Parafraseando a De Sousa Santos, las mujeres gitanas, las mujeres racializadas, no somos víctimas, fuimos y somos victimizadas y frente a ello ofrecemos resistencia. Resistencia a un sistema patriarcal, capitalista y colonial que nos niega como sujetas, que nos condena a la invisibilidad, a los márgenes, a la zona del no ser. Un sistema que, del mismo modo que nos niega la humanidad, nos niega y nos arrebata nuestras lenguas, nuestros saberes, nuestros sentires. Un sistema que ansía que, de tanto habitar los márgenes, desaparezcamos, bien por asimilación o por exterminio.
Pero, frente a ello, resistimos. Resistimos desde los márgenes, y los resignificamos no como zonas del no-ser, sino como zonas de otras vidas posibles. Otras vidas posibles de las que mucho podemos y debemos aprender si el objetivo de todo esto es el de construir colectivamente otros mundos posibles alternativos al sistema actual que nos violenta.
Nacen de la necesidad de crear espacios de encuentro entre la sociedad vasca y las personas gitanas. Nuestra intención es generar momentos para conocernos, crear alianzas feministas que luche contra el sistema capitalista y patriarcal que nos atraviesa a todas, queremos tejer colectivamente, queremos denunciar el desconocimiento que tiene la sociedad sobre nuestra cultura y nuestra realidad, de los estereotipos y prejuicios que promueven los medios de comunicación hegemónicos sobre el pueblo gitano, la discriminación diaria que genera esta falta de conocimiento, y la poca visibilidad que tenemos en la sociedad las personas gitanas, más allá de los tristes espectáculos mostrados en estos medios.