Columna
UNA SOLA PASIÓN: EL FUTBOL
UNA SOLA PASIÓN: EL FUTBOL
Contra todo y contra todos: la enseñanza que deja esta Selección Argentina
No siempre se gana levantando la copa. A veces se gana dejando una huella. Y eso fue exactamente lo que hizo esta Selección Argentina en el Mundial 2026.
Llegó a una nueva final cuando muchos la daban por terminada antes de empezar. Las críticas aparecieron desde el primer día, las dudas crecieron con cada partido y hubo quienes aseguraban que el ciclo estaba acabado. Sin embargo, este grupo eligió responder de la única manera que conoce: dentro de la cancha.
Fueron ocho partidos de máxima exigencia. Ocho finales. Ocho veces en las que hubo que dejar el alma para seguir avanzando. Hubo momentos de sufrimiento, partidos que parecían escaparse y rivales que parecían superiores. Pero Argentina nunca dejó de creer.
Esa es, quizás, la mayor enseñanza que deja este equipo. Nunca bajar los brazos. Nunca rendirse aunque el contexto sea adverso. Seguir peleando incluso cuando nadie confía en vos.
El camino hacia la final estuvo lleno de obstáculos. Se enfrentó a selecciones poderosas, soportó la presión de ser candidata por historia y convivió con las críticas permanentes. Aun así, el grupo demostró personalidad, carácter y una mentalidad ganadora que ya forma parte de su identidad.
En una época donde muchas veces se busca el éxito inmediato, esta Selección recordó que los grandes objetivos se construyen con esfuerzo, sacrificio y trabajo colectivo. Que ningún partido termina antes del último segundo. Que la fe también juega.
Quizás el resultado de la final no fue el esperado. El fútbol tiene esas cosas. Pero reducir este Mundial únicamente al último partido sería una injusticia con un equipo que volvió a colocar a la Argentina entre las dos mejores selecciones del planeta.
Porque llegar a una final del mundo nunca es casualidad. Es el premio a un proceso, a un grupo que no se conformó y que volvió a demostrar por qué representa tan bien al fútbol argentino.
Esta Selección nos deja mucho más que una campaña inolvidable. Nos recuerda que, por más difícil que parezca el camino, siempre vale la pena seguir luchando. Que cuando todos dicen que no se puede, aparece la oportunidad de demostrar lo contrario.
Y esa, quizás, sea la victoria más importante de todas.
GRACIAS TOTALES SELECCION.
Ludmila B Aicardi
EL HISTORICO MUNDIAL DE CABO VERDE LLEGO A SU FIN
El entrenador Pedro Leitao Brito, mejor conocido como “bubista” hizo la conferencia de prensa envuelto con la bandera de su país. Si era tanto su orgullo y felicidad, que así asistió a los medios de comunicación.
Su historia representando a Cabo Verde emociona. Fue jugador profesional, llego a ser capitán de la Selección de Cabo Verde y siempre soñó con jugar una copa del mundo. Como futbolista, tristemente, no se le dio. Sin embargo, gracias a su trabajo y deseo de superación, la vida le permitió cumplir un gran sueño desde otro lugar.
Arribo a la Selección de Cabo Verde en 2020. No pudo llevar a su país a Qatar 2022, pero quedó cerca. Y tuvo su revancha en el proceso a la Copa del Mundo 2026: primer boleto mundialista en toda la historia de su nación.
Participar ya era un éxito, pero su éxito y él no se conformaron. Querían dejar una huella, y lo lograron. No recibieron goles ante la Selección Española de Lamine Yamal y sumaron puntos ante la Selección de Uruguay de Valverde. Logrando terminar la fase de grupos invictos tras empatar ante Arabia Saudita. Y se clasificaron a la siguiente ronda, donde jugaba con la Selección Argentina de Lionel Messi.
Sin importan lo que sucediera más adelante, Bubista consiguió lo que siempre anhelo: darle una alegría inmensa a su gente y lograr que Cabo Verde sonará en cada rincón del mundo.
Hoy el plantel entero sabe que hay una pequeña nación Africana que está y estuvo escribiendo historia en su primer mundial.
Estas historias marcan más allá del futbol y sin dudas un país que fue revelación de esta Copa del Mundo.
Periodista especializda en deporte
Ludmila B Aicardi
Mundial 2026: El fútbol se expande y el mundo mira al norte
El Mundial 2026 no es un torneo más. Será el más grande de la historia. Por primera vez, 48 selecciones competirán en una Copa del Mundo, y también la primera vez que tres países son sede conjunta: Estados Unidos, México y Canadá. La invitación ya promete romper récords y marcar un antes y un después en la historia del fútbol.
El cambio más comentado es, sin duda, el aumento de equipos. De los tradicionales 32 pasaremos a 48, un número que ha generado tanto ilusión como debate. Para algunos, esto lo hace más junto al torneo, abriendo espacio para selecciones de Asia, África y América que antes apenas podían soñar con clasificar. Para otros, corre el riesgo de bajar el nivel competitivo. ¿Veremos más partidos desparejos o nuevas historias de equipos que conquistan al mundo?
Las sedes también prometen ser protagonistas. México hará historia como el primer país en organizar tres Copas del Mundo (1970, 1986 y ahora 2026), Estados Unidos volverá al escenario tras el recordado Mundial de 1994, y Canadá debutará como anfitrión. Tres culturas distintas, tres formas de vivir el deporte, y una misma pasión que unirá a millones.
