La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual surgido en Europa en los siglos XVII y XVIII. El movimiento ilustrado sostenía que el uso de la razón debía ser la base del pensamiento y que a partir de la observación se podía conocer la realidad “de manera clara”. Estas ideas inspiraron grandes cambios en la cultura, la política, la economía y la sociedad de la época.
El contexto histórico de la Ilustración estuvo marcado por el auge de las monarquías absolutistas en Europa, durante los siglos XVII y XVIII. El absolutismo era una forma política en la que el rey concentraba el poder de manera absoluta. Se sostenía que la fuente del poder era Dios y que el rey ejercía la soberanía por mandato divino.
En consecuencia, las decisiones del rey eran indiscutibles y abarcaban todas las funciones estatales. Por otro lado, los reyes contaban con instituciones y funcionarios bajo su poder para ejercer las diferentes funciones de gobierno.
La sociedad europea era una sociedad estamental dividida entre los nobles, el clero y los comunes. Los nobles y el clero gozaban de diferentes privilegios, como no pagar impuestos y rentas. Así también, podían ocupar cargos políticos dentro de la burocracia monárquica y ser recibidos en las cortes reales.
Por su parte, el estamento de los comunes estaba constituído por campesinos, trabajadores urbanos y burgueses. Estos conformaban la gran mayoría de la población y estaban obligados a pagar impuestos reales. Además, los campesinos debían pagar rentas sobre las tierras de la nobleza.
Las principales ideas políticas de los ilustrados se desarrollaron en torno al origen del gobierno y la autoridad.
Soberanía popular y contractualismo político. En relación con lo político, el pensamiento ilustrado sostenía que la fuente del poder residía en el pueblo (a esto se lo llama “soberanía popular”), y que este, a través de un contrato, lo delegaba en una autoridad que hiciera cumplir las leyes. Esta corriente de la ilustración política es conocida como “contractualismo”.
Fisiocracia económica. En relación con la economía, el pensamiento ilustrado cuestionaba cuál era el origen de la riqueza. Algunos pensadores consideraban que la riqueza se basaba en la explotación de los recursos naturales, especialmente a través de la agricultura. Esta postura es conocida como “fisiocracia”.
Liberalismo económico. Otros pensadores de la época sostenían que la economía tenía un orden natural regido por los principios de oferta y demanda, y que los gobiernos debían abstenerse de intervenir en él. Estas ideas fueron el origen del liberalismo económico.