Los fieles tienen derecho a ofrecer sus intenciones a Dios en la celebración eucarística, darle gracias y rendirle homenaje, puesto que la Santa Misa es la oración por excelencia de la Iglesia y es el mejor culto y el más perfecto que podemos tributarle. Asimismo, dar una ofrenda por su celebración, voluntaria y de corazón, si lo desean.