Cuando vemos una radiografía de la espalda, parece que las vértebras están una encima de la otra. Sin embargo, entre cada hueso existe una estructura muy especial: el disco intervertebral.
A mí me gusta explicarlo como si fuera el amortiguador de un automóvil o un pequeño colchón de agua. Su trabajo es evitar que los huesos choquen entre sí cada vez que caminamos, corremos, saltamos o cargamos algo pesado.
¿De qué está hecho un disco?
Aunque parece una pieza muy sencilla, el disco está formado principalmente por:
● Agua: aproximadamente el 70 al 90% de un disco sano es agua. Gracias a ella puede soportar grandes cargas.
● Colágeno: es la proteína que le da resistencia y evita que el disco se rompa fácilmente.
● Proteínas especiales (proteoglucanos): funcionan como pequeñas esponjas capaces de atraer y retener agua.
● Un núcleo gelatinoso en el centro, rodeado por un anillo de fibras muy resistentes, parecido a una dona rellena de gel.
¿Para qué sirven los discos?
Aunque tienen muchas funciones, las más importantes son:
1. Absorben los impactos.
Cada paso que damos genera una fuerza que viaja por nuestra columna. El disco disminuye ese impacto antes de que llegue a los huesos.
2. Permiten el movimiento.
Gracias a ellos podemos agacharnos, levantarnos, girar el cuerpo o inclinarnos hacia los lados sin que las vértebras choquen entre sí.
3. Distribuyen el peso.
Cuando cargamos una mochila, levantamos a un niño o permanecemos sentados durante varias horas, los discos ayudan a repartir esa carga de forma uniforme.
4. Protegen las articulaciones y los nervios.
Al mantener una separación adecuada entre las vértebras, ayudan a que los nervios tengan espacio suficiente para salir de la columna sin ser comprimidos.
Durante la noche, cuando estamos acostados, los discos vuelven a absorber agua, como una esponja que se llena lentamente.A lo largo del día, al caminar, permanecer de pie o sentarnos, esa agua se pierde poco a poco debido a la presión constante. Por eso, al final del día podemos medir entre 1 y 2 centímetros menos que por la mañana. Al dormir, los discos vuelven a hidratarse y recuperan parte de su altura.
¿Cómo mantener saludables los discos?
Aunque el paso del tiempo es inevitable, existen hábitos que ayudan a conservarlos en mejores condiciones.
Dormir bien.
El descanso permite que los discos recuperen parte del agua que perdieron durante el día.
Mantener una buena hidratación.
Ningún alimento "hidrata directamente" los discos, pero beber suficiente agua ayuda a que el organismo mantenga un adecuado equilibrio de líquidos, indispensable para su funcionamiento.
Consumir una alimentación equilibrada.
Los discos necesitan nutrientes para conservar su estructura. Una dieta rica en proteínas de buena calidad, frutas, verduras, pescado, huevo, legumbres, lácteos y alimentos ricos en vitamina C favorece la producción de colágeno y el mantenimiento de los tejidos.
Mantenerse activo.
Caminar, fortalecer los músculos del abdomen y la espalda, y realizar ejercicio de manera regular favorecen la nutrición del disco. Curiosamente, el disco casi no recibe sangre directamente; obtiene gran parte de sus nutrientes gracias al movimiento, como una esponja que se comprime y se expande.
Para recordar
Los discos intervertebrales son mucho más que un simple "colchoncito". Son verdaderas obras de ingeniería biológica que soportan miles de movimientos y toneladas de carga a lo largo de nuestra vida.
Cuidarlos no depende de un medicamento milagroso, sino de pequeños hábitos diarios: mantenerse activo, dormir adecuadamente, hidratarse y llevar una alimentación saludable. Esas decisiones de hoy pueden ayudar a que tu columna siga moviéndose con libertad durante muchos años.