Me gusta pensar que a través de estas somos capaces de transformarnos. Esa es la esencia que busco en mi experiencia como lector, como escritor y como consumidor de ficción en general. Me encanta cuando una historia te revoluciona la mente y te hace ver perspectivas que no conocías. Desde que intenté escribir las oraciones más inexpertas en mi adolescencia, tuve curiosidad de saber qué tipo de artilugio son los relatos, cómo funcionan. En mi opinión, la ficción es una herramienta muy poderosa y llena de sorpresas. Aunque soy un simple mortal en cuanto a la vastedad de lo que puede significar este tema, la espina que constantemente nos motiva a autodescubrirnos no deja de punzar en mi interior y con historias puedo amortiguarla o podarla. La creación de ficción actualmente está muy arraigada a lo monetario, pero creo que también puede ser un gran conducto de autoconocimiento. Si se desea escribir algo genuino, es muy probable que en el camino uno se tope con conflictos propios. No importa que estés escribiendo de un personaje, cuando esa persona se tenga enfrentar a una situación con la cual te identificás y vos mismo no la has podido superar, entonces te enfretás a dos opciones: mirar a los ojos a esa circunstancia, o ser hipócrita con vos mismo. Eso sí, quizá la falta de sinceridad se note en el escrito de no afrontar tal situación. Creo que ahí es donde empieza mi motivación para escribir. No es como que sea muy elevado y ande buscando enfrentarme a mis problemas por deporte. Tiene que ver más con un momento de despertar en mi vida. Desde pequeño me hacía gracia inventar historias. Es divertido. Mi primera inspiración fue Tolkien y quería escribir historias fantasiosas, pero fue como a mis 20 años cuando alguien me recomendó Hermann Hesse y sus libros, Siddartha, Demian, El lobo estepario, que empecé a tener una revolución mental de lo que la escritura podría significar para mí. Además, venía saliendo de una de las etapas de deconstrución mental más fuertes de mi vida. Entonces me obsesioné un poco con el tema de personajes que buscaban un despertar metal o espiritual. Quizá con lo anterior cobren más sentido las temáticas de mi primera novela. A lo largo de los años he decido qué tecnicas de planeación me funcionan mejor para escribir, pero La Paradoja de mi Alma fue un verdadero viaje de descubrimiento. Esto fue el resultado una necesidad. Sentía que necesitaba sacar de mí este etapa de reestructuración mental que mencioné. No sabía cómo iba a lograrlo, solo empecé a escribir por instinto. Más adelante quise tomarme más enserio el arte de escribir y me dediqué a estudiarlo con detalle y diligencia. Me digo a mi mismo que utilicé mi primera novela como la tesis de ese proceso. Fue un proceso muy arduo y de mucha humildad tomar un texto que, en mi opinión, tenía pasión, pero no estructura, y moldearlo a una obra para el público. De nuevo, otro lado de la composición que te ayuda a mejorar como persona. Estoy muy feliz de hoy en día poder compartir mi trabajo y espero poder compartir muchas obras más. También espero que los temas que trato inspiren a otras personas a crear también.