En lo deportivo, las miradas estarán puestas en los campeones del mundo: Argentina, que buscará revalidar su triunfo. También se espera el renacer de selecciones como Alemania, Brasil, Francia o incluso alguna sorpresa africana o asiática, en un torneo donde todo parece más abierto que nunca.
Pero más allá de lo futbolístico, el Mundial 2026 será una prueba para ver hasta qué punto el fútbol puede adaptarse al siglo XXI. Mayor inclusión, avances tecnológicos, una mayor conciencia social y medioambiental... La FIFA está bajo la lupa, y este torneo puede ser clave para redefinir el futuro del deporte más popular del mundo.
El Mundial 2026 no será solo un torneo. Será un espectáculo global, un experimento futbolístico y una fiesta cultural. El fútbol, como siempre, será el gran protagonista, pero el mundo entero estará mirando lo que suceda dentro… y fuera de la cancha.
Periodista especializada en deporte
Ludmila B Aicardi
Estados Unidos y el surgimiento de una cultura futbolística mundialista
Durante décadas, el fútbol en Estados Unidos fue considerado un deporte extranjero, desplazado del interés nacional. Mientras el béisbol, el fútbol americano y el baloncesto dominaban la escena deportiva, el “soccer” luchaba por ganar un lugar en el corazón del público. Sin embargo, rumbo al Mundial 2026 que el país coorganizará junto a México y Canadá, la cultura futbolera estadounidense está atravesando una transformación profunda, casi irreversible.
La expansión de la MLS, con estadios llenos y nuevas franquicias, ha sido clave. La llegada de estrellas internacionales como Lionel Messi no solo elevó el nivel competitivo, sino que generó una conexión emocional con audiencias que antes veían el fútbol como algo ajeno. Hoy, millones de niños y niñas practican el deporte desde temprana edad, y las nuevas generaciones consumen fútbol tanto nacional como europeo con pasión auténtica.
A diferencia de décadas pasadas, ahora existe una base sólida, hinchas comprometidos, medios especializados, academias en crecimiento y una Selección que ya no se conforma con participar. El Mundial 2026 representa una oportunidad histórica para consolidar al fútbol como parte esencial de la identidad deportiva del país.
Más que un evento, será una validación, el fútbol ya no es un deporte prestado, sino uno propio, con raíces en una nación diversa y en constante cambio. Estados Unidos no solo será sede de partidos; será también el escenario donde crece una nueva potencia futbolística, no solo en lo deportivo, sino en lo cultural. El fútbol ha llegado para quedarse.
Periodista especializada en deporte
Ludmila B Aicardi
El fútbol a nivel de clubes atraviesa una transformación que ya no puede verse sólo en resultados o fichajes, es una profunda reestructuración cultural y económica. Lo que antes era, esencialmente, el reflejo de una comunidad local hoy convive con intereses comerciales que buscan audiencias globales. Esa tensión genera preguntas como ¿puede un club mantener su identidad cuando abre filiales en otros continentes? ¿Qué lugar ocupa el socio histórico frente al seguidor digital que compra su merchandising desde lejos en alguna tienda oficial?
La llegada de capitales privados, acuerdos comerciales millonarios y giras internacionales cambió las prioridades de muchas instituciones. La marca se profesionaliza y la lógica de sustentabilidad financiera se vuelve central, a la vez, la fidelidad local sigue siendo el activo más difícil de reemplazar.
En mercados con mayor inversión, la capacidad para vender derechos de TV, patrocinios y merchandising determina la competitividad. Sin esos recursos, la retención de talento y la inversión en infraestructura son imposibles. Por eso las estrategias actuales mezclan deportes, negocios y contenidos digitales como academias en el exterior, tiendas oficiales y producciones comunicacionales para captar audiencias lejanas.
Pero no todo se traduce en ganancias. Si los clubes olvidan su anclaje social corren el riesgo de perder credibilidad entre quienes los vivieron desde siempre. El desafío es construir proyectos globales que no desplacen a la comunidad local, sino que la integren, más participación real del socio, convenios culturales y programas formativos que mantengan presente la historia y la identidad.
La sustentabilidad deportiva y financiera ya no es una discusión técnica, de hecho, es el eje que determinará la supervivencia de clubes medianos y grandes. Muchos equipos dependen de la venta de jugadores para equilibrar balances; otros recibieron inyecciones de capital a costa de endeudamientos que hoy resultan peligrosos. La pregunta central es cómo construir un modelo que combine aspiraciones deportivas con responsabilidad económica.
La regulación financiera obliga a una gestión profesional. Pero en contextos donde esa regulación es débil, la pasión popular sigue sosteniendo a clubes que enfrentan riesgos estructurales. La solución pasa por diversificar ingresos (contenidos digitales, turismo de estadio, academias internacionales) y por políticas transparentes que acerquen al socio a la toma de decisiones.
Un segundo eje es la formación de jóvenes, invertir en cantera no solo es una decisión deportiva, sino una estrategia económica de largo plazo. Los clubes que apuestan por estructuras formativas robustas protegen identidad y construyen patrimonio deportivo.
Finalmente, la digitalización ofrece herramientas para monetizar audiencias lejanas sin desarraigar al público local. El reto es diseñar productos digitales que complementen la experiencia física, contenido exclusivo para seguidores internacionales, pero beneficios reales para el socio local.
El fútbol puede crecer sin dejar de ser lo que emociona a la gente en la calle. La sustentabilidad será el gran filtro de la próxima década, los clubes que sobrevivan serán los que combinen identidad, gestión profesional y proyectos a largo plazo. La evolución debe ser con memoria, profesionalizarse sin perder el arraigo.
Martín Arrieta
Especialista en Deportes