"Llegué a Alcohólicos Anónimos sin entender por qué no podía dejar de beber. En AA me explicaron que sufría una obsesión mental y una alergia física que me impedían controlar el consumo. Gracias al apoyo de mi padrino y del grupo, comencé a practicar los preceptos del programa, aunque al inicio me resistía.
¿Cómo podría solucionar tremendo conflicto en mi vida?
Mis compañeros de grupo me hablaron de una formulita para poder restablecerme de esta terrible enfermedad.
Me dijeron los siguientes PRECEPTOS (trozos de verdad)
Me parecía difícil practicarlos, ya que se revelaban mis instintos y deseos, pero fue pasajero porque mi padrino siempre estuvo ahí, guiándome en la práctica de ellos.
Admitimos que estábamos vencidos, que éramos impotentes ante el alcohol.
Hicimos un inventario moral de nuestros defectos o pecados.
Confesamos o compartimos nuestros defectos con otra persona, de forma confidencial.
Hicimos restitución a todas aquellas personas que habíamos perjudicado con nuestra bebida.
Tratamos de ayudar a otros alcohólicos, sin buscar recompensa en dinero o prestigio.
Rezamos al Dios en que cada uno creía pidiéndole la FUERZA necesaria para practicar estos preceptos.
Llegué a Alcohólicos Anónimos sin entender por qué no podía dejar de beber. En AA me explicaron que sufría una obsesión mental y una alergia física que me impedían controlar el consumo. Gracias al apoyo de mi padrino y del grupo, comencé a practicar los preceptos del programa, aunque al inicio me resistía. Poco a poco, con guía y voluntad, acepté mi impotencia ante el alcohol, hice inventario de mis defectos, pedí perdón y empecé a ayudar a otros sin buscar recompensa.
El servicio transformó mi vida. Al participar en el Comité de Instituciones, llevé el mensaje a hospitales. Ver el sufrimiento de otros me hizo valorar la vida y comprender el dolor que yo había causado, especialmente a mi madre. Luego, en el Comité de Información Pública, enfrenté mis miedos, descubrí alegría genuina entre los compañeros, y empecé a comprender el verdadero sentido de servir.
Poco a poco, con guía y voluntad, acepté mi impotencia ante el alcohol, hice inventario de mis defectos, pedí perdón y empecé a ayudar a otros sin buscar recompensa.
Hoy reconozco que AA no solo me dio sobriedad, sino una nueva manera de vivir, con esperanza, gratitud y propósito.
JL. Grupo 12 de marzo