La Dirección de Participación Social y Convivencia Escolar a través del Departamento de Formación Valoral y Convivencia Escolar, promueve una serie de talleres virtuales interactivos mediante sitios web, dirigidos a alumnas y alumnos de educación básica, así como, a madres, padres de familia y/o tutores, con el uso de nuevas herramientas digitales impulsadas por Google for Education, incentivando la participación corresponsable y favoreciendo ambientes inclusivos que fomenten una cultura de la paz.
El hecho de ser padres va más allá del presente, recuerde que usted está preparando a su hijo para el futuro.
El carácter de una persona se refiere a la capacidad y la incapacidad de alguien, a su formación moral, a su forma de relacionarse y a la forma en que realiza sus tareas. Si el carácter de una persona es el que determina su futuro, entonces la crianza de los niños se trata fundamentalmente de cómo ayudarlos a desarrollar un carácter que les permita transitar por la vida en forma segura, estable, productiva y feliz.
Por ello se dice que el carácter de una persona es su destino.
Los límites son necesarios en la vida de todas las personas. Un límite es una “línea de demarcación” que define a una persona. Son necesarios porque nos dicen dónde empieza y termina una persona y dónde empieza otra.
En el caso de los niños ocurre lo mismo. Los niños no nacen con límites. Por ello es muy importante que el niño aprenda dónde comienza él, de qué debe ser responsable y de qué no.
Los padres también necesitan límites. Esto se debe a que los niños responden y se adaptan a las enseñanzas de sus padres. Ellos actuarán de acuerdo a lo que vean y escuchen en su casa.
A continuación se abordarán algunos temas importantes como autoridad, disciplina, recompensas para los hijos, entre otros, los cuales son clave para identificar cómo establecer y mejorar nuestros propios límites como padres, así como los de nuestros hijos.
LA AUTORIDAD EN LA FAMILIA
Autoridad: poder que tiene una persona sobre la otra que le está subordinada, como el poder de los padres sobre los hijos o el de los maestros sobre los alumnos. Solo en sentido positivo puede hablarse de verdadera autoridad, es decir, cuando ella se ejerce con la disposición de prestar al otro una ayuda.
En la familia la autoridad nada tiene que ver con una imposición o dominio por parte de los padres, sino al contrario, la autoridad es un servicio que dirige la vida de la familia.
La autoridad es un componente esencial con amor. Ser exigentes con cariño, serenidad y buen humor permite colocar sobre los hombros de una persona su propia responsabilidad sin aplastarla. Se apoya en el optimismo y en la capacidad de ver en primer término lo bueno y lo positivo y en apoyarse en ello para la educación de seres perfectibles.
Algunas dificultades que encuentran los padres de familia para ejercer su autoridad podemos encontrar la falta de energía y de constancia, la resistencia a las frustraciones y la ausencia de serenidad y de capacidad de decisión.
El ejercicio arbitrario de la autoridad (autoritarismo) no parte de las necesidades concretas de mejora de cada persona, sino de los gustos, de los prejuicios y a veces de las costumbres de los padres.
Dada la rebeldía que genera este autoritarismo a menudo conduce a su propia crisis, es decir al abandono de su ejercicio.
Existe una modalidad del autoritarismo: El paternalismo o sobreprotección, que se caracterizan por querer sustituir al hijo en su pensamiento, en su decisión e incluso en su acción, en lugar de orientarlo, comprenderlo y exigirle de acuerdo con sus potencialidades.
La autoridad no sólo es una cualidad de los padres derivada de sus ideas claras sobre la educación de su coherencia entre lo que piensan, lo que hacen y lo que exigen.
La autoridad también es una relación entre padres, hijos y ambientes, de ese ambiente que empieza a diluirse en el círculo familiar constituido por los abuelos, tíos y primos que continúa en la vecindad, en la ciudad o en pueblo, luego en la región o en el país y que se extiende a todo el planeta a través de los medios de comunicación que lo ponen todo a nuestro alcance. El ambiente así entendido ofrece muchas cosas positivas:
Hay más medios aprovechables para la educación.
Hay más posibilidades de ayuda a los padres, pero también se incrementan las influencias negativas.
También se da una presión ambiental sobre la autoridad de los padres, una confusión generalizada nacida de la desorientación de quienes debieran orientar y de la inseguridad de quienes adoptan como único criterio. Todo lo nuevo es bueno y todo lo viejo es malo.
Estas presiones externas fomentan los antivalores en la familia, especialmente en las relaciones conyugales. De este modo tiene lugar una inversión de valores que genera una grave confusión en las cuestiones básicas y que da lugar a actitudes de irresponsabilidad, distancialidad y arbitrariedad. Mal pueden ejercer sus valores unos cónyuges que son víctimas de la confusión originada por la manipulación de la sexualidad y de los valores.
A pesar de las dificultades, la autoridad de los padres es necesaria ¿cómo?:
Con calma.
Con perseverancia.
Sin juzgar.
Sin nerviosismo.
Sin alterarse.
Dando razones (con pocas palabras).
Los padres deben estar convencidos de que solo su influencia educativa puede contrarrestar lo negativo de los condicionamientos ambientales actuales.
Con este fin podrían indicarse algunas normas respecto al ejercicio correcto y perseverante de la autoridad.
Por ejemplo:
Establecer previamente las reglas del juego. Normas aceptadas por todos y exigidas a todos. Pocas en número, pero respetadas.
Exigirse a sí mismos, al menos, en la lucha constante de querer conseguir lo que se manda.
Ponerse de acuerdo con el otro cónyuge.
No separar comprensión y cariño de la exigencia.
Ser sobrio en el ejercicio de la autoridad. Saber delegar en los hijos mayores algunas áreas de autoridad.
