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Lecturas de ciencia y educación, por Luis Moreno Martínez
Lecturas de ciencia y educación, por Luis Moreno Martínez
Título: Grandes comunicadores de la ciencia. De Galileo a Rodríguez de la Fuente.
Autor: Bienvenido León.
Editorial: Editorial Comares-Fundación Lilly.
Año: 2024.
Sinopsis: La comunicación pública de la ciencia es hoy en una prioridad en las sociedades más desarrolladas. Sin embargo, comunicar la ciencia no es tarea fácil, debido a la enorme magnitud del conocimiento y su extrema especialización, que acrecientan su complejidad. Pero a pesar de esta dificultad, a lo largo de la historia, algunos científicos y comunicadores han logrado comunicar la ciencia con el máximo nivel de excelencia. Este libro profundiza en las vidas y obras de estos personajes, para explicar de qué forma han conseguido convertir el conocimiento científico en un asunto comprensible e interesante para el gran público. Del estudio de sus obras se desprenden algunas claves para comunicar la ciencia con eficacia.
Temáticas: Comunicación científica, historia de la ciencia, science studies.
Género: Biografías.
Las narrativas históricas sobre ciencia han estado tradicionalmente protagonizadas por personajes de «bata y laboratorio». Por el contrario, los historiadores de la ciencia han ampliado considerablemente el elenco de personajes vinculados a la ciencia, sin los cuales no pueden entenderse plenamente el desarrollo de la misma. Así, profesores, estudiantes, políticos, fabricantes o amateurs han ido protagonizando con mayor frecuencia las historias contemporáneas de la ciencia. Esta ampliación de miras no solo se ha materializado en la tipología de personajes, también en las facetas de los científicos que son objeto de estudio. Si bien la faceta investigadora ha monopolizado las biografías científicas durante décadas, otras facetas imprescindibles de los científicos han cobrado un protagonismo creciente, como su faceta docente o su labor como divulgadores de la ciencia. Es en esta última dimensión del quehacer científico en el que se inscribe Grandes comunicadores de la ciencia. Esta obra emplea las biografías de diez destacadas figuras de la historia de la ciencia para analizar qué aspectos comunicativos lograron que sus ideas y sus obras circulasen ampliamente más allá de la comunidad de expertos de cada época. Su autor, Bienvenido León, catedrático de Comunicación de la Ciencia de la Universidad de Navarra, elige un significativo elenco para su recorrido por la historia de la comunicación científica. Así, el lector se encontrará con breves pero ilustradores apuntes biográficos sobre Galileo Galilei (1564-1642), Jane Marcet (1769-1858), Alexander von Humboldt (1769-1859), Charles Darwin (1809-1882), Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), Rachel Carson (1907-1964), Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980), Carl Sagan (1934-1996), David Attenborough (1926-) y Jane Goodall (1934-). Acompañan a estos apuntes biográficos una serie de entrevistas a expertos procedentes de diversos ámbitos sobre la obra y la dimensión divulgativa de cada biografiado. A través del análisis de sus obras, León identifica cuáles son las claves para comunicar la ciencia de modo que resulte inteligible e interesante a públicos diversos. Si bien cada contexto entraña sus particularidades en lo referente a qué se entendía entonces por ciencia y cómo se producía y comunicaba el conocimiento científico, la mirada biográfica se revela de gran utilidad analítica para extraer conclusiones sobre cómo personalidades con formaciones, habilidades comunicativas y contextos en ocasiones notablemente diferentes consiguieron el objetivo común de hacer circular ampliamente la ciencia más allá de las lindes de las comunidades de expertos.
Como el lector podrá comprobar, la obra de Galileo Galilei ilustra el poder divulgativo del diálogo. En su célebre Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo (1632), tres personajes conversan en torno a la organización del universo. Escondidas tras la voz de uno de los protagonistas, Salviati, las ideas copernicanas difundidas por Galileo son debatidas con el inteligente Sagredo y el objetor Simplicio, que encarna muchas ideas contrarias a Copérnico y Galileo. Estos personajes también aparecen en su obra Discurso y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias (1638), donde expuso sus ideas sobre dinámica y estática. La distinta complejidad de las preguntas de Sagredo y Simplicio, así como la correspondiente complejidad de las respuestas de Salviati a las mismas, permiten ampliar los públicos potenciales de la obra, ya que la adecúan a distintos niveles de dificultad. Interpelar al lector, incluir elementos humorísticos, acompañar el texto de bellas ilustraciones y apostar por un lenguaje claro y sencillo son otras de las estrategias comunicativas empleados por este filósofo natural.
