La Catedral de Sevilla, con su belleza sobria y atmósfera mística, fascina a los miles de turistas que cada año la visitan. Las imponentes bóvedas góticas, el hechizo del Patio de los Naranjos, la singular Biblioteca Colombina, la torre campanario, las capillas llenas de obras de arte, junto a una excelsa iconografía que comprende pinturas, esculturas, vidrieras y delicada orfebrería hacen de la visita a la Catedral una cita imprescindible en Sevilla.
Historia de la Catedral de Sevilla
Las obras se iniciaron en 1403 con el propósito, por parte de los canónigos de la Sevilla de la época, de “hacer una Iglesia que los que la vieren labrada nos tengan por locos”, según quedó recogido en la tradición oral popular hispalense.
Esa bendita locura se consagró como catedral en 1507, siendo, hasta la construcción de San Pedro del Vaticano, la más grande del mundo. Actualmente, con sus 76 metros de anchura y 116 de longitud, es la catedral gótica de mayor superficie del orbe.
La imponente y soberbia construcción gótica, cuyo primitivo proyecto se cree que se debe al maestro Alonso Martínez, tuvo un inesperado contratiempo pocos años después de haberse edificado. El 28 de diciembre de 1511 falló uno de sus grandísimos pilares y se derrumbó parte de la bóveda central que cubría el crucero. Se destituyó a Alonso Rodríguez, que había ejercido el cargo de ‘Maestro Mayor’ entre 1498 y 1512, encargándose su reconstrucción al arquitecto Juan Gil de Hontañón, que bajo los dictados del marco estilístico inicial, pergeñó una nueva cúpula.