La Rabia / Ira es una emoción.
Existen dos líneas teóricas para definirla.
Teoría Cognitiva-Neo Asociativa de Berkowitz
“una forma primitiva de ira se activa automáticamente ante una provocación, a través de una red de asociaciones que incluyen los sentimientos, pensamientos, recuerdos, y particularmente, los componentes psicológicos y las reacciones expresivas motrices. cuando estas emociones se interpretan, asimilan las persona afectada es capaz de construir pensamientos complejos y sentimientos relacionados con la Ira.”
Teoría Socio-Construccionista de Averill
“la ira es concebida como un síndrome social que no puede de-construirse en subclases (ni psicológicas, ni cognitivas o de ningún otro elemento). El ámbito social regula la organización de los elementos de la Ira, que está considerado como una respuesta completa de la persona y por tanto solo puede ser entendida en el marco contextual.
Ambas teorías concuerdan en identificar el elemento de la “Intensidad” de la Ira y hacen referencia a “síndrome emocional” dada la complejidad multidimensional y la condición temporal necesaria para que se despliegue la emoción.
EL CEREBRO EN LA IRA
Bien sea que las causas de la rabia sean producto de una amenaza real o imaginaria, de la frustración que deviene de no lograr los objetivos propuestos o de sentirnos ofendidos por un trato injusto, vejatorio, crítico o malintencionado, la experiencia emocional comienza activando la amígdala, el hipotálamo, la hipófisis, que envía la señal a las glándulas suprarrenales, se activa el locus coeruleus y el sistema nervioso simpático; se libera noradrenalina (hormona que aumenta la presión arterial y el ritmo cardíaco) y dopamina, al mismo tiempo que glutamato y se da una disminución de los niveles de serotonina y vasopresina. En la segunda etapa de la ira se da un incremento de los niveles séricos de cortisol, y el cambio de glucosa a nivel plasmático.
A manera de defensa, el cerebro libera catecolaminas, neurotransmisores que incluyen adrenalina, noradrenalina y dopaminas, los cuales son sintetizados a partir del aminoácido tirosina y cuya función es preparar al organismo para la defensa o la huida. Estos neurotransmisores provocan un aumento de energía en el organismo para que este reaccione frente al evento amenazante. La descarga de energía perdura el tiempo necesario, según la magnitud con la que el cerebro haya identificado la amenaza.
COMPONENTES
Excitación: reacción automática y estrés ante la provocación.
Evolutivamente la Ira ha tenido un rol adaptativo de sobrevivencia que es fundamental en la reacción de “lucha o vuela” (fight-or-flight). La excitación autonómica está indicada por él incremento de la frecuencia cardíaca y del tono muscular, altera la postura y la expresión facial por liberación de adrenalina.
2. Cognición: el rol de la ira sesgando la atención y la cognición.
El periodo de excitación es corto, sin embargo, las experiencias repetidas de Ira y los pensamientos sobre las causas que la iniciaron, permiten la persistencia de la emoción.
Durante el estado de Ira y probablemente con la repetición de episodios frecuentes de ira, la atención queda enfocada intensamente hacia las causas que la provocaron y como consecuencia la atención estrecha su alcance y compromete la eficiencia del procesamiento cognitivo y de la toma de decisiones. El despliegue de información sesgada a través de esta vía, provoca una retroalimentación que enaltece la propia emoción de ira.
3. Regulación de la Ira: el camino desde la provocación hasta la agresión reactiva.
Aun cuando es difícil determinar cuando puede comenzar la regulación emocional de la Ira, está claro que son muchos los factores que influyen; por ejemplo, la habilidad de distanciarse de la provocación, o de re-evaluar la amenaza o frustración que inicialmente percibimos tan amenazante. Esta capacidad también es conocida como “control de la rabia” y sirve para modular la intensidad de la emoción.
4. Aspectos psicológicos y conductuales de la Ira
Las expresiones faciales y corporales exageran la percepción de la fuerza física y de las habilidades de lucha (análogamente a los muchos animales); por ejemplo, la mandíbula se endurece, aprieta, denotando estar listos para el ataque. Las demostraciones corporales de la Ira, son característicos de la especie y guardan relación con la selección natural, pero sin duda alguna, están calibradas por las variaciones culturales. Las expresiones lingüísticas también forman parte del repertorio expresivo de la Ira, el tono y volumen se alteran y el lenguaje es claro indicador de la intensidad de la emoción.
LOS GENES Y LA IRA
Los estudios realizados por el Dr. Redford Wiiliams (citado por Lytle, 2015) han detectado una pequeña variación molecular del gen transportador de serotonina, las copias con la versión larga del alelo del gen presentaban una presión arterial más alta y tasas cardíacas en respuesta al estrés, que son indicadores clásicos de la ira. Dichos estudios han sido cuestionados en el mundo científico por ser sesgados y por tanto no han de tomarse como concluyentes.
Los estudios sobre la agresividad también podrían explicar una disposición genética a la Ira; así pues, el estudio del gen MAO-A, que ayuda a regular las emociones, ha arrojado información que demuestra que quienes presentan un versión del gen de bajo funcionamiento son más propensos a la agresividad cuando se les provoca, demostrando más hiperactividad en las estructuras cerebrales asociadas a la regulación emocional, que supone un mayor esfuerzo por lograr el control de la ira.
Los estudios del gen DARPP-32 (Reuter, 2009) que afecta la dopamina y que está relacionado con la ira y la agresividad, revelan que de los individuos que presentan la versión TT o TC (no la CC) refieren mayor dificultad en el manejo de la Ira.
Recordando a Sapolsky en su libro Compórtate (2017) “los genes tienen mucho que ver con él comportamiento. Incluso podemos decir más apropiadamente que todos los rasgos del comportamiento están afectados en algún grado por la variabilidad genética. (...) Pero sus efectos son sumamente dependientes del contexto.(...)Los genes no implican inevitabilidad. En cambio, tienen que ver con tendencias dependientes del contexto, la propensión y las vulnerabilidades. Todo esto incrustado en la trama por los demás factores, biológicos y de otra clase.” (395-396).
En este sentido, hemos de cuidarnos de los determinismos que tienden a inclinar la balanza bien hacia los aspectos genéticos o bien hacia los ambientales como explicaciones inequívocas y exclusivas del comportamiento humano.
VALORACIÓN DE LA IRA
Durante el trabajo de búsqueda de documentación para este trabajo, nos resultó particularmente sorprendente la consideración de la Ira como una emoción negativa. Bien es cierto, que algunos teóricos puntualizan la rabia / ira con una emoción cuya primera finalidad es adaptativa, y por tanto útil al individuo; sin embargo se apunta recurrentemente a su carácter negativo. Según Lázaro, 1991 (citado por Harmon-Jones, 2001) la ira se considera negativa pues las situaciones que las evocan son consideradas desfavorables o indeseables y son, asimismo, generalmente evaluadas como un sentimiento negativo por los individuos que las experimentan.
El factor cultural y de transmisión de normas relacionadas con el comportamiento social refuerza la clasificación de las emociones en positivas y negativas. Quienes son responsables de la crianza de los niños reaccionan con una valencia positiva o negativa a las emociones expresadas, de tal manera que se construye una narrativa asociada a cada emoción (Unoka, Z. 2012). El contexto cultural modela como son experimentadas y expresadas las emociones; la expresión de la rabia también se ve influenciada con el posicionamiento social, de manera tal que la respuesta de rabia es menor cuando quien la detona ocupa un estatus social superior. (Archer 1988, citado en Unoka, Z. 2012)
Bibliografía