¿Por qué te escondes en tiempos de angustia?
Salmos 10:1 ¿Por qué te mantienes alejado, Señor? ¿Por qué te escondes en tiempos de angustia?
Ante los ojos llorosos del afligido, el Señor parecía inmóvil, como si observara con calma, sin compadecerse de su víctima. Es más, el Señor parecía estar lejos, ya no como «un pronto auxilio en las tribulaciones», sino como una montaña inaccesible, a la que nadie podría subir. La presencia de Dios es la alegría de su pueblo, pero cualquier sospecha de su ausencia resulta sumamente perturbadora. Recordemos, pues, siempre que el Señor está cerca de nosotros. El refinador nunca está lejos de la boca del horno cuando su oro está en el fuego, y el Hijo de Dios siempre camina en medio de las llamas cuando sus santos hijos son arrojados a ellas. Sin embargo, quien conoce la fragilidad humana no se extrañará de que, cuando nos encontramos en apuros, nos cueste soportar la aparente indiferencia del Señor cuando se abstiene de obrar nuestra liberación.
«¿Por qué te escondes en tiempos de angustia?» No es la angustia en sí, sino el hecho de escondernos del rostro de nuestro Padre, lo que nos hiere profundamente. Cuando la prueba y el abandono se unen, nos encontramos en una situación tan precaria como la de Pablo, cuando su barco encalló en un mar (Hechos 27:41). No es de extrañar que seamos como la nave que encalló, con la proa atascada e inmóvil, mientras que la popa se rompió por la violencia de las olas. Cuando nuestro sol se eclipsa, reina la oscuridad. Si necesitamos una respuesta a la pregunta «¿Por qué te escondes?», la encontramos en la necesidad, no solo de la prueba, sino también del pesar que sentimos en ella (1 Pedro 1:6); pero ¿cómo podría ser esto cierto si el Señor nos iluminara mientras nos aflige? Si un padre consolara a su hijo mientras lo corrige, ¿de qué serviría la disciplina? Una sonrisa y un castigo no se llevan bien. Dios nos expone para que sintamos el golpe; pues solo el sufrimiento sentido puede convertirse en bendición. Si Dios nos llevara en brazos sobre cada río, ¿Dónde estaría la prueba y la experiencia que nos enseña el sufrimiento?
Fuente: Comentario libro de los salmos.