“Si no hay espiritualidad, no hay evangelización.”

Salir a anunciar a Jesucristo en las realidades que rodean hoy al ser humano requiere una preparación muy rigurosa que supere las tentaciones del mundo. Esta no es posible si el joven no asume la actitud del discípulo de Cristo, aquél que lo observa, lo conoce y lo sigue. Una vez se despierta el gusto de conocer a Cristo, nunca se alejará de Él, “es imposible conocerlo y no amarlo, amarlo y no seguirlo”. En este contexto, ser Joven de Fe es una invitación a dirigir la mirada a una nueva experiencia de camino con Cristo, la cual propicia ante todo, asumir la juventud desde el corazón y no únicamente desde la edad.