Aquellas primeras consolas fueron el producto de investigaciones y desarrollos que tuvieron lugar en la década de los 60 e incluso los 50, cuando unos avanzados a su tiempo consiguieron crear sistemas interactivos en televisores que fueron el embrión de lo que más tarde conoceríamos como Pong. Unos palitos que el jugador podía mover por la pantalla y golpear a un punto que se movía de un lado a otro para conseguir apuntarse un tanto cuando este superaba cualquiera de los laterales de la pantalla. Y el primero de todos esos intentos llevó a Magnavox (Philips en Europa) a hacerse con el concepto desarrollado por uno de los padres de los videojuegos, Ralph Baer.
En aquella primera máquina, la Odyssey, se diseñó una carcasa para la consola, se añadieron componentes internos con la supervisión de los creadores originales, se limitó la capacidad de mostrar color, dejando solo esos clásicos blanco y negro tan característicos y se conectaron dos controladores con capacidad para mover esos palitos por la pantalla, de arriba abajo o de un lado a otro (dependiendo del juego). Cuando todo estuvo acabado, sus creadores pusieron fecha de lanzamiento a la que podemos considerar como la primera consola doméstica de la historia. Cosa que ocurrió, en EE.UU., en septiembre de 1972.
Esa primera generación padecía un grave problema porque a medida que se popularizaba en muchas partes del mundo, surgieron lo que en su momento se conocía como clones, fabricantes que tomaron la idea de aquellas primeras máquinas y las replicaron en serie añadiéndoles su propia carcasa y marca registrada, lo que saturó el mercado con un sinfín de variantes, modelos y videojuegos que de pronto llenaron muchas tienda
En (prácticamente) todos esos modelos teníamos un juego de tenis, variantes para hasta cuatro jugadores con campos de fútbol con porterías a ambos lados e incluso desarrollos de tiro con fusiles ópticos muy rudimentarios, pero que funcionaban a la perfección y con una precisión asombrosa para la época. Eran tan limitados que, en las partidas competitivas de uno contra otro jugador, la única manera de llevar la cuenta de la puntuación conseguida por cada uno de los contendientes era con papel y bolígrafo, ya que los marcadores digitales como tales no existían. Las consolas, al menos al principio, tenían suficiente para mostrar ciertos elementos interactivos en la pantalla