Estos son algunos relatos de la zona:
El Señor de Huamantanga
Cuenta la tradición que la imagen del Señor de Huamantanga se veneraba antes del año 1880 en el Ecuador, en el pueblo llamado "Huamán", a donde acudían los fieles peruanos de Jaén, en romería. Juzgando éstos que muy bien podrían venerar la imagen en su propia patria, resolvieron adquirirla. Logrando su objetivo, la trasladaron a Jaén en solemne procesión.
El Señor de Huamantanga es una imagen que invita a la devoción por la perfección de sus líneas y la expresión de su rostro; mide cerca de dos metros de alto, teniendo la contextura de un hombre fuerte pero agotado por el dolor. Los antiguos del lugar, dicen que el Cristo de Huamantanga tenía fijos los brazos, para trasladarlo a Jaén con facilidad, un carpintero los cortó, uniéndolos al tórax con bisagras. La tradición cuenta, que el carpintero-autor de esa profanación- amaneció muerto en el campamento, en forma misteriosa.
Fuente: Segundo Sergio Rodríguez Revoredo (Tupay Tupana)
Huamantanga detiene la lluvia
Fue por los años de 1960 cuando el padre Alfonso Arana Vidal párroco de Jaén. Se celebraba el día central de la fiesta del Señor Huamantanga, por tal motivo debía realizarse la tradicional y solemne procesión. El párroco se opuso a la procesión porque el cielo estaba muy cargado y anunciaba una tempestad, así presagiaban los truenos, relámpagos y un fuerte viento que es característico para que llueva gran intensidad por estas tierras.
La feligresía exigía piadosamente la autorización para sacar al Señor a recorrer las calles, ante la insistencia de los devotos, el párroco cedió de mala gana, responsabilizando a la hermandad en caso la lluvia afecte al Santo Patrón. Empezaron a repicar las campanas y las bandas de vientos a entonar sus melodías religiosas, El Señor salía nuevamente a las calles en hombros de sus fieles, conforme salía la imagen del templo, el cielo se despejaba y las estrellas empezaban a alumbrar en el cosmos.
Recorrieron las diversas calles programadas en medio de cánticos y aleluyas, cuando la procesión culminaba, el cielo empezó a cubrirse de nubarrones, los truenos a retumbar y los fuertes rayos a surcar el espacio como veloces saetas incendiarias. Cuando ingresaba la imagen a la iglesia matriz, empezó la tempestad; en breves instantes las calles de la ciudad estaban anegadas, la fuerte lluvia se prolongó toda la noche.
Fuente: Juan de Dios Bustamante Lozano (Tupay Tupana)
Las campanas de Jaén viejo y Tomependa
Tomependa y San Leandro de Jaén de Bracamoros tenían hermosas y sonoras campanas. La ciudad de Jaén Viejo fue destruida por los nativos, los sobrevivientes llevaron a Zapotal sus campanas que hasta la fecha se conservan en dicho caserío, son grandes y tienen un letrero año 1700.
En Tomependa las campanas también eran famosas, repicaron solemnemente cuando se proclamó la Independencia de Jaén, en la que participaron pobladores de Tomependa masivamente encabezados por su alcalde José Roxas, más tarde la pujante ciudad de Tomependa fue abandonada por sus pobladores debido a los ataques sorpresivos que realizaban los aguarunas que vivían en la zona. Se trasladaron los pobladores de Tomependa a Bellavista Viejo, llevando como parte de sus reliquias la gran campana que fue adquirida el año 1803. Cuando ubicaron la campana en la nueva iglesia no produjo sonido alguno, al contrario sufrió serias fracturas; como recuerdo de la antigua ciudad de Tomependa la vieja campana todavía se aprecia hasta la fecha en una torre de Bellavista Viejo.
Fuente: Ulises Gamonal Guevara (Tupay Tupana)
Los Toros encadenados
En la cumbre del cerro Campana, protector de la ciudad San Ignacio, vive un enorme toro negro encantado, las noches baja al río Chinchipe halando una gruesa beta de oro que pasa por el centro de la ciudad, el toro se aparece a quienes desea encantarlos; a veces lo ven por la subida al cerro Campana, otras por las laderas de Mandinga, por Tambillo, a veces en la misma plaza de armas; cuando está cerca de alguien se esfuma como sombra por una esquina y sólo se escuchan sus bramidos.
La gente que vive cerca del cerro Campana, ve al toro subir a pocos la cuesta, es enorme, de color negro, grandes astas, nariz ancha, con pintas blancas en la barriga; otros dicen es medio barroso. Los cristianos de ánimo fuerte han ido tras el toro, cuando llegan a la cumbre del Campana, no se enfrenta con ellos tampoco las mira, se esconde en el centro de la explanada donde existe una Mamayacu.
La gente a veces lo ha visto confundirse con el ganado del vecindario, ir tras las vacas en celo; si éstas son cubiertas por el toro encantado, aumenta el ganado sin comparación. Los vecinos del lugar dicen que además de ser encantado, es toro illa.
Los mayores escuchan bramidos del toro por los alrededores de la ciudad, en viernes santo, Corpus Cristi, fiesta de las ánimas y a veces para la fiesta patronal de San Ignacio; por lo general escuchan los bramidos antes del segundo canto del gallo, por eso siempre recomiendan no madrugar mucho, puede aparecerles el toro encantado del Cerro Campana y llevarlos para esclavos.
Fuente: Segundo Wilson Cabrera García (Tupay Tupana)