Ambas palabras significan lo mismo: costumbre. La ética se estudia en filosofía. La moral en teología. Ambas ciencias estudian las costumbres de los seres humanos en lo que tienen de responsabilidad social, hacia el otro ser humano y hacia la divinidad.
La filosofía, la ética – estudia esas costumbres guiada solamente por la razón y las considera en su evolución histórica, es decir, cómo se han comportado los diferentes pueblos a través de la historia en circunstancias similares.
La moral estudia las mismas costumbres humanas a la luz de la revelación divina. Las Sagradas Escrituras juegan un papel decisivo, así como la tradición de la Iglesia. Así estamos ya en el campo cristiano. En el pasado, la moral estuvo muy influenciada por la filosofía. Predominó la ética de Aristóteles y con ella se insistió demasiado en los “actos” o “acciones” aisladas.
Hoy día predominan más una ética y moral de la personalidad; hay que considerar el conjunto de ser humano en al actuar cotidiano. En este sentido cobra capital importancia lo que se llama “opción fundamental” o “intención fundamental”.
La opción fundamental es lo que determina de un modo constante la tendencia de un ser humano en una determinada dirección elegida y escogida. Es decir, todo lo que haga estará influenciado por esa dirección escogida. Para lograr tal opción se requiere una larga maduración personal en el tiempo. Pongamos un ejemplo, un cristiano que haya elegido conscientemente imitar siempre a Jesús y amarlo incluso hasta la muerte, ha realizado una opción fundamental por Jesús. Se ha entregado a él, en cuerpo y alma. En tal persona una falta, un pecado aislado, no le aparta del amor de Dios, porque pronto se dará cuenta del error que ha cometido, y el amor predominará sobre el error.
Por eso, es importantísimo para el cristiano estudiar las Sagradas Escrituras para descubrir en ellas los valores con contenido de eternidad en incorporarlos en su opción fundamental vital.
2. Los valores morales
Los valores son llamados de este modo por su importancia en la configuración de la dignidad del ser humano. Los principales valores no son apreciaciones subjetivas. La paz, el amor, la justicia, la generosidad, el diálogo, la honradez, etc., son apreciaciones objetivas que van más allá del tiempo y del espacio.
Aunque los valores no sean directamente observables, sí lo son las actitudes y el respeto a las normas. Por ello, hablamos de objetividad en casos de valores universalmente aceptados como el “amor”. Ahora bien, así como existen distintos modelos de sociedad, así también existen distintas formas de ordenar los valores e interrelacionarlos entre sí. Esto por supuesto trae consigo conflictos en sociedades multiculturales como las nuestras: latinoamericanas y caribeñas, ya que en ciertas ocasiones los valores en conflicto son impuestos artificialmente y en algunos casos constituyen verdaderos contravalores.
Entendiendo que lo cultural no es en sí mismo un valor universal se hace necesario someter sus distintas combinaciones a un proceso de triangulación con las Sagradas Escrituras, la tradición y la razón, a fin de determinar los puntos de contacto y distanciamientos con la fe cristiana.
Esto, con el propósito de ofrecer una moral verdaderamente apegada al Evangelio de Jesucristo, pero al mismo tiempo debidamente encarnada en su contexto real.
Antes de iniciar nuestra revisión crítica de valores, podríamos afirmar como valor universal válido para todos los pueblos y culturas que siempre se ha de evitar el mal y obrar el bien. Según este principio general también podríamos constatar que casi todas las culturas contienen principios morales expresados en alguna formulación, similar a la de los Diez Mandamientos de la cultura judeo-cristiana.
Decálogo tradicional
Dios habló estas palabras, y dijo:
Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás imagen ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás ante ellas, ni les darás culto.
No tomarás el Nombre del Señor tu Dios en vano.
Acuérdate del día de descanso para santificarlo.
Honra a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No hurtarás.
No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
No codiciarás.
3. Opción fundamental cristiana
Para el cristiano solamente cabe una opción y es la de amar a Dios sobre todas las cosas, –como nos enseñó Jesús – y al prójimo como a nosotros mismos.
El vivir en este mundo, con una opción divina, nos condiciona de tres maneras: hemos de vivir de fe, esperanza y amor. El amor debe impregnar todas nuestras acciones. El amor es superior a cualquier otro valor; mejor dicho, el amor debe manifestarse de una manera u otra en cualquier otro valor humano. Véase lo que dice san Pablo en la primera carta a los de Corinto, en el capítulo 13.
a. La caridad, como la decisión central y total de vivir en amistad con Dios.
b. La fe, como la aceptación radical de Cristo que “condiciona” nuestra comprensión y configura la propia personalidad de los creyentes.
c. La esperanza, como ideal escatológico con visión de eternidad y compromiso con el presente, en tanto que se fundamenta en Cristo resucitado como testimonio del triunfo de la vida sobre la muerte.
4. Asuntos éticos-morales contemporáneos
La tecnología moderna nos sorprende a diario con alguna innovación. Las que más nos preocupan son las que caen dentro del campo de la biología y la persona humana (clonación), porque muchos de estos avances tecnológicos tienen implicaciones morales. En un principio los humanos no pueden decidir sobre la moralidad de los mismos por la ambigüedad con que aparecen. Sin embargo, estas innovaciones implican siempre responsabilidades morales.
En todos estos casos se han de aplicar las virtudes anglicanas de flexibilidad, paciencia, humildad y esperar a que la razón guiada por las Escrituras y el Espíritu Santo nos iluminen. En el pasado la esclavitud fue permitida y hoy nos parece una aberración que va contra la dignidad humana. Ante tales misterios de “las costumbres humanas” hemos de mantener una postura digna, siempre buscando evitar el mal y lograr que avance el bien.
