El Himno a la Alegría pertenece al cuarto movimiento de la Sinfonía nº 9 del famoso compositor, quien creó esta melodía como parte de una obsesión que le acompañaba desde su juventud. Todo comenzó en 1789, cuando Friedrich Schiller publicó “Oda a la alegría”. El poeta y dramaturgo buscó, según especificó, darle “un beso a todo el mundo”, representando las inquietudes de la Europa de entonces, agitada por valores como la libertad, la felicidad y el espíritu ilustrado. Y estos aspectos a Beethoven, que descubrió este escrito con poco más de 15 años, le apasionaban. Tal fue su entusiasmo al conocer la “Oda a la alegría” que desde el primer momento supo que sería él quien le pusiera la música para, de esta manera, transmitir a través de su propio arte los mismos valores de bienestar, paz y armonía.