El término persiana viene del latín “persa, -ae”, que en castellano se traduce como originario de Persia. Este elemento recibió esa denominación porque en el siglo XVIII llegaron por primera vez a Europa, a Venecia concretamente, procedentes de Persia; de ahí que las más famosas sean las persianas venecianas.
Aunque las persianas actuales son del siglo XVIII, estos productos ya existían en el Antiguo Egipto. En la Antigüedad la gente lo empleaba para evitar la entrada de luz solar y, a su vez, permitir la entrada del aire frío al interior de la vivienda; lo que se hacía era anudar las cañas y colgarlas en el marco de la ventana para conseguir ese aislamiento térmico.