’ work operates within a raw and highly charged vocabulary of gestural abstraction, where black becomes not merely a color but a force—an active agent shaping the emotional architecture of the composition. Through dense, irregular brushstrokes and abrupt interruptions of white space, the artist constructs a visual field defined by tension, rupture, and controlled chaos.
The black forms dominate the surface like compressed fragments of energy. Their uneven distribution—sometimes heavy and opaque, sometimes fractured and porous—creates a dynamic rhythm that feels both spontaneous and intentional. These marks function as psychological imprints, suggesting moments of impact, hesitation, or release.
Montesinos’ brushwork carries a physicality that recalls the legacy of Abstract Expressionism, yet his restraint and structural awareness position the work firmly within a contemporary sensibility. The surrounding white space is not passive; it acts as an active counterforce. These voids introduce breathing zones, allowing the eye to navigate between density and silence.
The interplay between presence (black) and absence (white) generates a sense of unstable equilibrium, as though the composition is constantly negotiating its own collapse and reconstruction. This duality between eruption and emptiness creates a powerful emotional resonance. The viewer is invited to interpret the black forms as gestures of resistance, memory, or fragmentation, while the white areas become sites of erasure, pause, or possibility.
The painting ultimately becomes a psychological landscape, one that captures the oscillation between inner turmoil and clarity. Montesinos’ work stands as a compelling example of how minimal chromatic contrast can yield maximal expressive depth. It is a study in energy, interruption, and the fragile architecture of human emotion, rendered through a language of pure abstraction.
Pablo Montesinos: El Yo encarnando el trazo pictórico
Por Andrea García Casal, historiadora del arte y teórica
"Lo plástico […] [es] reflejo del pasado o posibilidad de futuro. Es lo que ha vivido, lo que está vivo, lo que acontece. […] Lo plástico se refiere, tal y como indicaba ya aquel origen embriológico al que hemos aludido al comienzo del presente apartado, a lo que es genuinamente creado, lo absolutamente contingente y singularmente natural’’.
Juan Martínez Moro. Crítica de la razón plástica: método y materialidad en el arte moderno y contemporáneo. 2011.
El teórico Juan Martínez Moro desarrolla el concepto de plástico en el fragmento de su ensayo, el cual encabeza el presente texto. Aborda el significado de este término desde un punto de vista histórico, dando a conocer cómo evoluciona a lo largo del tiempo. Aplicado a la materia artística, lo plástico, en los albores del Romanticismo —siempre en el contexto occidental—, evocó la ruptura con la rigidez del arte anterior, haciendo que la forma — principal fundamento de lo plástico— cobre vida, sea más libre, es decir, auténticamente plástica, moldeable, frente a los postulados estáticos clasicistas.
La pintura de Pablo Montesinos (Zaragoza, 1970) está dotada de lo plástico, pues no toda obra de arte, aunque sea pictórica, puede llegar a contener y transmitir esta noción. Ya se comentó con el asunto de arte precedente al periodo romántico. Incluso, en el caso de nuestro protagonista, no se puede afirmar que durante su producción anterior fuera capaz de dotar de lo plástico a su trabajo. Cabe recordar que las pinturas previas a este año, exceptuando las encuadradas en los últimos meses de 2024, se caracterizan por contener ideas —generalmente— indisociables respecto a la composición pictórica presentada, pues como artista —puramente— abstracto, carece de iconografía. Su tendencia más frecuente, hasta ahora, fue la supresión de las formas geométricas para primar el valor de lo gestual. Así, el público observa un conjunto de pinceladas expresivas que a priori no remiten a nada en concreto, de no ser porque Montesinos les concede un significado en particular una vez finaliza la obra.
Sin embargo, sus piezas actuales, a pesar de seguir la tónica abstracta purista, marcan una tendencia diferente, especialmente sugestiva, pero también un tanto amenazante, debido a que muestran explícitamente el efecto bouba/kiki, donde kiki, simbolizado por las formas angulosas y sobre todo puntiagudas, se asocia con ideas negativas*. Así, las obras recientes de Montesinos, realizadas con pincel y a veces intercalando la espátula transmiten esa sensación de inquietud, al igual que de energía condensada que se despliega paulatinamente en la composición. Asegura el artista que hoy día percibe cómo su pintura expresa la incomodidad que siente por el panorama político social y cultural, el cual considera adverso. Entonces resulta lógico que durante su proceso pictórico, basado siempre en el predominio de lo gestual y arbitrario, subyazcan sin pretenderlo sus sentimientos y emociones, los cuales afloran en la materia, en el pigmento y su disposición. Del inconsciente a la conciencia plena, lo plástico exhibe ‘’lo que está vivo, lo que acontece’’. Kiki, lo negativo, es plástico, dinámico y resolutivo, catártico. Lo plástico en la obra de Montesinos igualmente nos lleva a la idea de que ‘’[L]a pintura piensa. […] Balzac nos cuenta que la causa final de la pintura está en un más allá de la práctica de la pintura. […] Lo que significa que el ejercicio (la obra) no cuenta con el consentimiento del pensamiento (su ejecutor), con su deseo fundamental: su humor [.]’’ (La pintura encarnada, seguido de La obra maestra desconocida de Honoré de Balzac, Georges Didi-Huberman, 1984).
