El material utilizado en la bioimpresión 3D se basa en la utilización de biotintas que son biomateriales compuestos por una combinación de células y biomoléculas tales como material genético, fármacos, factores de crecimiento...
Para crear los andamios en los cuales se depositan las bioimpresiones se utilizan polímeros de origen natural o sintético, que tienen la capacidad de interactuar con los sistemas biológicos.
Los polímeros de origen natural nos proporcionan una gran similitud con la matriz extracelular y su bioactividad inherente.
Los polímeros de origen sintético tienen la capacidad de dar propiedades físicas específicas para adaptarse en situaciones particulares, aunque el problema es que proporcionan una baja biocompatibilidad, productos de degradación tóxica y perdidas de capacidad mecánica debido a la degradación.
Otra forma de obtener un soporte estructural es en la utilización de órganos descelularizados en el que le extraemos las células quedando solo la matriz extracelular.
Las células más empleadas son las células madre, células adultas o pluripotenciales las cuales se consiguen a partir de células autólogas (propias) o células alogénicas (de otras personas compatibles).
Para poder fabricar estructuras tridimensionales biométricas, semejantes anatomofuncionalmente al tejido que se desea replicar, es necesario utilizar imágenes médicas de los pacientes, para así poder preservar al máximo su anatomía. Estas imágenes se obtienen mediante la resonancia magnética nuclear (RMN), la tomografía axial computarizada (TAC) y otras imágenes radiográficas, que nos permiten obtener información volumétrica tridimensional de tejidos y órganos. Este tipo de información se almacena en un archivo de imágenes digitales que mediante un proceso de ingeniería inversa transforma la “anatomía analítica” en “anatomía sintética”.