Mario Compañet, el Panda, Garnica y Aurelio, a mediados de los ochenta.
Una imagen que ya es institucional cada sábado. José Luis Garnica y sus variados productos.
ASÍ OCURRIÓ EN EL COMIENZO
Hace 37 años, dos cuatachos del alma encontraron por casualidad una nota informativa en donde se invitaba al público a asistir al Primer Tianguis de la Música en el Museo Universitario del Chopo. Ambos eran melómanos y jippitecas de coraza (y de generación): José Luis Garnica y Tomás Alcántara, todavía jovenazos y ex vecinos de la Colonia del Gas.
- Suena bien, a ver si vamos, yo tengo algunos discos que puedo cambiar, también revistas y pósters
- Simón, yo igual, nomás llevo a mi vieja al mercado y me descuelgo pronto. Ora que si puedes llevar tu nave mejor, a la mía le anda fallando el clutch..
- Sobres....
No fueron ese sábado, ni el siguiente. Hasta el tercer sábado de la convocatoria, le llegaron al imponente museo de San Cosme para ejercer en el interior el noble y antiguo oficio del mercadeo y del cambio: a ver qué material tienes maestro, uy no, ese de los Yardbirds no te lo puedo cambiar, y menos por los Monkees, onde vas a creer¡ Aquel tiene muchos eps de colección, vamos a preguntarle si los afloja. Rayado, me lleve el triple de Woodstock en edición rara, yo acá tengo de los Beatles Musart, por allá hay de canto nuevo y de folclore, que también tienen su demanda, por supuesto. Aquí los gustos son variados.
Ya cuando empezaron a ponerse los primeros puesteros, y el giro del tianguis cambió, ellos dos se instalaron con su cajita de viniles que fue incrementándose con cassettes y otros menjurjes. Garnica siguió vendiendo, y sigue y sigue, es uno de los más antiguos. Tomás fue un tiempo y después ya no, sus diversas ocupaciones familiares se lo impidieron. Yo llegué como visitante varios meses después, todavía cuando el tianguis se ponía en la calle del Museo del Chopo. Pero esa es otra historia.
Luis Eduardo Alcántara