*El efecto bouba/kiki se trata de una asociación cognitiva entre sonidos y formas presente de manera universal en los seres humanos, independientemente del lenguaje hablado por estos, donde el término bouba remite a formas redondeadas y el término kiki a las formas puntiagudas. Estudios lingüísticos como el de Fabian Bross demuestran que más de la mitad de asociaciones de kiki se hacen con ideas negativas, sucediendo al contrario con bouba.
Pablo Montesinos: la fuerza del pigmento que se apodera del soporte
Por Andrea García Casal, historiadora del arte y teórica
‘‘El lienzo es un campo de batalla interminable’’. Cita atribuida a Antonio Saura.
Esta oración que se atribuye al artista Antonio Saura es, sin duda, una aclaración muy pertinente sobre el modo de trabajar del pintor Pablo Montesinos (Zaragoza, 1970). Si para Saura el lienzo parecía no terminarse nunca durante el proceso creativo —más bien un alboroto creativo—, la situación de Montesinos es semejante. Lo cierto es que para nuestro autor resulta fundamental el trabajo lento con la obra de arte, pues se van dando averiguaciones y superándose retos de manera constante entretanto se crea.
Montesinos tiene dos vertientes bien definidas en su pintura, pese a que en ambas prima la gestualidad como signo de identidad del autor. Las dos se van intercalando entre sí. En una de sus tendencias el trazo es el protagonista, entendiendo el trazo como línea construida con el pincel que va tomando forma a medida que avanza la creación de la obra; el resultado son obras figurativas marcadas por el dinamismo en las líneas y su expresividad.
Por otro lado, en la siguiente vía de su trabajo resulta más capital aplicar la mancha y ver sus posibilidades, eliminando la noción figurativa asociada al trazo, pues el trazo es el principal constructor de formas; aunque sean formas geométricas o llanamente abstraizantes, siempre se puede apreciar una línea que articula grosso modo un elemento reconocible en la realidad visible.
Al diluir la relevancia del trazo, la mancha, que es naturalmente arrepresentacional se refuerza abriéndose camino en la pieza; va tomando apariencia en el soporte vacuo. Con todo, la presencia definitiva de la mancha, la cual se revela al concluir la obra, no en todas sus piezas resulta tan arrepresentacional como al comienzo de la factura plástica. Esto es así debido a que Montesinos puede acabar por organizar las manchas para esbozar formas, rechazando en cualquier caso la noción de trazo, pero no suprimiendo la de agrupación. La irregularidad de las manchas que se congregan da lugar, eventualmente, a elementos muy abocetados, sugeridos, que responden a motivos iconográficos, símbolos, signos, etc. Comenta Montesinos que sus obras empiezan con la elección del color y de la composición de los trazos o manchas, para terminar con la racionalización de la pieza. De este modo, la composición nunca está prefijada, así que el pintor va configurando su carácter paulatinamente, con altas dosis de espontaneidad. Sin embargo, bajo esa arbitrariedad, opera el valor del inconsciente colectivo junguiano. Montesinos remite, aunque sea vagamente, a imágenes primordiales-arquetípicas; globales y que cualquier persona, independientemente de su cultura, puede entender. Cabe recordar que esto no sucede en todas sus obras creadas con manchas, ya que en algunas el nivel de abstracción es tan alto que resulta indisociable con un asunto en concreto.
Para concluir, no puede dejarse de lado la trascendencia del color en este autor, pues al final es lo primero que elige al empezar cada pintura. Sus colores son fuertes, graves, que combinados dan lugar a obras vibrantes e incluso chocantes desde un punto de vista cromático. Montesinos afirma estar influenciado no solo por autores que le interesan como Saura o grupos vinculados al estilo de El Paso, sino también por las Pinturas negras del pintor Francisco de Goya. De hecho, en el particular colorido de sus obras más abstractivas se nota precisamente cómo Montesinos gusta de utilizar negros, ocres, marrones y notas de blancos y grises, dispuestos para hacer confrontar al público con la intensa composición en el aspecto del color. El trabajo de la materia, su densidad y ausencia tampoco debe olvidarse en un juego háptico y muy expresivo que se basa en el acrílico y la técnica mixta.