1. Registro del primer taller y selección del emplazamiento
En un primer momento, se había seleccionado como espacio de emplazamiento del mural una pared frontal de 40 metros de largo por 1,40 metros de alto, ubicada en los juegos infantiles del coliseo del barrio Ciudad Valencia. Sin embargo, al iniciar el primer taller participativo y realizar una lluvia de ideas con los asistentes, se evidenció que el formato lineal dificultaba la intervención y limitaba la integración de las propuestas comunitarias. A partir de esta reflexión colectiva, se decidió buscar un muro con proporciones más equilibradas, que facilitara la consolidación de un concepto unificado.
El primer taller participativo tuvo una duración aproximada de dos horas y contó con la asistencia de 18 personas, entre niños, adultos y adultos mayores del sector. La sesión se desarrolló en el polideportivo Ciudad Valencia, bajo una metodología abierta y dialógica: los participantes se organizaron en pequeños grupos para conversar sobre la quebrada Aguablanca, compartir recuerdos y reflexionar sobre su relación cotidiana con el agua.
A raíz de este ejercicio emergió una amplia diversidad de aportes que se organizaron en un mapa sobre cartulina negra. En la esquina superior izquierda se representó el nacimiento del río, cuyo recorrido atraviesa todo el pliego hasta desembocar en la parte inferior derecha. En este cauce simbólico se situaron las propuestas de conservación, las advertencias sobre la contaminación y los sueños de interacción comunitaria con el agua.
El primer boceto digital del mural fue desarrollado en la herramienta CorelDRAW, como una manera de dar forma visual a las ideas surgidas en el collage colectivo. En esta etapa, el trabajo se centró en conservar fielmente los conceptos aportados por los participantes, integrando cada elemento gráfico dentro de una composición armónica que permite una lectura fluida del recorrido del agua y de las relaciones simbólicas que la comunidad estableció con la fuente hídrica.
Este primer boceto busca resaltar los aportes de la comunidad, no transformarlos, situándolos dentro del propósito esencial del mural: invitar a la reflexión sobre la preservación de la quebrada y reconocer el valor del agua como recurso común y vital.
Taller permanente
El muro de los mensajes transforma la obra en un espacio vivo, participativo y en constante construcción colectiva, esta propuesta permite que la comunidad intervenga directamente la obra mediante mensajes ecológicos, reflexiones y manifestaciones libres relacionadas con el cuidado del agua y el territorio.
El muro no es únicamente un complemento visual del mural, sino un dispositivo de interacción social y comunitaria. Se convierte en un lugar de encuentro, diálogo y expresión libre donde las personas pueden apropiarse del espacio público y participar activamente en la reflexión ambiental. La obra no es únicamente al artista es una creación colectiva que evoluciona constantemente con la participación.
Cada viernes en la mañana realizo una jornada de mantenimiento y acompañamiento del mural, limpiando los tres muros e incorporando nuevas tizas para garantizar que el espacio continúe disponible para la participación de la comunidad. Esta acción cobra especial importancia debido a que durante los fines de semana se registra la mayor afluencia de visitantes y, al mismo tiempo, el nivel más alto de contaminación en el sector.
El muro también funciona como un espacio de encuentro y memoria temporal. Aunque los mensajes desaparecen con la lluvia, cada intervención deja una huella simbólica en la experiencia comunitaria. La desaparición de las palabras no significa pérdida, sino renovación constante: nuevas voces reemplazan a otras, permitiendo que el mural permanezca abierto al cambio, al diálogo y a la transformación social continua.