El injerto óseo es un procedimiento utilizado para aumentar o reconstruir el hueso en áreas donde es deficiente o se ha perdido. Implica el uso de hueso de otra parte del cuerpo o el uso de hueso de donante de otra fuente. El injerto óseo se realiza comúnmente para mejorar el volumen óseo en preparación para la colocación de implantes dentales. El procedimiento promueve la regeneración e integración ósea, proporcionando una base estable para los implantes dentales.
El injerto óseo funciona al estimular la respuesta natural de curación del cuerpo para regenerar e integrar nuevo tejido óseo en áreas donde hay deficiencia o pérdida ósea. Primero, el cirujano evalúa el sitio del injerto óseo por su tamaño y extensión. Luego, se abre el tejido de las encías y se añade material de injerto óseo. Dependiendo de la cantidad de injerto necesaria, pueden requerirse materiales adicionales junto con el injerto óseo. Con el tiempo, el proceso natural de curación del cuerpo comienza, y los vasos sanguíneos y células del área circundante infiltrarán el sitio del injerto, iniciando la formación de nuevo hueso.
El proceso de curación e integración puede tardar varios meses, durante los cuales el hueso trasplantado se fusiona con el hueso existente para formar una base estable. Su cirujano monitoreará su progreso a través de citas de seguimiento y puede recomendar procedimientos adicionales, como la colocación de implantes dentales, una vez que el injerto haya sanado por completo.
Como cualquier procedimiento quirúrgico, el injerto óseo conlleva algunos riesgos, incluidos infección, sangrado y rechazo del injerto. Sin embargo, estos riesgos son relativamente bajos, especialmente cuando lo realiza un cirujano experimentado. Su cirujano oral discutirá cualquier riesgo potencial con usted antes del procedimiento.