El mercado cambiario del rock en el Chopo puede ir desde los discos de vinil con precios de cinco y 10 pesos, hasta los 60 mil en que se presume el Kaleidoscope (una banda que hizo época en los 70 y el disco LP más buscado del rock mexicano). O los 30 y 50 pesos que se pagan por película o concierto, mientras que los compactos y los MP3 se cuecen aparte, por títulos y artistas. Ese estar al día y en permanente estado de sorpresa y shock con discos, viniles, compactos, DVD, camisetas, kamijackets importadas y nacionales, revistas raras, libros incunables, lentes de último grito de la moda, T-Shirts, gorras, logotipos bordados, artesanía, máscaras de luchadores, moda otoño invierno para presumir: “Soy totalmente Chopo”… es para el visitante asiduo del tianguis cultural (de 7 a 8 mil cada sábado) lo que lo hace parada obligada de propios y extraños, rockeros, darketos, punks, patinerosos, metaleros, emos y hasta ninis… lo mismo que reincidencia.
Quien no conoce el Chopo, no conoce México, ni lo que conlleva la palabra rock, que va hasta sus últimas consecuencias con los intercambiadores y especialistas, que siguen siendo las personas que más saben del asunto. La ruta del Chopo hasta donde está hoy se inició precisamente en 1980 en la sede del Museo Universitario, en la calle de Enrique González Martínez, y nació de una idea de Antonio Pantoja, capitalizada por su hermano Jorge, bajo las órdenes en ese entonces de Ángeles Mastreta.
De los 32 asistentes originales de lo que se denominó “Primer Tianguis de Publicaciones y Discos” todavía siguen asistiendo: Walter Schmidt, Óscar Sarquiz, José Luis Pluma (La Bruja), los hermanos Pantoja, Carlos Robledo, Fernanda Tapia, Carlos Mata, Rubén Sano, Merced Belén Cruz…
Otros que estuvieron en el principio, ahora ejercen como vendedores y gurús del Chopo como: Ramón García (el que más sabe de rock mexicano), Muni, Carlos Alvarado (Chac Mool), Abraham Ríos Manzano (autor del libro esencial: Tianguis cultural del Chopo: Una larga jornada), Roberto Vázquez Mamys (profeta del progresivo), Juan José Guajardo (“La Leyenda”, y auténtico sobrino del asesino de Zapata), el periodista Javier Hernández Chelico o los cinéfilos de los puestos más acreditados: el consultorio cinematográfico del doctor Juan Heladio Ríos y el nirvana del gore, cine freak y de culto, de Raúl Miranda, más los fundadores y dirigentes del tianguis como Felipe Victoriano Amezquita, Jorge García, Gerardo Trejo y Carlos Martínez, entre otros. Otros personajes importantes lo mismo se fueron incorporando al Chopo como Jorge Barragán Federico, Carlos Martínez Rentería, Aurelio González Rangel, Jesús Bojalil (El Capitán Pijama), que perdiéndose como Arturo Saucedo, Rolando Chía o Xavier Velasco, o cambiando de domicilio terrenal como Jorge Reyes.
Mientras otros, que deben considerarse esenciales como Germán Gómez Pérez, Gregorio Cortes, Enrique Rivera y Enrique Falcón (que estuvieron desde el principio) se han encargado de preservar la memoria fotográfica del Chopo, descontando hasta los insólitos como José García Rodríguez, El Chepe, que ejerce de disquero y médico brujo, amalgamando magia y medicina.
Multidisciplinario
Una cosa fundamental es que no todo tiene que ser rock en el Chopo, sino que hay otras actividades complementarias como sus áreas culturales o como su Espacio Fotográfico, además de la galería Juantxo Sillero, sus ferias de libros, de discos independientes; su radio comunitaria y Radio-Chopo, aparte de su área gastronómica que incluye los mejores raspados de tamarindo del mundo, cortesía del señor Hipólito Pérez.
Durante las 12 fechas de esta celebración por el 30 Aniversario del Tianguis Cultural del Chopo, la compañía Backline se ha encargado de sonido y montaje del stage del “Forito Sol” y la página web del tradicional tianguis, patrocinada por No Problem, mantienen virtualmente contacto con los choperos que se comen las uñas porque llegue el próximo sábado. También y como cereza extra al pastel de celebración con foto panorámica para el que quiera salir en la foto, el tianguis cultural ha debutado en la industria discográfica con el sello Chopo-Records, con el lanzamiento del primer compacto del grupo El Brujo.
Desde que el Chopo se salió, paradójicamente, del museo a ganarse la calle de cada sábado, organizándose autogestivamente hasta hoy, los dinosaurios que por ahí pasaron intercambiando y vendiendo sus LP y VHS (descontando al difunto Marc Bolan de T-Rex), ya nunca fueron los mismos pero, eso sí, rockeros y choperos (ahora digitales), nunca van a dejar de serlo.
¿Se volverá Patrimonio de la Humanidad? Muchos ya lo dan como hecho.
(El reino del rock está de fiesta, por José Xavier Navar).
Imágenes de la página de Facebook de Pépe Navar