Topic: How stress drains your brain — and what to do about it.
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I came home from vacation recently, jet-lagged, tired, after delayed flights and a lost bag, with my cranky preschooler and my husband trudging behind me, and I forgot the code to my front door. We've lived in this house for seven years. I'd put the code in the door hundreds of times before. And as I stood there, staring at the keypad, I thought, "Oh boy, I'm finally losing my mind.”
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Our brains have an incredible capacity to store memory, but not all of that information is accessible at once. An article in "Scientific American" estimates the human brain can store 2.5 million gigabytes of data. That's about 5,000 iPhones. But if you've ever forgotten a password before, you know that memory is not always easy to access because memory is not just one system. Those different systems have limits, and a number of factors in our daily lives can impact our memory efficiency.
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There was a famous neuropsychology case study of a patient referred to as patient HM, who became like a real-life Ten-Second Tom after brain surgery to treat a seizure disorder. In terms of his seizures, the surgery was a success. They were less severe and less frequent. But after his surgery, HM became unable to consciously learn new things. For example, he worked with the same neuropsychologist for years. He never remembered meeting her, he'd introduce himself each time. And he never remember doing the different tasks that she would bring to test his memory. But here's the interesting part. His performance got better on some of those tasks over time. He never remember doing them. He always thought he was doing them for the first time. But his brain had learned the procedures without him being aware.
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We learned from patient HM and others like him that there are different types of memory. Some memories come to mind almost automatically. Like if you're walking through a garden and you smell the flowers that your grandma used to keep on her kitchen table, and all of a sudden, you're thinking of your favorite memory with your grandma. But other memories take more brainpower and effort to recall. Like trying to remember my new computer password.
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Because some memories take more brainpower and effort to recall, they're also more prone to interference. You're at the grocery store, and you're trying to remember 10 things that you need to pick up. But you run into your neighbor in the produce section, and after a few minutes of chit chat, hearing about their new car, you can only remember two of those 10 things.
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Hace poco volví de vacaciones, con jet lag, cansada, después de vuelos retrasados y una maleta perdida, con mi hijo pequeño de mal humor y mi marido siguiéndome con dificultad, y olvidé el código de la puerta de mi casa. Llevamos siete años viviendo en esta casa. Había introducido el código en la puerta cientos de veces antes. Y mientras estaba allí, mirando fijamente el teclado, pensé: «Vaya, por fin estoy perdiendo la cabeza».
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Nuestro cerebro tiene una capacidad increíble para almacenar recuerdos, pero no toda esa información es accesible a la vez. Un artículo de «Scientific American» estima que el cerebro humano puede almacenar 2,5 millones de gigabytes de datos. Eso equivale a unos 5000 iPhones. Pero si alguna vez has olvidado una contraseña, sabes que no siempre es fácil acceder a la memoria, porque la memoria no es un sistema único. Esos diferentes sistemas tienen límites, y hay una serie de factores en nuestra vida cotidiana que pueden afectar a la eficiencia de nuestra memoria.
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Hubo un famoso caso de estudio en neuropsicología de un paciente conocido como paciente HM, que se convirtió en un Ten-Second Tom de la vida real después de someterse a una cirugía cerebral para tratar un trastorno convulsivo. En cuanto a sus convulsiones, la cirugía fue un éxito. Se volvieron menos graves y menos frecuentes. Pero después de la cirugía, HM se volvió incapaz de aprender conscientemente cosas nuevas. Por ejemplo, trabajó con la misma neuropsicóloga durante años. Nunca recordaba haberla conocido, se presentaba cada vez. Y nunca recordaba haber realizado las diferentes tareas que ella le proponía para poner a prueba su memoria. Pero aquí viene lo interesante. Con el tiempo, su rendimiento mejoró en algunas de esas tareas. Nunca recordaba haberlas realizado. Siempre pensaba que las estaba haciendo por primera vez. Pero su cerebro había aprendido los procedimientos sin que él fuera consciente de ello.
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Aprendimos del paciente HM y otros como él que hay diferentes tipos de memoria. Algunos recuerdos nos vienen a la mente casi automáticamente. Como cuando caminas por un jardín y hueles las flores que tu abuela solía tener en la mesa de la cocina y, de repente, piensas en tu recuerdo favorito con ella. Pero otros recuerdos requieren más capacidad intelectual y esfuerzo para recordarlos. Como intentar recordar la contraseña de mi nuevo ordenador.
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Dado que algunos recuerdos requieren más capacidad intelectual y esfuerzo para ser evocados, también son más propensos a sufrir interferencias. Estás en el supermercado e intentas recordar las diez cosas que necesitas comprar. Pero te encuentras con tu vecino en la sección de frutas y verduras y, tras unos minutos charlando y escuchando cómo te cuenta que se ha comprado un coche nuevo, solo recuerdas dos de las diez cosas que tenías que comprar.
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Regresé de vacaciones hace poco, con jet lag, cansada, después de vuelos retrasados y una maleta perdida, con mi hijo pequeño de mal humor y mi marido siguiéndome a duras penas, y olvidé el código de la puerta de entrada. Llevamos siete años viviendo en esta casa. Había introducido el código cientos de veces. Y mientras estaba allí, mirando el teclado, pensé: «Madre mía, estoy perdiendo la cabeza».
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Nuestro cerebro tiene una increíble capacidad para almacenar recuerdos, pero no toda esa información es accesible a la vez. Un artículo de Scientific American estima que el cerebro humano puede almacenar 2,5 millones de gigabytes de datos. Eso equivale a unos 5000 iPhones. Pero si alguna vez has olvidado una contraseña, sabes que acceder a la memoria no siempre es fácil porque no se trata de un único sistema. Estos sistemas tienen sus límites, y diversos factores de nuestra vida diaria pueden afectar a la eficacia de nuestra memoria.
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Hubo un famoso caso clínico de neuropsicología sobre un paciente, conocido como HM, que se convirtió en una especie de Tom el de los Diez Segundos de la vida real tras una cirugía cerebral para tratar un trastorno convulsivo. En cuanto a sus convulsiones, la cirugía fue un éxito: se volvieron menos graves y menos frecuentes. Pero después de la cirugía, HM perdió la capacidad de aprender cosas nuevas de forma consciente. Por ejemplo, trabajó con la misma neuropsicóloga durante años. Nunca recordaba haberla conocido; tenía que presentarse cada vez. Y nunca recordaba haber realizado las diferentes tareas que ella le proponía para evaluar su memoria. Pero aquí viene lo interesante: su desempeño mejoró en algunas de esas tareas con el tiempo. Nunca recordaba haberlas hecho; siempre creía que las hacía por primera vez. Pero su cerebro había aprendido los procedimientos sin que él se diera cuenta.
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Aprendimos del paciente HM y de otros como él que existen diferentes tipos de memoria. Algunos recuerdos nos vienen a la mente casi automáticamente. Es como cuando paseas por un jardín y hueles las flores que tu abuela solía tener en la mesa de la cocina, y de repente te viene a la mente tu recuerdo favorito con ella. Pero otros recuerdos requieren más esfuerzo mental para evocarlos. Como intentar recordar la contraseña de mi nuevo ordenador.
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Como algunos recuerdos requieren más esfuerzo mental para evocarlos, también son más propensos a la interferencia. Estás en el supermercado e intentas recordar diez cosas que necesitas comprar. Pero te encuentras con tu vecino en la sección de frutas y verduras, y después de unos minutos de charla, escuchando sobre su coche nuevo, solo recuerdas dos de esas diez cosas.