El tratamiento que ha mostrado mayor eficacia de forma contundente, incluso más eficaz que el tratamiento farmacológico, ha sido el tratamiento cognitivo conductual, siendo la activación conductual el factor fundamental de la terapia.
Activación Conductual para la depresión: tratamiento simple y eficaz
Se basa en que sin importar cómo se genere la depresión, una de sus características principales es la inacción, la falta de actividad, que a su vez lleva a que el estado de ánimo y los pensamientos empeoren (y a menudo añade culpa a la tristeza ya existente), lo cual a su vez dificulta la acción. Cuando decimos que una persona “está deprimida” es porque observamos que le cuesta cumplir con sus obligaciones, pasa mucho tiempo encerrada, no parece disfrutar de ninguna actividad, etc.
Con esto en mente, el tratamiento tiene como objetivo “activar” a la persona, es decir, utilizar principios de aprendizaje y refuerzo para que progresivamente la persona deprimida realice actividades que le resulten placenteras, importantes, o que le brinden una sensación de dominio sobre su vida, y de esa manera se rompe el circuito de “tristeza-inacción-tristeza-inacción”.
El tratamiento propone la identificación y realización de actividades que se conectan con los valores personales de cada paciente, en diversas áreas vitales, y si bien el modelo no ignora las emociones y pensamientos del paciente, pone el énfasis en la modificación de la conducta como medio para el cambio. La motivación para el cambio no es un requisito, tampoco surge del vacío, sino que nos sentimos más motivados a medida que interactuamos con el mundo.
La Activación Conductual tiene como elementos: el registro de las actividades cotidianas, la evaluación de las áreas vitales y valores personales del paciente, la jerarquización y planificación de actividades seleccionadas y la utilización de los recursos sociales accesibles al paciente.