Durante la pandemia, cuando cursaba segundo de secundaria, el aprendizaje virtual representó un cambio importante en mi formación, ya que pasé de un modelo presencial a uno a distancia. Al inicio fue un proceso complicado, debido a la adaptación a nuevas formas de trabajo y al uso constante de medios digitales. Los docentes emplearon principalmente plataformas educativas, videollamadas, videos y materiales digitales, mientras que las actividades más frecuentes fueron la realización de tareas en línea, el envío de evidencias y el seguimiento de guías de trabajo.
En el proceso de enseñanza-aprendizaje se presentaron diversas fortalezas, como el desarrollo de habilidades digitales, la autonomía para organizar mi tiempo y el acceso a distintos recursos educativos. Sin embargo, también surgieron debilidades, entre ellas la falta de interacción directa con docentes y compañeros, problemas de conectividad y dificultades para mantener la motivación. Estas debilidades se originaron principalmente por la implementación repentina de la educación a distancia y por la falta de preparación tecnológica tanto de alumnos como de docentes.
El impacto de los medios convencionales y virtuales en mi formación fue significativo, ya que me permitieron valorar la importancia de ambos en el aprendizaje. Los medios virtuales favorecieron el uso de la tecnología y el aprendizaje autónomo, mientras que los medios convencionales continuaron siendo necesarios para reforzar contenidos y hábitos de estudio. Esta experiencia influyó en mi formación actual, al reconocer la necesidad de integrar de manera equilibrada los distintos medios para lograr una enseñanza más efectiva.