La ley de la siembra y la cosecha
María tenía grandes planes para su familia. Iban a ir a DIsneylandia y se deleitaba con la idea de cuánto se divertirían. Habían programado salir a medio día. Durante el desayuno pensó qué debía hacer cada miembro de la familia antes de partir. Le pidió a Raymundo, su hijo, que hiciera la limpieza del jardín que venía postergando desde hace tiempo. Le dijo que tenía que hacerlo antes de partir y terminar antes de las 11:30 de la mañana por lo que tenía que empezar temprano. Una hora después Raymundo está viendo la televisión y no había iniciado con su tarea. Le volvió a dar las indicaciones. Media hora después ocurrió lo mismo.
María estuvo ocupada y a las 11:30 entró a la sala vio a Raymundo sentado viendo televisión -¿Qué estás haciendo?- gritó, -te dije que terminaras con el jardín antes de que nos fuéramos, ahora saldremos tarde! No puedo creer que hagas esto-.
María continuó quejándose, muy enojada, hasta que ella misma, papá, una hermana y Raymundo terminaron el trabajo del jardín. El viaje a Disneylandia no fue tan agradable como lo esperaban. Se podía respirar el resentimiento hacia Raymundo. El resto del día continuó de la misma manera.
A unas cuadras de ahí, se producía una situación similar, pero con diferentes resultados. Susana tenía planes para ir de compras esa tarde con sus tres hijas. Les había dado instrucciones acerca de qué debían hacer antes de irse. Les dijo que se irían a la 1:00 de la tarde y quien no hubiera terminado sus actividades no iría de compras. 15 minutos antes de irse se dio cuenta que su hija Jeny no había terminado con sus labores.
-¡Parece que has elegido no ir con nosotras!- le dijo Susana a Jeny -¡qué pena! te vamos a extrañar-
-¡No es justo! no puedes hacerme esto- dijo Jeny
-Les dije claramente que debían terminar sus labores antes de irnos, lamento que decidieras no hacerlo. Te veremos más tarde y si cuando regresemos aún no has terminado ya pensaremos en tu consecuencia, pero sé que no habrá necesidad de eso. ¡Adiós!-
Susana y sus dos hijas pasaron una tarde maravillosa.
¿Es cierto que cuando se nos permite pagar un precio por nuestros errores, aprendemos de ellos?
Esta es la ley de la siembra, convivimos con ella todos los días y nos ayuda para que sucedan cosas positivas, por ejemplo:
Si me esmero, progresaré en mi carrera.
Si hago suficientes llamadas telefónicas, haré algunas ventas.
Si cumplo con mis actividades tendré algunas recompensas como permisos.
O por el contrario:
Si como todo lo que deseo, engordaré o tendré algún tipo de problema de salud.
Si grito a las personas que quiero, las lastimaré y se producirá una distancia entre nosotros.
Si no pongo atención en mis gastos, puedo tener problemas financieros.
La ley de la responsabilidad
Esta ley nos enseña a trabajar nuestros propios límites y los de nuestros hijos. Les ayuda a ser responsables por ellos mismos y sus conflictos. Los niños deben saber que sus problemas son suyos y no de otras personas.
Veamos la siguiente situación:
Claudia estaba ante una situación difícil, su hijo José de once años, hacía berrinches cada vez que se sentía frustrado. A esa edad los berrinches son motivo de preocupación. Gritaba, pateaba el piso, daba portazos y a veces aventaba objetos. Claudia pensaba que era necesario que José descargara esos sentimientos que tenía dentro de sí, ya que si no los sacaba podrían hacerle más daño. Con el tiempo la situación fue empeorando hasta que un día una amiga le dijo a Claudia -lo estás educando para que sea un colérico machista-. Impactada por sus palabras escuchó su consejo.
¿Qué haría usted para solucionar los problemas de conducta si José fuera su hijo?
Con un poco de ayuda Claudia cambió la forma de enfrentar los berrinches de José y le dijo -sé que hay situaciones que te enojan y lamento que te sientas frustrado. A todos nos pasan cosas. Pero tus sentimientos me molestan a mí y al resto de la familia. Así que esto es lo que haremos de ahora en adelante. Cuando te enojes, podrás decirnos que estás enojado, que seas sincero y decirnos por qué y si se trata de nosotros nos sentaremos y trataremos de resolver el problema. Pero no aceptamos gritos, insultos, golpes, ni que arrojes objetos. Si eso ocurre tendrás que irte a tu cuarto sin teléfono, computadora ni música hasta que puedas convertirte en un ser civilizado. Luego por el tiempo que has interrumpido y molestado a tu familia con tu comportamiento tendrás que hacer algunas tareas en el hogar. Espero podamos ayudarte con esos sentimientos.
Al principio José no le creyó a su mamá, pero ella se mantuvo firme. Durante un tiempo las cosas se pusieron peor (hay que estar preparados porque los hijos necesitan comprobar que los padres van a cumplir lo que dijeron), pero Claudia se mantuvo firme.
Después de un tiempo de intensos berrinches, José fue cediendo, sus berrinches eran cada vez menores y con menos frecuencia y se fue acercando cada vez más a sus padres para platicar respecto a sus problemas en lugar de hacer berrinches.