Aunque los tiempos de Galileo fueron testigos de la creación de las primeras sociedades científicas y el consiguiente incremento de publicaciones científicas, fue en el siglo XIX cuando comenzaron a eclosionar las distintas disciplinas científicas, tal y como las entendemos actualmente. En este contexto decimonónico, la primera biografía que encontrará el lector es la de Jane Marcet, una figura imprescindible de la divulgación de la química en el siglo XIX. Su obra Conversaciones sobre química (1805), inspiradas en las conferencias sobre química impartidas por el célebre filósofo natural Humphry Davy en la Royal Institution, es un texto de referencia en la química decimonónica. Su forma de presentar los fundamentos, las aplicaciones, los hallazgos recientes y la historia de esta ciencia muestran un importante dominio de la entonces emergente disciplina química por parte de Marcet; además del dominio de importantes habilidades comunicativas. Aunque dirigido inicialmente al público femenino, la obra circuló ampliamente entre un público amplio, incluyendo al mismísimo Michael Faraday, que lo encontró de gran estímulo. Marcet apuesta de nuevo por el diálogo desde la modestia y una presentación organizada y jerazquizada de los saberes (algo en la frontera con los manuales educativos) que son abordados mediante preguntas y respuestas. De este modo el lector no solo aprende sobre química, sino que aprende a razonar desde el prisma de esta ciencia.
El siglo XIX fue también testigo de la transición, nada lineal, entre la figura del filósofo natural y del científico (término que no se usó hasta la década de 1830). Es en este territorio fronterizo donde se sitúa el siguiente biografiado de Grandes comunicadores de la ciencia: Alexandre von Humboldt. La obra de este destacado naturalista y explorador muestra el interés de narrar la experiencia personal de quien se encuentra inmerso en la producción de nuevo conocimiento (en su caso, sus épicas expediciones) e imbricar distintas ramas del saber (superando los límites de las disciplinas científicas) como estrategias útiles para la comunicación de la ciencia. En esta línea también se sitúa la obra de otro de los protagonistas del libro de Bienvenido León: Charles Darwin. El autor de El origen de las especies (1859) apostó por combinar el rigor de la ciencia y la cuidada prosa de la literatura, prestando atención a la selección de la información, evitando la ambigüedad de algunos términos e incorporando imágenes y metáforas para ofrecer un recorrido personal por la teoría científica con la que deseaba que el lector observase la naturaleza. De nuevo, un ejemplo que ilustra que hablar desde la experiencia dota al divulgador científico de autoridad epistemológica ante el público lector.
La ciencia española también está presente en Grandes comunicadores de la ciencia representada por Santiago Ramón y Cajal y Félix Rodríguez de la Fuente. Desde el patriotismo y defensa del valor cultural de la ciencia, la obra de Cajal (excelso científico pero nada ducho orador) ilustra para Bienvenido León el poder comunicativo de la imagen y la idea de que la divulgación de la ciencia apoya y complementa la investigación. En esta línea, el poder de lo audiovisual para la comunicación de la ciencia es otro elemento central para entender el influjo de la obra de Rodríguez de la Fuente (este sí, diestro orador) en la concienciación del cuidado de la flora y la fauna de nuestro país. El documental como herramienta de comunicación científica también está ampliamente presente en la obra de David Attenborough (1926-), la cual fue objeto de estudio en la tesis doctoral del profesor León. Su entusiasmo y pasión por las ciencias de la vida y de la Tierra, sin centrar su discurso en lo que le público debe saber, sino en lo que al público puede interesar, fueron algunas de las estrategias del célebre divulgador científico británico, no exentas de debate, pese a sus notables éxitos.
A Marcet se añaden otras dos mujeres protagonistas del viaje por la historia de la comunicación científica ofrecido por Bienvenido León: Rachel Carson y Jane Goodall. De la primera, cabe destacar el estilo narrativo de su célebre Primavera Silenciosa (1962), obra en la que Carson denunció el uso indiscriminado de pesticidas. Esta obra, que tuvo una dura y contundente respuesta por parte de la industria química, apuesta por un lenguaje poético para envolver al lector y facilitar así la adquisición de conocimientos científicos, así como la idea de que la divulgación científica puede concienciar al lector para que actúe ante una problemática sociocientífica. Carson emplea conceptos científicos que son explicados solo hasta el nivel que exige la argumentación, a la par que fusiona ciencia y literatura para despertar sentimientos y emociones en el lector. En el caso de Goodall, es la autobiografía la herramienta que le permitió lograr el ansiado equilibrio entre rigor y amenidad por el que pugna la divulgación científica.
