Olluquito con Charqui es una novela gráfica peruana de José Aburto y Sebastian Burga, publicada por la Editorial Planeta.
Lo que parece el refrigerador de una familia peruana promedio es en realidad un gigantesco templo llamado Freón. Aquí habitan los alimentos sometidos bajo el yugo transgénico de las Salsas del Divino Sabor. Su líder, el Cardenal Heinzler, el Ketchup, ha capturado el poder utilizando la amenaza del deshielo anunciado por una profecía apocalíptica: si no aceptan ser ungidos antes del Corpus Crispi, perderán más que su sabor, la podredumbre los corromperá.
Sin embargo, esta profecía también promete la llegada de «El Salado», un ser mítico, enemigo mortal de las salsas. En su búsqueda seguiremos la historia de Olluquito, Charqui y sus ingredientes quienes se enfrentan en una batalla épica a las salsas para traer un equilibrio más natural y armónico entre todos vegetales, aunque el final de esta receta no es lo que ellos esperaban tampoco.
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Olluquito empieza sus días como un fiel bocadillo de las salsas, todo lo que conoce lo sabe por ellas y su violento encuentro con Charqui le abre una perspectiva nueva que lo hace buscar sus verdaderas raíces. Solo mira esos cachetitos y verás que es inocente, tímido, bien educado pero además muy valiente.
Charqui, carne milenaria con vocación de Chamán, es un fiel creyente en el Tayta Solcito y siempre está haciendo profecías equivocadas. Lo encontramos congelado en un bloque de hielo en lo más profundo de las minas del Rey Salmón desde donde empezará su imparable caída en desgracia.
A Perejil lo puedes encontrar vagando por los rincones de Freón fumándose sus propias hojas, sin preocuparse por nada. Lo conocen por muchos nombres: Parsley, marimba, atadito, ganja, grass, griffa, yerba buena, y hasta algunos desnarizados lo llaman Culantro pero nunca tanto. Su verdadero nombre es Petroselinum Vulgare, de cariño, Perejil.
Panka es un maldito. Uno de los más picantes de todo Freón. Buscado por múltiples crímenes entre ellos: “apertura no consentida de latas, ateísmo voluntario y exceso de sodio”. Odia con todas sus semillas al Cardenal Heinsler que le quitó al amor de su vida, Ají Mirasol. Si te lo cruzas, mejor te tapas tu etiqueta y miras para otro lado.
Media Cebolla o la bella señora de las lágrimas las ha tenido duras en esta vida. Una empresaria que no es ajena al dolor, la separación y el filo de los cuchillos. A pesar de todo ha sabido salir adelante en un mundo donde los vegetales siempre son mal vistos. Sin embargo, nuestra valiente amiga guarda muchos secretos que sin lugar a dudas harán humedecer tus ojos.
El Cardenal Heinsler, salsa entre las salsas, su cremosidad es el pináculo de la cadena alimenticia en el refrigerador. Su ambición es desaparecer todos los sabores poco santos de su comarca con la ayuda de las salsas del divino sabor. Este deseo está a punto de hacerse realidad justo antes del Corpus Crispi, la celebración más sabrosa de Freón.