Los sueros y las vacunas confieren inmunidad a aquella persona que los recibe. En el caso del suero, se produce una inmunidad pasiva, ya que sólo se inoculan inmunoglobulinas específicas para un determinado antígeno, y su protección es inmediata, pero válida durante un corto periodo de tiempo.
La vacuna, sin embargo, ofrece inmunidad activa porque se introducen antígenos. Así, la protección es de larga duración, aunque, para que sea activa, se necesita un periodo de incubación.
Los sueros son preparados biológicos, de origen animal o humano, que contienen anticuerpos y producen la inmunidad artificial pasiva de la persona a la que se administra, frente a enfermedades infecciosas. La inmunidad producida por los sueros es inmediata, pero es menos intensa y duradera que la
inmunidad producida por las vacunas. Por eso se emplean sueros en el tratamiento de enfermedades infecciosas de urgencia, por ejemplo, se emplea el suero antirrábico para la profilaxis (prevención) de mordeduras de animales como el perro que podrían transmitir el virus causante de la enfermedad de la rabia; otros sueros contienen anticuerpos para neutralizar toxinas (sustancias nocivas o venenosas, producidas por organismos), son de este tipo los sueros antidiftérico, antitetánico, antibotulínico y antigangrenoso, que neutralizan toxinas producidas por bacterias.