Uno de los temas hoy más debatidos es el de la homosexualidad. Esta ha sido una realidad constante en la historia. También lo fue la esclavitud. En la esclavitud, la historia se equivocó de una manera radical. En este tema, tan difícil, hemos de mantener una actitud de respeto y escuchar a aquellos que en el fondo de su ser manifiestan inclinaciones diferentes a las nuestras.
5. La Declaración Universal de los Derechos Humanos
De esta declaración aprobada el 10 de abril de 1948 podemos extraer: la libertad y autodeterminación; la justicia; la paz; la igualdad; el respeto (alteridad); la equidad.
6. La ética asertiva o de diálogo
Por otra parte, también existen ciertas exigencias globalmente aceptadas, como La ética asertiva o de diálogo. La "asertividad" es una habilidad social y de comunicación por la que una persona sabe defender sus derechos con firmeza, sin sumisión o imposición, y sabe respetar los de los demás. Es también la capacidad de expresar adecuadamente los sentimientos, de forma que lleguen y empaticen con el destinatario. Sirve para comunicar ideas, transmitir malestar, petición de ayuda, iniciativas, etc., todo ello de forma eficaz. Sirve también para trabajar en equipo, crear sinergias (multiplicar, no sumar, las energías individuales de los integrantes de un grupo), negociar propuestas, buscar soluciones conjuntas, establecer normas en consenso, generar creatividad divergente para inventar soluciones nuevas ante los problemas de siempre, etc.
El valor de la asertividad encaja perfectamente dentro de la misión reconciliadora y profética de la Iglesia. En el libro Un llamado a enseñar y aprender, en el tercer capítulo denominado “Iglesia y Sociedad” se habla de las implicaciones de una Iglesia fiel. Se trata del aprendizaje que como Iglesia tenemos que experimentar en la reflexión crítica y autocrítica de nuestra sociedad y sus concepciones y modos de vida. El objetivo es saber “resistir sus influencias negativas y enseñar a nuestros niños y jóvenes a hacer lo mismo”. Esta guía catequética nos encarga la tarea de “explorar nuevas estrategias para influir las estructuras sociales, políticas y económicas de nuestra sociedad y obrar para transformar esas estructuras que oprimen injustamente a nuestras hermanas y hermanos.” (p. 50). Entonces, se trata de ir más allá del reformismo y asistencialismo. Es decir, hablamos de procurar real y efectivamente la realización del reino de Dios.
Una vez entendido el alcance de la asertividad como valor comunicacional lograremos estimar su importancia para la denuncia eficaz de las mentiras políticas, las injusticias económicas, la violencia de género (sexismo), el racismo, la xenofobia, la discriminación de ancianos/as y minusválidos/as, el clasismo y otras formas de selección estereotípica prejuiciada, fanática y discriminatoria, que como causas raigales de la injusticia social deforman el sistema de valores de nuestros jóvenes.
7. La familia
El realidad de la familia ha sido un fenómeno constante a través de los tiempos, aunque se haya dado variedad de modelos. La raíz de la familia radica en el matrimonio. También éste ha revestido variedad de modelos en la historia. Tal vez sea Egipto el primer pueblo en considerar el matrimonio como un compromiso mutuo de los propios esposos, hombre y mujer. Desde esos tiempos, el matrimonio se ha mantenido como una relación interpersonal, que implica derechos y deberes recíprocos, y también proyección hacia la prole.
Para los cristianos, la familia, viene a ser en la tierra una continuación del misterio mismo de la Trinidad. El amor que reina en la Trinidad debe manifestarse también en la familia humana.
De esta manera, la familia sería y debe ser fuente y escuela de virtudes y valores que los hijos deben aprender y practicar. El valor fundamental es el amor, la entrega mutua, el sacrificio, la cooperación. En este sentido la familia es como un santuario doméstico, donde todos dan gracias a Dios por el don de la vida, de la familia y del amor, y al mismo tiempo adoran al Creador en profunda reverencia.
Para los cristianos la familia de José y María, con Jesús, es un modelo ideal a imitar. No tenemos detalles, pero, al parecer, vivieron juntos en Nazaret. Jesús se mantuvo en casa hasta casi los treinta años.
En la actualidad todavía se da variedad de modelos en la familia, influenciados por la sociedad y cultura de cada país. Se están iniciando nuevos estilos de vida familiar. Todavía es muy pronto para determinar si cuajarán o desaparecerán.
Todo nuevo modelo de unidad familiar implica responsabilidades propias y características. Es difícil describir la familia ideal, pero en ella ha de predominar el amor recíproco de los miembros que la integran y han de estar guiados por valores de eternidad que tengan repercusión en la sociedad en que viven para influir en ella de una forma positiva.
9. Nuestros Valores :
Humildad:
Sabernos seres humanos con virtudes y defectos pero que estamos dispuestos a ofrecer nuestros mejores dones al prójimo.
Servicio:
Anteponer el Yo, las comodidades que el mundo nos ofrece para ponernos trabajar en medidas de nuestras posibilidades por nuestros semejantes y el entorno de la creación.
Honestidad:
Hablar, ser franco, además, transparentar los bienes materiales que el buen Señor proporciona a la comunidad.
Inclusión:
El colocar etiquetas a los seres humanos por cualquier motivo va en contra del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, en el que no hay distinción por los seres humanos como lo expresa San Pablo. Gálatas 3:28), por lo que se evitará toda práctica excluyente en nuestras comunidades.
Solidaridad: Los miembros de la comunidad compartimos la necesidad de sentirnos acogidos por la amistad que nace del mensaje de Jesucristo, siendo empáticos por las necesidades espirituales y desarrollo humano del prójimo.