Pero si hay un protagonista imprescindible en una obra sobre historia de la divulgación científica como Grandes comunicadores de la ciencia es Carl Sagan. Su biografía muestra el desdén y los impedimentos que hacer divulgación ha implicado a diversas personas dedicadas a la investigación científica, algo que tristemente no es exclusivo de tiempos pretéritos. No en vano el prejuicio elitista que considera que la popularidad de un científico ante el público general es inversamente proporcional a sus logros como investigador es conocido como «efecto Sagan». Su gran capacidad como orador, su forma de envolver la ciencia a través de historias en una clara apuesta por una divulgación humanista de la ciencia o su cuidadosamente medido sentido del humor, hacen de la obra del autor de Un punto azul pálido o la mítica serie Cosmos un valioso legado de la divulgación de la ciencia.
La ciencia es un legado cultural que dota al ser humano de un conocimiento capaz de entender la realidad a su nivel más íntimo. Una empresa humana de tal envergadura solo puede ser intrínsecamente compleja. Desde esta complejidad del conocimiento científico, su comunicación es necesariamente una tarea nada sencilla para la que no existen soluciones únicas y universales, pero sí estrategias evidenciadas más eficaces que otras. No obstante, la historia de la comunicación científica nos permite identificar aquellos aspectos que se han probado útiles a la hora de impulsar la ciencia más allá del gabinete decimonónico o el laboratorio moderno. El recorrido histórico ofrecido por Grandes comunicadores de la ciencia subraya la importancia de adecuadas competencias comunicativas (ya sea de forma oral, a través de la palabra escrita, mediante la imagen o recurriendo a formatos audiovisuales), la determinante vinculación del discurso con el público (al que se ha de involucrar desde la emoción y la curiosidad intelectual) y el maridaje entre conocimiento y humildad como caminos eficaces para quienes deseen transitar el fascinante ejercicio intelectual que supone comunicar ciencia (y si se me permite, también para enseñarla).
Buena lectura, buen viaje.
Madrid, 18 de mayo de 2025.
Sobre la difícil labor de comunicar ciencia:
«La ciencia trata sobre asuntos complejos, cuya simplificación cae con facilidad en la falta de rigor [..]. Algunos comunicadores consiguen superar todas estas dificultades y hacen un trabajo eficaz para construir enunciados que llevan la ciencia hasta el gran público».
Citado por el autor en p. 4.
Sobre el papel de los divulgadores científicos como mediadores entre la ciencia y la sociedad:
«Esta labor de mediación eleva el papel de divulgadores como [Jane] Marcet, para convertirlos en figuras que participan activamente en crear, compartir y utilizar el conocimiento. Se supera así la visión simplista de la divulgación como un proceso unidireccional, limitado a la transmisión de saberes, para convertirlo en uno bidireccional en el que la figura del divulgador contribuye a crear una red multimodal de comunicaciones entre los científicos y la sociedad».
Citado por el autor en p. 44.
Sobre la importancia de la humildad del divulgador científico:
«Es conveniente que el orador se presente ante el público con modestia, ya que con esta actitud reconoce que no tiene todas las respuestas, lo que hace que el público se sienta más cómodo y dispuesto a escuchar el mensaje. En caso contrario, si el orador es percibido como arrogante, se transmite una actitud de superioridad que puede generar desconfianza y resistencia en el público».
Citado por el autor en p. 49.
Sobre la importancia de una divulgación científica que emocione al público:
«Comunicar la ciencia es mucha más que transmitir conocimientos, ya que emociones y sentimientos juegan un papel muy relevante en el modo en que los mensajes son recibidos y entendidos».
Citado por el autor en p. 155.
Sobre la crítica al modelo del déficit en divulgación científica :
«En las últimas décadas se ha ido abandonado el denominado modelo del déficit, según el cual existe una carencia de conocimiento científico en la sociedad y la mera transmisión de información puede solucionar los problemas. Paralelamente se ha ido imponiendo el modelo del diálogo, que incluye consideraciones acerca del contexto, valores, intereses y emociones, como elementos clave para lograr una comunicación eficaz».
Citado por el autor en p. 156.