No separar la participación de la responsabilidad. Poner toda la imaginación para encontrar situaciones de participación para los hijos.
Saber resistir frente a dificultades y frustraciones. No desanimarse nunca, pase lo que pase. La autoridad se puede perder y se puede recuperar.
Hay que destacar siempre lo positivo, en primer lugar.
El comportamiento correcto de una persona depende de dos condiciones básicamente:
Tener ideas claras.
Ser consecuente con estas ideas.
Saberlas comunicar.
El ejercicio de la autoridad se logra en un clima de confianza que no excluya actos de energía, de enojo, de exigencia serena, de hablar clara y brevemente de lo que no está bien.
Para un buen ejercicio de la autoridad es necesario que los padres piensen, se informen y decidan para no improvisar en la educación. que ya que conduciría al autoritarismo. También deben comunicar claramente y hacer cumplir, Pues si no se hace así se puede llegar a ceder en todo y entonces no hay consistencia en la educación.
La educación es un don otorgado para servir a nuestros hijos y que ellos logran su autonomía. Es la facultad para hacer crecer a los demás. En la familia les corresponde a los padres el ejercicio de la autoridad, la dirección y ordenamiento de los hijos, ya que tienen la responsabilidad primordial de su educación.
EL EJERCICIO CORRECTO DE LA DISCIPLINA
¿Ha escuchado alguna vez que la gente culpe a los padres por los problemas de los hijos? Probablemente sí, incluso quizá usted también lo ha hecho, pero y ¿quién ayuda a los padres a encontrar mejores formas para relacionarse con sus hijos? Quizá el problema principal es que culpamos a los padres pero no los educamos.
Es muy importante que los padres se preparen para mejorar su capacidad para educar a sus hijos, es decir, ser mejores para transmitir normas de comportamiento que rijan no sólo la relación entre padres e hijos, lo que para muchos sería el disciplinar.
Los padres asumimos diferentes formas de educar a nuestros hijos que, en muchas ocasiones, aprendimos en nuestra familia, por ejemplo, encontramos a los padres impositivos y los permisivos.
Creen que la mejor manera de educar a los hijos es fijando límites, exigiendo cierto tipo de conducta y castigando o amenazado para obligar al niño a obedecer, sin considerar lo que el hijo desea. Estos padres utilizan a menudo las siguientes frases “es por tu bien”, “yo sé lo que te conviene”, “yo sé lo que está bien y lo que está mal”, etc.
Estos padres permiten a sus hijos una gran libertad. evitan fijar límites y no aprueban los llamados métodos autoritarios. cuando existe un problema regularmente el niño gana y el padre pierde.
A muchos padres les sorprende que existan métodos alternativos sin “ganar o perder”. La existencia de estos métodos requiere de un cambio en las actitudes de los padres hacia los hijos. Es verdad que lleva tiempo y requiere que los padres aprendan primero una serie de habilidades de comunicación que les permitan reestructurar las relaciones padres-hijos.
Cuando los padres interactúan con sus hijos, les enseñan un comportamiento. si los padres acostumbran gritar o responder, están enseñando a los hijos a comportarse de manera incorrecta. Es muy difícil cambiar la conducta de otra persona al instante, es mucho más sencillo si los padres cambian la forma de relacionarse con sus hijos.
Es importante recordar que los padres son la parte más importante del ambiente que rodea al niño. Si queremos ver cambios en nuestros hijos, requerimos hacer cambios en nosotros mismos.
LAS RECOMPENSAS
La mayoría de los padres ponen más atención al mal comportamiento que al buen comportamiento. Si todo va bien, no dicen nada. Pero cuando algo malo sucede, rápidamente castigan al niño. Por ello es importante poner más atención en lo que nuestros hijos hacen bien y menos en las acciones inapropiadas o en el mal comportamiento. Esto se logra fundamentalmente mediante el empleo de la recompensa. la recompensa es algo que es importante para él, algo que aumentará la probabilidad de que el niño repita una buena conducta. al tratar de identificar las posibles recompensas, hay que tomar en cuenta lo que considere importante para él y no lo que es valioso para los padres. Algunas recompensas podrían ser: un abrazo, una caricia, una felicitación, permitirle jugar más tiempo o pasar más tiempo juntos.
¿CÓMO RECOMPENSAR A LOS HIJOS?
Cuando el niño realiza la conducta deseada, todo lo que se tiene que hacer es señalar (acentuar) lo que hizo y elogiar por el comportamiento. Así se comprometerá con el nuevo comportamiento, porque es más disfrutable y placentero.
Ejemplo: Si un niño está jugando en su habitación y al terminar recoge sus juguetes debemos resaltar ese comportamiento (conducta deseada) pero sobre todo es importante decirle directamente por qué se le felicita o bien por qué se le premia, (“qué bueno que recogiste tus juguetes”, “te felicito”, “es mejor para ti porque después es más fácil encontrarlos cuando quieras volver a jugar”) y todas esas frases se acompañan de algún abrazo o “apapacho”.
EXISTEN REGLAS PARA UTILIZAR LA RECOMPENSA, COMO SON:
Debe ser individualizada para cada niño.
Independientemente del tipo de recompensa utilizada, es importante acercarse a los niños, abrazarlos, besarlos y decirles lo mucho que se les quiere.
No se gratifique antes de que se presente el comportamiento positivo.
Cúmplase siempre las recompensas ganadas.
Dé la recompensa inmediatamente después de que la conducta se presente.
Un sistema no funciona si los padres esperan demasiados cambios rápidamente y no incrementan el incentivo.
Una recompensa que inicialmente puede ser importante, podría perder su efectividad con el tiempo y/o uso.
Busque con el tiempo que el cambio de la conducta sea reforzante por sí misma para que el niño no dependa de recompensas.
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