En este capítulo profundizaremos en lo que significa “agua de calidad” y por qué no siempre es sinónimo de “agua que se ve limpia”. También abordaremos los contaminantes más frecuentes y cómo ocurren los procesos de contaminación, tanto directa como indirecta. Finalmente, describiremos los tipos de contaminantes (físicos, químicos y microbiológicos) que pueden afectar la seguridad del agua.
Agua de calidad es aquella que cumple con los parámetros necesarios para su uso específico (consumo humano, riego, uso recreativo, etc.).
No estar contaminada implica que los niveles de sustancias o microorganismos peligrosos se encuentren dentro de los límites aceptados por las normas de salud nacionales o internacionales.
Idea clave:
Un agua puede parecer cristalina a simple vista pero contener bacterias u otros contaminantes invisibles. Por otro lado, puede tener un ligero color o sabor debido a minerales naturales sin que esto represente un riesgo para la salud.
Para entender la calidad del agua, es fundamental reconocer qué elementos pueden afectar su pureza y cómo estos ingresan en la fuente de agua.
Sedimentos y sólidos suspendidos: Partículas de arena, arcilla o materia orgánica que flotan en el agua.
Plásticos o basura visible: Residuos sólidos, bolsas plásticas o microplásticos.
Aumento de la temperatura (contaminación térmica): Puede deberse a descargas de agua caliente de industrias o disminución de la vegetación en las orillas de ríos y lagos (menos sombra sobre el agua).
Pesticidas y fertilizantes: Proceden de actividades agrícolas intensivas, escurrimiento de campos o uso excesivo de químicos.
Metales pesados (arsénico, plomo, mercurio): Suelen llegar al agua por procesos industriales, minería o lixiviados de basureros.
Desechos industriales y domésticos: Incluyen sustancias tóxicas vertidas ilegalmente o infiltraciones de sistemas de alcantarillado en mal estado.
Productos de limpieza y detergentes: Si no son biodegradables, pueden alterar la composición química del agua.
Bacterias (E. coli, coliformes, etc.): Indicadoras de contaminación fecal, provienen de heces humanas o animales.
Virus y protozoos (por ejemplo, Giardia): Pueden sobrevivir en el agua y causar enfermedades estomacales o intestinales.
Hongos y otros microorganismos: Crecen en ambientes húmedos y pueden provocar problemas en la piel o infecciones oculares.
Ocurre cuando un contaminante ingresa al agua sin pasar por otro medio intermedio.
Ejemplo: Vertido de residuos industriales o químicos directamente a un río.
Descarga de aguas residuales domésticas (aguas negras o grises) que se lanzan a canales o ríos sin tratamiento previo.
Accidentes industriales: Como el derrame de petróleo o químicos tóxicos en el mar o en cuerpos de agua superficiales.
Se da cuando el contaminante viaja o se filtra a través de suelos, rocas o incluso el aire antes de llegar a la fuente de agua.
Escurrimientos agrícolas: El agua de lluvia arrastra pesticidas y fertilizantes de los campos, que terminan en ríos o lagos.
Infiltración en el subsuelo: Productos químicos, lixiviados de basureros o descargas sépticas llegan a los mantos freáticos (aguas subterráneas).
Contaminación atmosférica: Lluvia ácida que arrastra contaminantes del aire y los deposita en lagos o en el suelo, filtrándose luego al agua subterránea.
Protección de la salud: Identificar los contaminantes más frecuentes y sus vías de ingreso nos ayuda a tomar medidas preventivas (hervir el agua, usar filtros adecuados, etc.).
Responsabilidad compartida: La contaminación del agua no es solo responsabilidad de las grandes industrias; también influye el manejo de desechos domésticos y agrícolas.
Prevención y acción comunitaria: Conocer cómo se contamina el agua fomenta la colaboración entre vecinos, autoridades y escuelas para proteger las fuentes de agua de manera sostenible.
Resumen del Capítulo 1
El agua de calidad no necesariamente es “transparente”. La pureza depende de la ausencia (o presencia mínima) de contaminantes físicos, químicos o microbiológicos.
Los contaminantes pueden ingresar al agua de forma directa (vertidos ilegales) o indirecta (escurrimientos, infiltraciones).
Reconocer qué son y de dónde provienen los contaminantes es clave para prevenir enfermedades y diseñar estrategias de conservación de las fuentes de agua.